Lumbreras por doquier.

          En el mundo que nos ha tocado vivir nos encontramos con ciertos personajes que apabullan con su prestancia particular, mostrando una fachada a la que nos rendimos fácilmente, pudiendo decir que los consideramos lumbreras. Pero he aquí el craso error de lo que se ve y lo que realmente tenemos delante. Como en tantas otras cosas nos dejamos llevar por florituras sin tan siquiera pararnos a meditar, por ese complejo que siempre acude a nosotros y que nos hace empequeñecer ante los ídolos de barro que aparecen frente a nosotros.

          En efecto, una vez más nuestro diccionario de la Real Academia Española nos debe servir de punto de referencia para saber o distinguir el concepto que pretendemos analizar. Lumbrera es, en general, algo que despide luz, y que en la acepción más cercana a nuestro propósito se vincula con la “persona que brilla por su inteligencia y conocimientos excepcionales”. En definitiva, alguien que nos sorprende positivamente. sabelotodoMas ocurre que la palabra puede convenirse en un sentido irónico, para encontrarnos con esa persona que muestra dotes de lo que no tiene, sino que desde una nebulosa conmina a llevarnos a ese entendimiento pero lo que en realidad existe es, en palabras llanas, un fantasma de la hipocresía.

           Los lumbreras verdaderos que se encuentran presentes en la vida son, en general, difíciles de advertir en la relación cotidiana. Generalmente su humildad es tal que podemos tenerlos delante de nuestras narices y no darnos cuenta porque su inteligencia llega al extremo de no mostrarla como regocijo personificado. Nunca se consideran que han llegado al cielo de los conocimientos y, por tanto, son sencillos porque siguen aprendiendo cada día.

         En cambio, los lumbreras fantasmas destacan de inmediato, y no precisamente por el componente principal que atesora el significado positivo de la palabra, sino por la nube que envuelve su actuación y su diálogo. Se presentan con grandes dotes de la palabra, sabedores de todo o cuanto menos con capacidad para inventar y presentar una impecable puesta en escena, apabullando y, en definitiva, pareciendo convincentes hasta el punto de conseguir llevar a su terreno al más pintado. Pero, en definitiva, lo que hacen es vender humo.

humo_industrial

           Estos aparentes lumbreras abundan en demasía en todo lo que muestra nuestra vida cotidiana, y de ahí el especial cuidado que hay que poner para no verse sorprendidos. Veamos algunos campos de acción:

  • El lumbrera político, que con su magia teatral, estudiada de antemano, pretende ganarse la confianza. Es fácil advertirlos en el día a día, apareciendo permanentemente en los medios de comunicación; en el extendido uso que hacen de las redes sociales para advertirnos de las muchas cosas que hacen a diario; en los contactos personales que podamos tener con ellos, y a los que de vez en cuando se levanta el velo para descubrir  realidades que han estado ocultas. La farsa da paso a un desencanto. Cuantos indocumentados, sin título académico alguno, actúan con el don de la palabra para envolver con un magistral misterio. O con título pero desmandados por ese orgullo de considerarse seres superiores.
  • El lumbrera de la economía, esto es, el que manejando datos y porcentajes a mansalva nos entusiasma con su sabiduría, pero que a la postre, y contrastando otras fuentes fidedignas, adviertes que no siempre es tan cierto lo que se muestra y que nos estaba vendiendo un resultado que no se correspondía con la realidad. Todo es cuestión del artilugio que se utilice para decir que avanza la economía, que sube o desciende el paro, que es beneficioso o perjudicial determinadas franjas horarias para hacer ciertas acciones, y un sinfín de cuestiones similares. No digo que mientan, sino simplemente que adulteran los parámetros de medida.
  • El lumbrera televisivo, que en diseñadas campañas dirigidas a la masa del pueblo, en esa llamada televisión basura, se convierte en un ídolo y que, un buen día, como no podía ser de otra manera, caerá a trozos por su clara configuración meramente superficial. Mientras tanto pueden llegar a vender más libros que un premio nobel.
  • El lumbrera del grupo, que no es precisamente el que posea más dotes sino el que con su prepotente actitud no para de dirigir al resto y mostrar sus “grandes conocimientos” en todo lo que se presenta. Sabe profundamente de vinos, de comidas, de coches, de motos, de política, de deporte, y en todos los campos lo hace apabullando con su misteriosa prestancia.
  • El lumbrera jurídico, esto es, quien puede dar toda una lección de cómo interpretar y aplicar las normas por el hecho de saber leer y escribir. Si hace falta dicta la sentencia oportuna.
  • El lumbrera académico, que se presenta en el aula para dejar claro y patente que es un portento. Son, en general, los mediocres docentes que para hacerse valer presumen de suspender con entusiasmo y generalidad. Un buen día escuchaba en un aula decir a un profesor que el diez era para Dios, el nueve para el autor del libro, el ocho para el profesor y el siete para el alumno más aplicado; lo llevaba a rajatabla.
  • El lumbrera de la conducción, que si se sienta a tu lado te va dando auténticas refriegas de qué debes hacer en cada momento, cuando debes cambiar de marcha, frenar, atender a los peatones, etcétera. En caso de un desliz de otros conductores alzan su voz y se desternillan con gestos para hacer valer quién es más listo.
  • El lumbrera de la cultura, que se inmiscuye en todo acto para dejar patente que conoce el tema mucho mejor que el ponente o guía. No faltan en los medios de comunicación para criticar todo lo que pretende realizarse en el entorno, mostrando su sabiduría con geniales aportaciones de lo que debería ser.

         En definitiva, estos son meros ejemplos de lo que que vivimos y padecemos día a día. Seguro que al leer esta entrada se han venido a la mente caras de sujetos investidos de esta fantasiosa luz. Intentar combatirlos en su terreno sería un error, por lo que más vale utilizar otras estrategias. Fundamental será, en todo caso, armarse de paciencia y mantenernos atentos para no caer en sus redes.

2 comentarios en “Lumbreras por doquier.

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