Los templarios en Extremadura (V)

La bailía templaria de Capilla.

          Capilla ha sido foco de asentamientos humanos desde la más remota antigüedad, como lo testimonian las abundantes pinturas rupestres de la zona. Con los celtas fue Miróbriga Turdulorum, y bajo dominación romana continuó siendo un centro poblado de notable importancia como lo atestigua el que Plinio lo denominara insigne municipio.

           Durante la ocupación musulmana fue también un enclave estratégico destacado en el eje de las comunicaciones entre Mérida, Sevilla, Córdoba, Almadén y Toledo. Por tal razón, sobre sus escarpaduras existieron en todos los tiempos, sólidas fortificaciones. En sus proximidades, y en dirección a Peñalsordo, se encuentra el puente medieval llamado de Garbayuela, de origen quizá romano, con ocho arcos, hoy muy maltrecho, fundamental en la red de itinerarios de la Mesta, y que evidencia la importancia del lugar como nudo de comunicaciones.

           Capilla fue conquistada a los árabes en 1226 por Fernando III El Santo, con la ayuda de los templarios que acamparon en el ahora llamado Valle de la Orden, donde construyeron el Monasterio de la Encarnación, del que hoy apenas quedan restos aun cuando se pueden visitar conociendo su ubicación exacta.

           El pueblo es concedido a la Orden del Temple el 9 de septiembre de 1236 por el Rey Santo, entregando al Maestre del Templo, Esteban de Belmonte, “para siempre jamás el castiello que se dice de Capiella con su término”. Esta donación supuso para la Orden no sólo la posesión de un castillo, sino también de un amplio territorio que contaba, además de con el castillo de Garlitos, con importantes dehesas y todos los derechos jurisdiccionales sobre estas tierras, como el derecho a recibir un caballo por cada cinco mil ovejas o quinientas vacas que cruzasen por estos dominios.

          Esta primera donación se amplió posteriormente, al resolver Fernando III un litigio entre las Órdenes de Alcántara y del Temple. El pleito se zanjó con la concesión del castillo de Almorchón con su término a la Orden del Temple, el 16 de diciembre de 1236.

            Y es en estos años, aunque no se conozca la fecha exacta, cuando recibe la Orden la tierra de Siruela, con lo que se completan los términos que conforman la bailía.

            La importancia de esta bailía radicaba en el doble carácter que detentaba una región con gran importancia económica, por contar con importantes dehesas y pastos, con la consiguiente riqueza ganadera que ello suponía, y el carácter puramente castrense, por ser ésta en el siglo XIII una zona de frontera, contando nada menos que con cuatro castillos: Capilla, Almorchón, Garlitos y Siruela.

             El castillo de Capilla está situado a 558 metros de altitud en la vertiente septentrional de la sierra del Palenque, coronando el farallón rocoso de casi 50 metros de altura que se sitúa a su espalda. A sus pies, en el flanco norte, se encuentra el actual pueblo. Las crónicas lo definen como una poderosa fortaleza con tres recintos, aún reconocibles, y en su recinto se encuadraba también la puebla. Desde su atalaya se divisan extraordinarias panorámicas sobre las llanuras que se prolongan por la orilla izquierda del Zújar, cuyas aguas, hoy embalsadas por la presa de la Serena, se aproximan a la localidad.

               Su forma es de polígono irregular, adaptándose al terreno. El acceso se encuentra al final de una larga y empinada rampa en el flanco oeste, donde se conservan tres cubos cilíndricos que defienden la zona más vulnerable de la fortaleza. Una barbacana defiende la puerta principal. Por el lado este, el más inaccesible, hay restos de un cubo cilíndrico y otro de planta cuadrada que protege la poterna situada en ese lado.

           El interior está dividido en dos patios de armas. En el primero podemos ver la boca de un aljibe excavado en la roca, la escalera en recodo por la que se llega a la puerta del segundo recinto y la poterna. En el segundo, restos de un aljibe edificado sobre el terreno y restos de dependencias.

            Las torres cilíndricas, que cortan el paso del adarve, cuentan con una cámara menos la situada en el extremo sur, con una cámara al nivel del adarve y otra inferior, que dispone de una aspillera orientada para disparar sobre la puerta principal. Se observan en ella los mechinales de las vigas que sustentaban el entresuelo de madera. En el adarve, sobre la puerta de acceso, se ven los restos de lo que debió ser un matacán. Ese tramo cuenta además con parapeto hacia el interior del recinto, formando así un pasillo entre las torres para poder hostigar desde él a posibles atacantes que hubiesen podido franquear la entrada.

            Se conservan restos de las antiguas murallas árabes tanto en el flanco sur como en el norte. Las del lado sur defendía el sendero de acceso obligando a pasar al menos por tres puertas para llegar a la fortaleza. Las del lado norte eran dos antemuros que tienen restos de torres de planta cuadrada en sus extremos.

Materiales empleados: La fábrica es de sillarejo encintado, con los paramentos rellenos de piedra, restos cerámicos y tierra. Las puertas y ventanas están fabricadas con ladrillo. Los cubos estaban adornados con frisos, también de ladrillo, a la altura de las aspilleras.

Estado de conservación: Se encuentra en estado de ruina. Actualmente se está llevando a cabo una limpieza que ha dejado a la vista el pavimento original de piedra de escaleras y dependencias, así como el grueso enlucido encalado del aljibe del segundo patio.

Capilla

Capilla 3

Castillo de Capilla

           A la disolución de la Orden del Temple, este castillo y tierras pasaron a manos de la Orden de Alcántara, y recuperada por la Corona en 1320, a la que perteneció hasta que en 1334 pasó a propiedad del concejo de Toledo. En 1370 Enrique II la recuperó y se la concedió a su Justicia Mayor don Juan Núñez de Villazán, el cual se la vendió a don Diego López de Stúñiga por 280.000 maravedíe. Desde esta fecha hasta 1777 perteneció a la casa de Béjar.

           El castillo de Almorchón está emplazado en lo alto de un promontorio rocoso en la sierra de Tiros que parte en dos la vaguada por donde pasa la Cañada Real, a la orilla de carretera entre Benquerencia de la Serena y Cabeza del Buey, a cuyo término pertenece. De las épocas musulmana y templaria apenas se conservan restos, siendo las construcciones de la Orden de Alcántara, que sucedió al Temple en la posesión de este castillo, las que aún se mantienen en pie, aunque ya era una ruina en el siglo XVI, según se conoce por la documentación que se conserva de la Orden de Alcántara.

            El emplazamiento en lo alto de una planicie de unos 800 m2 hacía esta fortaleza inexpugnable por tres de sus lados y de muy difícil acceso por el sudeste donde se sitúa la puerta de entrada defendida por sucesivas construcciones.

            En el año 1236 Fernando III El Santo entregó la antigua fortificación musulmana a los Caballeros del Temple que la transformaron en gran parte convirtiéndola en un poderoso castillo. Tras la disolución de la Orden del Temple (1312), como antes se apuntaba, pasó a poder de la Orden de Alcántara en 1333, perteneciendo a ésta hasta la desamortización en el siglo XIX.

            Durante los siglos XIV y XV el castillo sigue teniendo una importante función militar por su situación estratégica.

            En el siglo XVI se convierte en un centro administrativo con fines recaudatorios, especialmente del tránsito de ganados por la zona. A pesar de la reparación a finales de este siglo va perdiendo importancia hasta desaparecer sus funciones militares y residenciales durante los siglos siguientes y terminar en el estado actual de abandono en el que se encuentra.

Capilla 2

           En el camino de subida al castillo se encuentran algunos cimientos de lo que fue el poblado y el primer recinto amurallado con un trazado sinuoso e irregular para adaptarse al relieve.

            A continuación está la barbacana (término que viene a referirse a muro o torre fortificada construida delante de la muralla para defender los accesos), a la que se accede por una hendidura natural de pequeñas dimensiones cerrada con un muro.

           El cuerpo principal del castillo es de planta romboidal y se adapta a lo más alto del cerro con la entrada a unos 5 m. de la torre del homenaje.

 

           En el frente norte, dada la altura y verticalidad de las paredes rocosas, la muralla era innecesaria y está sustituida por un pretil, más para evitar caídas que ataques enemigos. En los demás frentes se conservan algunos restos de los lienzos de muralla.

 

            El recinto contaba con una torre en cada esquina: tres cilíndricas y una de forma pentagonal (la torre del homenaje).

 

  • La torre cilíndrica situada al oeste es la que mejor se conserva. Es de mampostería muy gruesa e irregular, con juntas de cal y con la base adaptada al terreno.
  • La torre semicilíndrica situada al norte también construida en mampostería y adaptada a dos grandes rocas que le sirven de cimiento.
  • La torre cilíndrica situada al este ha desaparecido completamente.
  • La torre del homenaje de planta pentagonal está situada en el centro del flanco sur. Fue construida por el Comendador Alonso Rol en el último tercio del siglo XV y su escudo de armas aparecía sobre la puerta. Tiene un aljibe en el sótano, planta baja, dos pisos elevados y una terraza almenada.
    • La entrada, situada en la pared norte, es una pequeña puerta adintelada. En este nivel se abren dos saeteras.
    • El aljibe se encuentra debajo del piso, cubierto con una bóveda de cañón de ladrillo
    • El primer piso era de madera y se situaba a baja altura. Se utilizaba con funciones militares.
    • El segundo piso también era de madera, pero adaptado a funciones domésticas. Tiene los restos de una chimenea, de una ventana y de una escalera de acceso a la terraza.
    • La terraza almenada que coronaba la torre.

 

          Además de estos elementos ocupaban la explanada otras construcciones domésticas.

 

  • En el muro norte, frente a la puerta de entrada a la torre del homenaje, cuatro aposentos, de los que no se conservan restos, con chimenea y ventana.
  • Un aljibe junto a estos aposentos, del que se conservan dos paredes.
  • Una capilla llamada de la Magdalena situada entre la torre del homenaje y la entrada al recinto principal del castillo de la que nada queda ningún resto.

 

              En las cercanías de la fortaleza construyeron los templarios la Ermita de Belén, que posteriormente pasaría junto con aquella a la Orden de Alcántara. Aunque transformada en época barroca, aún se puede distinguir parte de la edificación templaria.

Almorchón

Castillo de Almorchón

          El castillo de Garlitos se levantaba en lo alto de la sierra de Minerva, a unos dos kilómetros del pueblo. Los restos que se conservan son mínimos, ya que sus piedras han servido, durante siglos, de cantera para las construcciones del pueblo. Apenas si podemos distinguir los restos de alguna torre y de algún lienzo de muralla, una alberca y el foso escavados en la roca.

           Este castillo volvió junto con Capilla a manos de la Corona en 1320, y pasando a formar parte del Estado de Capilla.

           El castillo de Siruela se encontraba aproximadamente a un kilómetro del pueblo, en la falda de la sierra homónima. Hoy sólo se conservan dos fragmentos de uno de los lienzos de la muralla, conocidos como “Los Paredones”. Sobre este castillo circula una curiosa leyenda acerca de un tesoro enterrado, otra de las fábulas que gran en torno a los templarios.

          A la disolución de la Orden del Temple fue donada a la Orden de Alcántara por Fernando IV, si bien no se conoce la fecha exacta, siendo en torno a la misma fecha que Capilla. En 1359 la villa pertenecía a Toledo, pues este año fue cuando este concejo mandó derribar el castillo templario. Tras pasar por varios señoríos, en 1447 los Velasco fundan el Mayorazgo de Siruela, siendo el primer conde Juan de Velasco.

Siruela

Restos del Castillo de Siruela

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