Divagaciones sanas

          Mientras dormía soñaba que me gustaría escribir algo sobre lo que son y representan los sueños en el ser humano. Cuando desperté, y pasó un cierto tiempo, curiosamente soñaba despierto con el mismo tema de fondo. Nada impedía que siguiera con las actividades cotidianas. El fenómeno en sí me permite reflexionar sobre el hecho de que se puede soñar dormido y despierto. Nada lo impide. Y nada dificulta el que estés haciendo algo y soñando a la vez con otro tema. Qué tendrá el ser humano que abraza estas facetas es un misterio que, claro está, ha sido estudiado por científicos. Con todo, procuro ilustrarme sobre el tema pero lo intrigante sigue en mí.

           Si acudimos al diccionario de la Real Academia Española, la palabra “sueño” contiene una primera acepción tajante: “acto de dormir”, para en las sucesivas descripciones mantener este mismo telón de fondo aunque incidiendo en tratarse de representaciones fantasiosas, relacionadas con sucesos o imágenes. Y, efectivamente, en nuestro soñar dormido se nos representan tanto verdaderos deseos de conseguir o disfrutar de algo que ansiamos o nos hace felices, como verdaderos problemas, ya sean a nivel de fobias, complejos, angustias, tensiones familiares o laborales, problemas afectivos, etcétera. Y, en esta dirección, los científicos claramente dictaminan que constituye un estado fisiológico por medio del cual se eliminan o destruyen toxinas acumuladas por la fatiga y el trabajo excesivo de los tejidos nerviosos. Para Freud, el sueño es el resultado de nuestra propia actividad anímica, representado por imágenes visuales surgidas por representaciones involuntarias y por imágenes auditivas proyectadas en su espacio exterior. Podemos decir, por todo ello, que dormir soñando es algo consustancial al ser humano (también en animales de sangre caliente), pero que aparece en esa nebulosa que envuelve a la persona que duerme y que le impide tomar las riendas para dirigir el contenido del sueño.

            Mas ocurre que, como también advierten los científicos, el 47 por 100 del tiempo que estamos despiertos lo pasamos soñando, imaginando, divagando. A los niños, cuando advertimos este estado, les acusamos de distraerse y no centrarse; el adulto es más hábil y, salvo estado de éxtasis total, disimula mejor “sus vuelos”. Y es que, como acoge la famosa obra teatral de Calderón de la Barca, “La vida es sueño”, en un sentido metafórico que conviene esa libertad del ser humano para configurar su vida, sin dejarse llevar por un supuesto destino, y que hace dirigir nuestras actuaciones hacia la deseada luz que tenemos en el punto de mira; en el trayecto, la oscuridad dificulta que seamos capaces de saber quiénes somos y qué queremos, cuya resolución es la que permite ver la luz, el triunfo deseado.

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           Es precisamente en este aspecto donde quiero incidir. Soñar despierto es pensar en una actividad secundaria y privada del ser humano. Tan variado y enriquecedor como se quiera. Una forma sana para ayudar a la creatividad y proponernos metas. Esto es lo que hace que atienda al bienestar, ayudando a incubar y a procesar ideas, a planificar el futuro y reflexionar, amén de que ayuda a conocernos mejor.

          Dejar que la mente flote favorece que se hagan accesibles otras ideas que no se advierten a priori. Qué hermoso es adentrarte en estas entrañas de la mente y soñar cuando uno camina, te aseas o miras la televisión. Una abstracción maravillosa. Todos son procesos mentales creativos, que actúan como un primer paso para proseguir planificando y poniéndolos en práctica para convertirlos en realidad. Científicos, escritores y artistas han reconocido que mucho de lo que ha salido de su actividad es resultado de su divagación. Lo más enriquecedor es que soñar despierto no es patrimonio de unos pocos, sino una virtud que cosecha todo ser humano.

          Quedando patente que el sueño es consustancial a nuestras inquietudes, bien merece aprovecharlos positivamente. Por eso, qué buen deseo es ese que se advierte cuando decimos “Felices sueños”,  pues será tanto como decir que tengas divagaciones sanas. Y que puedas verlas cumplidas.

principito

 

 

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