Resiliencia para afrontar las dificultades

           Escuchando a la cantante malagueña Diana Navarro, en su reciente trabajo que siguiendo a la psicología moderna ha titulado como “Resiliencia”, me ha entrado de lleno la curiosidad por el término y su alcance. Por lo pronto, le oigo decir a la interesada que “La resiliencia es la capacidad del ser humano de estirarse y no romperse y de salir reforzados de las situaciones difíciles”, con lo que dado los acontecimientos que a uno le toca vivir se me antoja sumamente atrayente la filosofía de raíz que preconiza. Las 13 canciones que componen su trabajo muestran letras cargadas de dolor pero del que se pasa a la salida, a la superación, a la aceptación. Como afirma, en el disco se ve “la capacidad de empatizar con los sentimientos más mundanos”, creyendo que “todos somos partícipes del amor y el desamor”.

Portada-CD-DIANA-NAVARRO-RESILIENCIA-ALTA-PARA-ENVIAR-e1463745749728

            En efecto, la palabra de moda que utilizan políticos, deportistas o profesionales de la psicología define la capacidad del ser humano para superar los traumas, esto es, como acoge el diccionario de la Real Academia Española, “la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o estado o situación adversa”. Significa, por tanto, “rebotar” de una experiencia difícil, como si se trata de una bola, asumido el término en el origen que encuentra en la física como capacidad de la que está dotada un material para resistir un impacto y retomar su forma original. De ahí que el fenómeno físico sirviera de metáfora para el ser humano que puede recibir el impacto de un trauma pero no destruirse y seguir adelante. No creamos que lo pretendido sea llegar a la indiferencia o dejadez, sino adquirir un conjunto de capacidades y habilidades que permitan que, cuando la adversidad se instala, uno sepa sobrellevarla e incluso, superándola, convertirse en alguien más fuerte todavía.

           La vida es, por sí misma, una fuente de situaciones coetáneas o sucesivas que nos pone a prueba de forma permanente. Enfrentarse a los acontecimientos difíciles que de pronto cambian nuestra vida, a hechos traumáticos que nos hacen perder a seres queridos o el trabajo, a las situaciones de enfermedad gravosa, nuestras o de familiares y amigos, u otras similares, conlleva de suyo un efecto en quienes los padecen que, generalmente, van superándose con mayor o menor dificultad por el transcurso del tiempo, aun cuando en modo alguno puede pensarse que se deje de sentir malestar, dolor emocional o dificultad ante estas adversidades, que son comunes a las personas.

           Este proceso de adaptación a la adversidad viene a constituir la susodicha resiliencia, que importa decir no es una característica que la gente pueda tener o  no, sino que aun reconociendo que por sí misma ya se tiene con mayor o menor intensidad, sí resulta posible entrar en un proceso de aprendizaje con tiempo y esfuerzo para estar preparado a todo ello, al  complementarse de conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.

          Para fortalecer y construir resiliencia, podría considerarse oportuno seguir ciertas pautas de conductas:

Reforzar las relaciones humanas. Por lo pronto, el entorno se erige en medio necesario para ello. Impulsar relaciones con otras personas (familiares o amistades) es relevante por lo que podamos ayudar y por el apoyo que podamos recibir en momentos de necesidad. El apoyo emocional es tremendamente importante. La resiliencia es difícil que brote en soledad.

Afrontar los problemas. Hay que estar preparados para que cuando lleguen situaciones críticas las interpretemos y veamos con la sutileza necesaria para poderlas afrontar de la mejor manera posible. Creer que nunca pasaremos por situaciones críticas es tanto como querer engañarnos a nosotros mismos y dificultar el momento en que se tengan que afrontar. Hay que prepararse, ineludiblemente, para ello. Seamos proactivos en el sentido de afrontar los problemas y tensiones para intentar combatirlos y no acudamos a la pasividad de intentarlos ocultar.

Los problemas en su justa medida. Dimensionemos el problema o las situaciones difíciles en la proporción que corresponda y no aumentando su efecto.

Asumir los contratiempos. Aun cuando nos movamos con metas y objetivos que deseamos alcanzar, hay que aceptar que pueden ocurrir circunstancias que nos impidan verlos cumplidos. Sin duda, no debe verse como un problema irresoluble que no se consiga lo pretendido, pues la vida hay que divisarla con una amplitud para saber cuándo debe variarse el camino para proseguir.

Salir reforzados. Aprovechemos los momentos difíciles que puedan vivirse para adquirir una mayor fortaleza personal. Los tropezones del camino ayudan a crecer en la espiritualidad del ser humano, por lo que es positivo aprovechar la experiencia.

Creer en nosotros mismos. Confiemos en nosotros mismos y en nuestras posibilidades para resolver los problemas. La autoestima refuerza la resiliencia.

          Advirtamos, por ello, que la intensidad de la resiliencia en cada persona va cambiando por momentos y se pone a prueba en cada suceso extraordinario que pudiera ocurrir. Prepararnos para afrontarlo con la mayor preparación posible es una recomendación saludable.

 resilencia-3

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s