Un dilema: ¿vivimos o sobrevivimos?

              En esas reflexiones que pululan por mi mente, fruto quizás de lo que observo en general o siento particularmente, llevo tiempo queriendo completar la percepción que pueda tener respecto a lo que vivimos cotidianamente y parece que es la realidad o si, por el contrario, detrás del escenario que presenciamos existe otra película bien diferente.  Y digo ello porque si uno afronta lo que nos meten en la cabeza los medios de comunicación, y especialmente esa cajita mágica llamada televisión, vemos dos mundos diferentes: el de lo fabuloso y bien que viven algunas personas, repletas de felicidad y con todo a su alcance; y los que sufren y padecen en extremo por infortunios de la vida o del entorno que les ha tocado vivir. Y, entre tanto extremismo nos medimos cada uno de nosotros, y parece que a ti te ha tocado la lotería de las desgracias y te van ocurriendo todos los sucesos que te producen desasosiego, dolor y sufrimiento. Es frecuente que estallemos con frases hechas como la de por qué te ha tocado vivir ciertos acontecimientos, la mala suerte que se ha tenido por infortunios, cuánta desgracia nos ha enviado el todopoderoso con enfermedades que padecemos nosotros o las personas de nuestro entorno, por qué tenemos que perder a seres queridos cuando hay tanto malaje suelto que no les ocurre nada; y cosas parecidas.

              Pero la verdad es que ni es real ese mundo extremista que se nos vende, salvo obviamente catástrofes que nada tienen que ver con lo cotidiano, ni tampoco cada uno de nosotros constituye una isla en el mar. Sin datos empíricos que permitan certificarlo, sí me atrevería a afirmar que todo ser humano tiene su propia cruz, más o menos pesada, que debe llevar o bandear lo mejor que pueda. superación-del-concepto-de-las-dificultades-13856886Y con ello no quiero llegar al pesimismo extremo de decir que la vida es sufrimiento, pues aunque parezca así, realmente no es cierta esta relación de causa-efecto. El dolor forma parte de la vida y, por ello mismo, si lo que queremos es vivir y no sobrevivir, es sumamente importante escoger la actitud con la que queremos afrontar los padecimientos que nos llegan sin buscarlos. Ya lo decía Víctor Frankl: “Si no está en tus manos cambiar una situación que te produzca dolor, siempre podrás escoger la actitud con la que afrontas ese sufrimiento”.

            Por tanto, bien parece, y así advierto en la realidad que existe y no en el mundo de fantasía que pudiéramos creer  patente en todo lo que hay a nuestro alrededor, negar la evidencia nos lleva a padecer aún más. manosActitudes como la de negarse a aceptar la pérdida de un ser querido, lamentarse sin cesar de lo que nos ha ocurrido, temer todo lo negativo que creemos firmemente que nos va a llegar, etcétera, etcétera, no nos conduce a nada. Dalai Lama puntualiza que no vale de nada lamentarse, ocurren las cosas porque sí. Cierto y conveniente es ese momento del desahogo que todo ello nos produce en el instante que ocurre, pero de ahí a que eso nos conduzca por el terreno pantanoso de la negación a la vida, creo que es un craso error.

           Para afrontar la situación llego a la conclusión de que hay que cuidar más el interior que tenemos. Lamentablemente, nuestra cultura occidental pasa por rendir culto al cuerpo, y todos se afanan en esta memorable e idílica arquitectura humana. La cultura oriental, en cambio, advierte desde hace miles de años la conveniencia de rendir culto a la mente. Y es que, como con certeza se ha dicho, lo que la mente se calla el cuerpo lo grita. Por ello, aunque creamos que nuestra belleza corporal es la que produce felicidad, para afrontar la realidad de esta vida y los acontecimientos negativos que nos llegan porque sí, la mente hay que prepararla, cuidarla. Tanto es así que, por ello mismo, resulte curioso observar que día a día se abren centros de yoga, de meditación, de retiros espirituales, y todo con un fin evidente de sanear la mente.

            Sin que mi vocación sea la de hacerme pasar por psicólogo, sí me gustan las meditaciones que hacen los profesionales de esta rama cuando se trata de avanzar para el desarrollo personal. Sin duda ayuda a mantener erguido el cuerpo con esa cruz que decía antes llevamos todos a cuesta. Por eso leo cuanto puedo para llegar a comprender lo que son simplemente facetas que muestra la vida en sí mismo. Me gusta y comparto totalmente la expresión utilizada por la psicóloga Sònia Cervantes, cuando plasma en su reciente libro  que “no hay peor tormenta que la que te armas en tu cabeza”.

           Guiarse solo por el corazón nos puede conducir a un sitio equivocado. Por eso, cito a la psicóloga con esta curiosa manifestación: “Si te hago caso sufro (le dijo el cerebro al corazón). Ignórame y no sabrás lo que es vivir (contestó él)”.

            Llego a la conclusión que, en la gran mayoría de los casos, sobrevivimos en un mundo donde los acontecimientos negativos nos inundan y nos restan vitalidad. Solo si amoldamos la actitud que tengamos frente a la situación, empezaremos a ver esa vida fresca que deseamos saborear dentro de la lógica, sin distorsiones cognitivas que nos hagan tener unos esquemas mentales erróneos. Por tanto, no es que debamos prepararnos para evitar el sufrimiento en la vida, cosa imposible porque son consustanciales a las propias vivencias, sino que afrontemos la cultura mental que te haga huir de toda toxicidad que provoque un daño sobre nuestro bienestar.

             Vivir supone que afrontemos los obstáculos que se nos van a presentar. No hacerlo hará que nos escondamos en el caparazón de lo negativo, de la mala suerte que nos ha tocado en la vida, y con ello meramente sobrevivir. Creo por todo ello que está en nuestras manos seguir una vereda u otra.

 

2 comentarios en “Un dilema: ¿vivimos o sobrevivimos?

  1. Esther Vázquez

    Efectivamente y, de acuerdo contigo, está en nuestras manos como tomarnos las cosas, y creo sinceramente, que si no tuvieramos ese tipo de situaciones que consideramos negativas, las cosas positivas no lo serían tanto, no las consideraríamos tan buenas.
    Buena reflexión, un saludo 🙂

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