Mindfulness como filosofía de la vida

           En un reciente post hacía alusión a esas divagaciones que, como nebulosa que flota en las mentes, nos hacen permanentemente soñar despiertos y que, en su aspecto positivo, permite ir por delante cavilando las actuaciones o intentando soluciones a los problemas o situaciones que inundan nuestro pensamiento. Pero ahora quiero ser más incisivo, por aquello de que, a veces, ese desmesurado uso de la mente nos lleva a rumiar el pasado o soñar con el futuro, obviando lo que se está haciendo en el momento presente. Las vivencias actuales quedan en una especie de éxtasis porque nuestra mente esté en otro lado y, como consecuencia, las divagaciones se pueden convertir en perjudiciales porque estamos en lo que coloquialmente se dice un sin vivir.

          Veamos algunas situaciones. Me pongo a desayunar y soy consciente de ello pero, al mismo tiempo, la mente se inunda de pensamientos y preocupaciones, amén de que puedes incluso complementar todo ello leyendo el periódico y ver la televisión o escuchando la radio. Cuando conducimos y vamos a un lugar habitual, por ejemplo al trabajo, es fácil advertir que actuamos con actos reflejos pero nuestra mente, entre tanto, pulula lo que vamos a hacer o qué buen día pasamos ayer con la familia o amigos, amén de tener la radio puesta escuchando las noticias; es decir, estamos, pero nuestra conciencia sólo está parcialmente dedicada al acto principal que ejecutamos. Nos ponemos a escribir por ordenador, como hago ahora, y al mismo tiempo divisamos las pestañas que nos advierten de la entrada de nuevos correos electrónicos, o un nuevo aviso de notificación de la red social, cuando no se une con el pitido típico de la entrada de un wasap. Con estas situaciones, que se multiplican en cada actuación que hacemos, puede advertirse que la mente se encuentra al mismo tiempo en todas partes y en ninguna, de modo que los pensamientos vagan sin control.

         Experimentando estas sensaciones podemos extraer que, en realidad, descartamos el presente; no centramos todos los sentidos en ese sabroso desayuno que estoy teniendo ni en esa conducción que me llevaría a estar más alerta de posibles peligros, o en esa concentración necesaria para escribir con entusiasmo y hacer abstracción de otras cosas.

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        Y como casi todo parece que encuentra solución para corregir las múltiples imperfecciones que tenemos como seres humanos, puedo detectar que ha irrumpido con fuerza el concepto de mindfulness, una práctica antiquísima de origen budista que en occidente apareció hace unos treinta años para tratar problemas asociados al estrés y al dolor crónico, pero que hoy se extiende a otros campos, como la educación y la enseñanza y que, desde mi punto de vista encuentra acomodo en el devenir cotidiano de las distintas acciones que realiza la persona.

         El por qué se utiliza una palabra inglesa encuentra su explicación. Mindfulness no tiene una palabra castellana que refleje con exactitud lo que queremos traducir. Y así, los entendidos en la materia han decidido no alterarla para evitar confusiones. En un intento de aproximación, puede entenderse como atención y conciencia plena, presencia atenta y reflexiva a lo que sucede en el momento actual. Supone, por tanto, que cuerpo, mente y espíritu se sincronicen en un instante de realidad presente; viviendo lo que acontece en el momento actual, el aquí y el ahora. El psicólogo Daniel Goleman hablaba de “Estar frente a la desnuda realidad de la experiencia, observando cada evento como si estuviera ocurriendo por primera vez”. El profesor Jon Kabat-Zinn es más contundente y lo define como “Prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”.

         Se trata, por tanto, de tomar las riendas de la mente, porque el pasado ya pasó y no tiene vuelta, y el futuro nunca llega porque cuando lo hace es presente; preocuparnos por lo que ocurrió o por lo que aún no ha ocurrido nos hace alejarnos de la única realidad que es el presente, ese momento pleno, simplemente real, en el que se observa pero no se valora, esto es, se acepta la experiencia tal y como se da; se proyecta un mar de cuestiones que confluyen en el instante pero se tiene la capacidad de decidir, libremente, en qué concentrar toda la atención y dejarse arrastrar por ella, siendo plenamente consciente de esa experiencia y dejando ir todas las demás. La atención plena nos permite recuperar el equilibrio interno. El resto de estímulos, como pudiera ser el sonido de un medio electrónico situado en la cercanía, un pensamiento o imágenes que se superpongan a nuestro acto principal, simplemente se observan pero se dejan ir, centrándose plenamente en la experiencia real que se vive. Es un modo de vida donde el sufrimiento y la felicidad aparecen como inseparables y ayudan al desarrollo personal porque se viven y a las que hay que enfrentarse.

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         Esta técnica de atención es lo que permite recorrer el camino de nuestra vida con el corazón abierto y la mente despierta. Se acepta la vida tal y como es en el momento presente, tanto en lo positivo como en lo negativo, y hace huir o luchar para que todo se vea color de rosa con ausencia de sufrimiento. Centrando la atención en una única actividad incrementa, según los expertos, la capacidad de concentración, además de nuestra empatía y compasión, introspección, autocontrol, memoria y aprendizaje, y alivia el estrés, la ansiedad, la depresión y los problemas para dormir. Y aunque esto pudiera estar en contradicción con soñar despiertos y dejar que la mente divague, lo cierto es que se trata de tener la habilidad necesaria para cambiar fácilmente entre un modo de actividad y el otro según sea necesario, y no interactuar todas sin control de la mente.

         En definitiva, me parece un tema relevante, pero el mindfulness, más que una técnica que pudiera verse como pasajera, para que resulte eficaz en el tiempo, requiere de un compromiso cierto por parte de quien quiera obtener algún beneficio de él. Porque es una manera de ser, de vivir, y eso conlleva el convencimiento disciplinado en seguir sus postulados.

2 comentarios en “Mindfulness como filosofía de la vida

  1. Veronica

    Me ha gustado mucho Luciano . Hace tiempo vi una película que me encanto , el guerrero Pacífico . Nos enseña a vivir el momento, a apreciar las cosas que están ocurriendo a tu alrededor que la mayoría de las veces no les prestamos atención porque estamos distraídos con nuestros pensamientos . Cuando por fin logres vivir en el presente , te sorprenderá todo lo que puedes hacer y lo bien que lo haces . . Un abrazo .

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    1. Muchas gracias Verónica. El ser humano es muy peculiar y, como bien dices, la distracción nos impide ver ese esplendor de la vida y disfrutar lo que acontece en cada instante; también a llevar las desgracias. Pero lo relevante es que la mente esté en el sitio que debe estar. Un fuerte abrazo.

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