La asertividad como habilidad social

«Lo más importante que aprendí a hacer después de los cuarenta años fue a decir “no” cuando es “no”» Gabriel García Márquez

           Las relaciones interpersonales pueden convertirse en una fuente de estrés si no se dispone de la habilidad suficiente para que discurran con la necesaria integración social de los sujetos afectados. Cuantas veces nos enfrentamos a hechos que no nos agradan, que no responden a lo que queremos y pedimos, o advirtiendo el craso error por el que discurre un proceso, y por no abrir la boca y mostrar nuestra mera discrepancia u observación nos lleva a conformarnos con lo que sucede y a dejar correr los acontecimientos, tal cual. Un grado de timidez extremo que denota una ausencia de habilidad social a la que debemos prestar atención pues puede suponer que nos encontremos ante una manifiesta falta de confianza consigo mismo, amén de una patente ausencia de carácter y personalidad.

           Y la forma de combatir esta situación es entrenarnos para ser asertivos, esto es, expresando nuestros sentimientos, deseos, derechos legítimos y opiniones de forma directa y sin que medie la hostilidad, eso sí respetando a los demás sin herir sus sentimientos ni menospreciarlos. Basada en la autoestima y en la confianza en nuestras propias creencias, habilidades y metas, la asertividad fluye como una libertad para expresarnos con respeto y hacer valer nuestra posición como persona. Y para ello conviene no caer en eufemismos para justificar que se actúa así para suavizar lo que verdaderamente pensamos de otros, pues ello supone seguir un camino emocional que, a la postre, nos traicionará a nosotros mismos; una cosa es ser respetuoso con los demás y otra ir caminando junto a ellas engañándolas. Mejor ser directo y claro, eso sí con deferencia y sin agresividad, que actuando con una conducta pasiva que a nada conduce. Pasividad y agresividad se convierten, de esta manera, en los polos opuestos de la asertividad.

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           Los factores que afectan a la falta de asertividad pueden ser muy variados, pero los expertos señalan como más importantes:

  • La falta de carácter.
  • El no tener metas ni objetivos.
  • La falta de confianza en nuestras habilidades.
  • El depender siempre de otros.
  • No tener fuerza para expresar nuestros derechos.
  • No aceptar que nos podemos equivocar.
  • La falta de creencia e ideologías.
  • La poca astucia para afrontar los retos.
  • Ajustar nuestro carácter al de los demás, solo para ser aceptados.

         Llegados aquí, veamos la influencia que muestra la asertividad en un terreno específico, cual es el que atañe a la actividad laboral. En ese mundo en que las interacciones interpersonales y sociales son de todo tipo, en el plano vertical y horizontal, ascendente y descendente, el trabajador se enfrente a muchos retos, dependiendo de su posición en la empresa o centro de trabajo. Ser asertivo se erige en algo fundamental para poder sobrevivir en este entorno y mostrar nuestro interior, y facilita el flujo de las relaciones en el grupo de trabajo en que se ve inmerso.

         Ser asertivo en el mundo laboral debe servir para ser capaz de decir lo que se piensa con la tranquilidad y confianza necesaria para transmitir las dudas o los problemas, para saber dirigir a los subordinados y, en definitiva, para adquirir dotes de liderazgo y erradicar la imagen de timidez y poco resolutiva que impida progresar en el trabajo. Y, por supuesto, ser asertivo no supone actuar confundiendo a los demás para conseguir nuestros objetivos, pues estos métodos mezquinos nada tienen que ver con el valor analizado.

          Cuando se actúa de modo más asertivo en el trabajo, es rápida la muestra de efectos positivos que desencadena. Desde sentirse más relajado y con una mejora de tu autoestima, reduciendo el estrés y mejorando la satisfacción con el trabajo, hasta transmitir esa sensación a cuantos te rodean, mejorando las relaciones sociales y el clima laboral de la organización.

          Y si quien lea esto piensa que cada uno somos como somos, y no es posible cambiar, me gustaría decirle que aun cuando la asertividad esté estrechamente ligada a la personalidad de cada uno, no se nace siendo asertivo, sino que se desarrolla a lo largo de la vida y en cada uno está aprender más o menos la lección que día a día tenemos por delante. Y, por supuesto, la timidez liviana, lo mismo que la humildad, son valores nada desdeñables que no están enfrentados a la asertividad. Todo en su justa medida. Recordando a Gandhi, “La felicidad se alcanza cuando, lo que uno piensa, lo que uno dice, y lo que uno hace están en armonía”. Dicho queda.

asertividad

 

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