El camino hacia la meta.

           De un tiempo a esta parte vengo analizando lo complejo que a veces nos resulta cumplir los objetivos que nos marcamos los seres humanos, por los continuos frenos que nosotros mismos ponemos en el camino y que truncan o dificultan sobremanera llegar a la meta. Es como si una fuerza interior tirara de las riendas para que todo parezca imposible o complejo, llevándonos a la cómoda actitud de no movernos para ser derrotados de antemano. Me parecía que esa circunstancia podía ocurrir esporádicamente pero, al final, tras la atenta lectura de un gran libro que me regala un buen amigo, veo que la cosa es más frecuente de lo que parece, porque no me explicaría de otra manera que merezca el tratamiento de una metodología para poder romper esos obstáculos que impiden realizarnos con plenitud.

          Tras el diagnóstico interesa conocer por qué ocurren estas cosas y dónde podemos encontrar la justificación a esa obtusa manera de enfrentarnos a lo que debería ser más fácil de realizar, esto es, ir directo al objetivo sin tanto complejo que nuble la perspectiva.

         Vayamos a nuestra infancia, tan tierna como base fundamental para nuestro desarrollo personal. Nacemos con ímpetu y nuestros primeros pasos los damos sin complejos, tropezamos, nos caemos, pero aun y con todo no cedemos en el empeño de conseguir lo que queremos. Luchamos enconadamente para avanzar y nos da igual lo que piensen de nosotros pues todavía no aparecen los complejos. Pero nuestro interior empieza a aprender las lecciones que nos van dando: ¡no hagas esto!, ¡no vayas por ahí!,¡deja ya de decir tonterías!, ¡que torpe eres!, ¡no, no y no!, una cantinela de prohibiciones que asimilamos y que conforme crecemos nos hacen concebir un mundo donde es importante no saltarse reglas, especialmente aquellas que nos marcaban para movernos lo menos posible. El colegio propicia nuevos elementos: temor a no aprobar, a equivocarte, a que te puedan castigar, a ser menos que los que te rodean. Va floreciendo el complejo que coarta la plena acción. A mayor abundamiento, si deseas emprender una determinada vivencia, no es difícil encontrar una voz cercana que te advierte de lo negativo que es seguir ese camino, cuando el otro que nos muestra se nos presenta lleno de hermosos resultados. La convivencia, con la aparición de esos destructores de nuestras inquietudes y que se concibe como gente tóxica, restringe nuestra euforia y volamos bajo intentando hacerlo sin sobresaltos. Salir del corro cuesta y, mucho más, ser la voz cantante.

            Todo un conjunto de circunstancias que quedan en el interior y van a guiar nuestro viaje por la vida. Cierto es que también quedan en ese recóndito lugar interno ciertos mensajes positivos: el que nos produjo escuchar unas palabras amables que nos decían lo orgulloso que estaban de nosotros cuando presentábamos unas buenas calificaciones, o cuando en un alarde de euforia nuestro padre nos llamaba campeón y transmitía su felicitación por realizar algo que fuera de agrado para la familia, o el empuje que nos diera algún desconocido en un momento de necesidad moral.

            De esta forma, ese archivo mental incide en el momento de tomar decisiones, produciéndose luchas interiores que dificultan decantarse por una opción. Blanco y negro se unen como medidas igualmente correctas. Decía Henry Ford que “Tanto si creo que puedo, como si creo que no, estoy en lo cierto”. Así es, pero además, la que se concibe en psicología como disonancia cognitiva nos lleva a decantarnos por la causa que menor distorsión ocasione a nuestro ego; es decir, la opción que haga asumir los menos riesgos posibles. Los objetivos se mediatizan para arriesgar poco. A medida que vamos creciendo, también lo hace nuestro ego, y nuestro complejo. Miramos más a nuestro lado que a sí mismos, a pesar de que cada uno de nosotros es un ser único e irrepetible.

          Pero actuar de esta manera significa que algo no estamos haciendo lo correcto que debiera. Hay que enfrentarse a ello. Mucho más evidente desde que la confusión nos hace ver que las circunstancias ocurren por virtud de la casualidad o suerte, cuando en realidad y si lo pensamos bien, conseguir las cosas vienen siendo producto de la relación entre causa y efecto. Viene a colación el que dice que no le toca nunca la lotería, pero olvida que la suerte que quiere buscar es el efecto de una premisa o causa que la posibilite, cual es comprar el décimo que permita participar en el sorteo. Difícil será conseguir una meta, un objetivo, si no se impulsan los mecanismos necesarios, con el ahínco propio para favorecerlo. La suerte también hay que buscarla, pero lo conseguido no podemos decir que sea cosa del azar, sino del empeño puesto para llegar a buen puerto. La causalidad frente a la casualidad o suerte.

             Esta actitud positiva pasa por generar los mecanismos que potencien la autoestima y la autoconfianza en sí mismos, descartando palabras de nuestro diccionario como “imposible” o “difícil”, al menos utilizándolas de forma sinónima, y fundamentalmente buscar ambientes propicios para que la fuerza de arranque no se vea desvanecida; hay que recordar esos momentos de la infancia cuando nuestros padres se preocupaban por ver con quién íbamos, en clara manifestación de comprobar qué nivel de influencias teníamos, y que ahora que ya somos maduros no deben dejar de estar presentes en nuestra vida cotidiana. Rodearse de gente no tóxica para nuestro desarrollo, y que vive la vida que tú deseas vivir es tanto como asegurarse que llegaremos a vivirla. En el trayecto podemos tropezar, de eso nunca vamos a liberarnos plenamente, pero errar es el precio que se paga por aprender. Como se dice, quien tropieza y no se cae, avanza dos pasos.

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En todo caso, la consigna me la da -y la comparto- el profesor José Ballesteros: “mejor será hacer y errar que no fallar nunca por no haber hecho nada“.

5 comentarios en “El camino hacia la meta.

  1. Veronica

    Gran post Luciano !!!. Me encanta la frase que has utilizado para finalizar !!. Hay que luchar para conseguir los sueños y creer en que lo vamos a conseguir ! . El camino a veces es más bonito que el resultado . Muchos besos !!

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  2. francisco esteban nuñez lopez

    Efectivamente,Luciano,la frase del profesor Ballesteros, la hago mia,,,,por experiencia y todavia aún mas con paciencia, sigo ahí, esperando hacer posible” el camino hacia la meta…sic.,”…nos vemos pronto, vale?

    Le gusta a 1 persona

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