La puntualidad como valor social.

        A diferencia de otros ciudadanos europeos y asiáticos que tienen por premisa básica la puntualidad, es comentario de los españoles (los que nos sentimos así) que en este tema parece difícil corregir nuestros genes educativos; llegamos incluso a hacer gala de que la espera denota servidumbre ante quién, gozando de mayor status social, se hace esperar. Pero ya decía Luis XVIII que “la puntualidad es la educación de los reyes”. Quiere ello decir que quien pretenda imbuirse en esa prepotencia, lo único que hace es despreciar su valor como persona y aflorar sus carencias educativas.

       Pues bien, luchando contracorriente, me pone un tanto de los nervios esta actitud de frecuente impuntualidad, tan perniciosa como definidora del tipo de personas con las que tratamos y con su sentido de responsabilidad. Y, por ello mismo, me atrevo a entrar en esta vorágine.

       La puntualidad es una disciplina en sí misma, que supone respetarnos a nosotros mismos y a los demás. El tiempo es oro y deberíamos valorar el nuestro y el que los otros dedican para estar con nosotros. Por ello mismo, responsabilidad y puntualidad se encuentran estrechamente relacionadas, y debería inculcarse y enseñarse desde la niñez, como detonante de la personalidad que debe forjarse, imprimiendo carácter y orden en la manera de ser, hacer, pensar y actuar de las personas. De ahí que en ciertas culturas, como ocurre en la sociedad japonesa, no exista permisividad;reloj ingles la impuntualidad demuestra desprecio, desinterés, apatía y desidia. Poner excusas permanentes no hace sino calificarnos por nuestro desorden general en la vida. Recordarnos por la impuntualidad es claro que no supone que estemos en la posesión de un valor, sino todo lo contrario; decía el poeta y crítico literario francés Boileau-Despréaux que “procuro ser siempre muy puntual, pues he observado que los defectos de una persona se reflejan muy vivamente en la memoria de quien la espera”. Y con contundencia decía Horace Mann que “La informalidad en atender una cita es un claro acto de deshonestidad. Igual puedes robar el dinero de una persona si robas su tiempo”.

        Por otro lado no tenemos que ceñir esta conducta a un aspecto concreto de nuestra vida pues, en definitiva, como hábito de la educación, ha de estar presente en todos los actos cotidianos. Así, por ejemplo, Chadler Haliburton, al referirse a la puntualidad en el trabajo, consideraba que ello demostraba la rigurosidad de las personas en los quehaceres de la vida diaria, detonante de su orden y eficacia. Y el gastrónomo y escritor francés Brillat-Savarin, decía que la cualidad indispensable para un buen cocinero es la puntualidad, pero es también la de los invitados. Nuestra palabra debe suponer para otros un signo de garantía, para contar con nuestra presencia en el momento preciso y necesario.

        La genialidad de William Shakespeare se dejaba ver en su impronta: “Mejor tres horas demasiado pronto que un minuto demasiado tarde”. Sin llegar a estos extremos, que también podrían suponer un inconveniente para los otros implicados en el encuentro que se tenga, lo cierto y verdad es que el espíritu de la frase es un claro exponente de lo que debe ser, prever lo necesario para no dejar de ser puntual.

crediempresapuntual

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