Dejar las cosas para otro momento.

           Un famoso refrán dice que no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, pero si existe una epidemia más real es la que marca como pauta hacer lo contrario. Hoy o ahora no me apetece hacer algo, afrontar una tarea o cumplir un compromiso, porque algo en mi mente me lleva a pensar que no es el momento apropiado y es mejor dejarlo para más adelante. Seguro que todos conocemos esta situación y nos vemos afectados por esa actitud que lleva a aparcar ciertas actividades o situaciones que deben atenderse, para detenernos en otras más irrelevantes o placenteras.

            El fenómeno en sí mismo es generalizado y todos nos vemos inmersos en momentos puntuales donde no sólo lo sentimos sino que nos dejamos llevar, y lo de dejar para otro momento lo cumplimos. La preocupación viene cuando eso de postergar se hace de forma sistemática, porque entonces estamos ante un trastorno del comportamiento que se conoce por el nombre de proscrastinación (del latín procrastinare, que significa diferir, aplazar, posponer).

Procrastinación

          Esta situación es objeto de estudio en psicología, y me ha llamado poderosamente la atención. Sobre todo porque no nos estamos refiriendo a un mero acto de pereza que puede aparecer en multitud de perfiles (actividad cotidiana que hace demorar el cumplimiento de tareas relevantes, actuación de ejecutivo que no ve el momento de emprender una tarea clave o de ultimar la reunión necesaria, estudiante que no ve el momento de ponerse a cumplir su principal obligación, etcétera, etcétera). La proscrastinación se concibe como un fenómeno más complejo, difícil de analizar, por las complicaciones que presenta conocer sus orígenes.

la-procrastinacion

           Las trampas más habituales que se nos presentan y que nos desvían de nuestra tarea, entrando en ese entramado de la procrastinación son fáciles de advertir. A todos nos suenan situaciones como: antes de empezar la tarea voy a revisar mis correos electrónicos, leeré la prensa, me tomaré un café para que me de fuerzas, entraré en internet para ver que hay de nuevo, me voy a dar un paseo para despejarme, hablaré de la situación política actual con mis compañeros antes de abordar la actividad laboral, y un sin fin de otras que las tenemos ahí presentes y que denota, por lo pronto, una excesiva autoconfianza, cuando no una falsa sensación de autocontrol y seguridad, porque estamos convencidos que con el tiempo restante será suficiente para cumplir lo obligado, pero que puede encubrir un verdadero trastorno del comportamiento por una mala regulación y pésima organización del tiempo. Quien pospone o procrastina una decisión lo que está presentando, en el fondo, es una conducta evasiva, que desencadena la frustración por no ver cumplido lo que debemos.

           Las causas por las que se puede padecer la procrastinación son diversas y ciertamente complejas. Algunos motivos pueden ser el resultado de un estado depresivo que lleva al letargo, o porque no guste el trabajo o deber que se tenga que cumplir y que hace dejarlo de lado el mayor tiempo posible, porque no se sabe como resolver el tema, porque se considera siempre que no se dispone de tiempo suficiente para realizarlo ahora (no tienen tiempo porque siempre dicen que no lo tienen), porque no se sabe si realmente quieren hacer lo que se han propuesto, porque se tiene una baja tolerancia a la frustración con lo que se favorece el dejar las cosas de lado por miedo al resultado negativo y la sensación que puede producirnos entonces. Incluso hay una tipología de personas que de activas que son favorecen no terminar un proyecto para inmediatamente empezar otro dejando el anterior inacabado o aparcado.

           Este proceso tan pernicioso y negativo para el ser humano y su conducta debe ser combatido si no queremos entrar en ese destructivo camino que atenace nuestra actitud ante la vida. Como en tantas otras cosas, la mente juega un papel crucial. Ella es la que nos conduce a lograr o dejar de conseguir nuestros sueños y deseos. También la que dirige nuestra predisposición (positiva o negativa), por lo que, como con acierto se ha dicho, si no existiera ésta (en esa doble vertiente) sería muy fácil decir que el éxito consiste simplemente en tomar acción.

 

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