Nuevo libro sobre los empleados públicos

          Traigo a colación una nueva publicación que ve la luz y que constituye la obra conjunta de dos grandes profesionales de la judicatura (José Ramón Chaves) y de la abogacía y Administración pública (Juan Manuel del Valle), amantes del Derecho y grandes amigos, de los que admiro de verdad. El título ya advierte de lo que aparece en su contenido: “Los diez pecados capitales de los empleados públicos“.

         Pudiera entenderse que la publicación, una más, atendería a la sana y agria crítica a la que nos tienen acostumbradas las sabias plumas que iluminan su inteligencia mirando al empleado público, para sacar a relucir las calamidades que asolan las oficinas públicas y sus titulares. Forges, sin duda, es un claro exponente de las miles de anécdotas que se producen en el devenir cotidiano de la actividad de los empleados públicos.

        Pero en el presente caso nos encontramos con dos empleados públicos que acumulan trienios y, eso de por sí, ya advierte que quieren tratar el tema con la seriedad y respeto que precisa pero con una cierta dosis de humor, por aquello de la lectura amena. Y, como no, si ya con una primera obra que sacaron conjuntamente (“Abogados al borde de un ataque de ética“, Aranzadi Thomson.Reuters, 2015), han superado los diez mil ejemplares vendidos, con esta nueva se aventura un nuevo éxito.

        En el texto se plasma el conjunto de pecados clásicos, respondiendo a apetitos materiales (avaricia, lujuria y gula), al poderío psicológico de quien ocupa un cargo o puesto público (soberbia, envidia e ira), o los que son propios del humano hedonismo (pereza). Pero como la vida va más deprisa que la tradición, se incorporan tres pecados de nuevo cuño: la frivolidad, la intransigencia y el oportunismo.

          El libro delata esos pecados y pecadillos con fluidez, en tiempo presente, entre anécdotas y chistes, en compañía de Larra, Umbral, Alejandro Nieto y otras muchas personalidades que no se han resistido a pronunciarse sobre ese mundo.

          Como obra hecha para imaginar lo que ya vemos o imaginamos, no me resisto a recomendarlo para quienes quieran acercarse a una lectura que, a buen seguro, se hará con la sonrisa en los labios.

            Y, por supuesto, mi enhorabuena a sus autores, por permitir que lo oscuro no lo sea tanto.

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