Hacer deporte y aprender valores

              Los que hemos tenido la oportunidad y fortuna de vivir con pasión la práctica de algún deporte, hemos podido aprender algo más que una forma de sentirnos bien físicamente. No cabe la menor duda que el deporte potencia la salubridad de los seres humanos y permite una calidad de vida mucho mejor que si transcurre con el sedentarismo que lleva a la inmovilización. Pero el deporte viene siendo considerado tradicionalmente como un medio apropiado para conseguir valores de desarrollo personal y social que permiten una mejor integración en la sociedad en que vivimos.

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           Por mi experiencia personal, y haber alcanzado una edad que permite divisar el pasado con un cabal conocimiento de lo que ha acontecido en la vida, estoy sumamente satisfecho de esos años que dediqué al deporte del fútbol, mi auténtica pasión aunque no haya sido el único practicado -o que pudiera estar haciéndolo en la actualidad-, por el espíritu de aficionado a todo lo que sea y englobe la actividad deportiva en general. Como deporte colectivo, y en una etapa donde forjaba mi propia personalidad, no cabe duda que aprendí unos valores que debo a esta dedicación y que han servido muy mucho para la vida cotidiana. Igual que se interiorizan para aplicarlos en la práctica deportiva, su aprendizaje se generaliza al resto de las áreas de la vida.

           Hoy en día son muchas las técnicas que existen para inculcar actitudes y formas de ver y actuar en la vida, tanto en lo personal como en lo profesional, pero existen actuaciones que realizamos y sobre las que en principio no vemos más allá de lo que por sí mismo representan aunque, en esencia, y para poderlas realizar, están incidiendo sobre valores que resultan fundamentales para llevarlas a cabo. Así, practicar el deporte con un cierto orden e involucrado en compromisos con alguna entidad deportiva y con tus compañeros, y llevar a cabo una formación íntegra para esa práctica, permite incorporar los valores alcanzados al repertorio de hábitos generales.

            Cuanto menos voy a referir el decálogo que ahora contemplo:

Primero. El trabajo en equipo.

          Hasta las grandes figuras del deporte necesitan de otros para que puedan destacar. Esto es, una persona puede ser parte fundamental del equipo, incluso ser el protagonista principal en el caso de las actividades individualizadas, pero la realidad es que por sí mismo no hace un equipo y a su lado o detrás de él, hay una colectividad que conforma el equipo humano que precisa una coordinación, un entendimiento, y en definitiva la necesidad de que el trabajo se haga en conjunto.

           No todos los deportistas tienen el mismo reconocimiento pues hay personas que sobresalen más que otras en el equipo, pero lo que se aprende trabajando en equipo es llegar a un éxito conjunto. Un valor que sabes apreciar y que te vale muy de lleno para ver cómo se desenvuelven las cosas en el mundo que nos toca vivir.

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Segundo. Perseverancia.

           La práctica del deporte es exigente al máximo. Hay que trabajar y trabajar para conseguir lo que pretendemos. Toda la dedicación es poca, y para ello hace falta tener grandes dosis de ilusión si se quieren alcanzar los objetivos. Conseguir o no el éxito total será otro tema, pero lo que ahora nos infunde la perseverancia en el trabajo (la constancia, la firmeza, el tesón) es que puedes salir al terreno de juego para darlo todo.

            Un esquema que luego vas a precisar en la vida para sobrevivir a las dificultades que se presentan. Cuando algo se desea hay que ir a por ello, y los fallos o tropezones son cosa normal para seguir incidiendo en conseguir el objetivo final perseguido. De esta forma, lo que identifica al deportista con el emprendedor o con el trabajador en general, es el saber levantarse, superar los obstáculos y alcanzar de nuevo el éxito pretendido. Hay un proverbio ruso que dice que “Caerse está permitido…levantarse es obligatorio“.

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Tercero. Superar las adversidades.

          No hay que desfallecer, y cuando superas lo adverso aprendes que la vida no siempre es fácil y mejor estar preparado para lo difícil que no pensar ya, de salida, que todo el terreno es llano.

          En el deporte se presentan problemas a lo largo de una competición: pierdes cuando crees que vas a ganar, o al contrario; en el mejor momento se presentan lesiones que te impiden progresar; algún compañero avanza más que tú en la preparación y te obliga a mayores esfuerzos; los obstáculos se presentan de forma inesperada. Son adversidades que igualmente ocurren en la vida cotidiana, y estar preparado para todo ello y superarlo es un valor que se aprende.

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Cuarto. Respetar a los demás.

            En el deporte debes aprender -y si no mejor te retiras- a respetar a tus compañeros y a los contrincantes. Una prueba difícil sobre todo cuando estás “calentito”, en el fragor de la batalla. Este espíritu deportivo es un valor que trasciende y da muestra de la madurez y desarrollo que tenemos. Y, por ello mismo, cuando tengamos que integrarnos en grupos colectivos de trabajo o en otras esferas de lo cotidiano, mostrar respeto a los demás se erige en pieza fundamental para vivir en sociedad.

            Posiblemente, viendo lo que vemos, hay bastantes personas que no han tenido la oportunidad de vivir este rol del deporte, o si lo han hecho ha sido para pasar sin aprender la lección. Y es, sin duda, uno de los elementos que deben destacarse con mayor énfasis en la práctica deportiva.

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Quinto. Ética.

          No basta con integrarse en una colectividad deportiva e ir a jugar el partido correspondiente. Una mínima ética exige mantener un orden y responsabilidad en este compromiso que se adquiere. Obligarse, someterse a la disciplina del equipo, y responsabilizarse de tus propias acciones es una ética que se aprende y debe significar que tengamos un valor añadido a nuestra vida corriente.

          Me hace un tanto de gracia que hoy en día, para que una organización funcione, precise de un código ético escrito. Está muy bien como dogma, sobre todo porque se vende la idea de que allí se trabaja o se actúa con ese compromiso, pero creo que es vender humo si no está impregnado en las venas.

            Decía un buen amigo, responsable de una entidad local, que no precisaba de un código ético escrito pues ya lo traía consigo por la educación que le dieron sus padres. Cierto, y con mayor énfasis si has vivido una etapa deportiva en que este valor es absolutamente necesario.

etica-deportivaSexto. Liderazgo.

          Bien porque te haya tocado ese papel, bien porque reconozcas a alguien de tu equipo que sobresale por las características especiales que se concentran en él, lo cierto es que este valor también se advierte en el grupo deportivo. El líder positivo, que es realmente el que nos interesa porque de lo contrario será alguien que diga serlo pero sin ser reconocido, es el que asume compromiso y lo genera en los demás.

          Podemos advertirlo en esos capitanes de equipos, que más que ser unos meros portadores de brazalete que les distingue de los demás, son siempre personas hábilmente designadas por la organización y sus integrantes para que transmita el compromiso del trabajo, recordando, cuando proceda, esos otros valores que venimos relatando. Esos que, cuando uno se envenena con compañeros, contrincantes o público, sabe poner orden y hacer recapacitar al que haya perdido los papeles.

           Que importante es un líder en una organización. Y qué importante es que la propia colectividad no solo lo reconozca como tal, sino que sepa respetarlo y facilitar su trabajo. Se pone al frente pero los demás no pueden quedar rezagados. Sumamente importante para cualquier colectividad humana porque el líder sabe transmitir los objetivos a los compañeros, implicarlos en el proyecto y motivarlos para obtener los mejores resultados.

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Séptimo. Comunicación.

            En el deporte es fundamental la comunicación. Cuantas veces vemos a ese deportista que critica a su compañero por no haberle advertido de algo que ocurría a su alrededor y que ha hecho perder una oportunidad. Y esos porteros –yo lo fui-  a los que se exige que “manden” sobre sus compañeros para organizar el equipo desde la visión panorámica que ofrece su posición en el campo. Pero en general estamos refiriéndonos a la habilidad que se precisa para transmitir conocimientos, ideas, emociones a otras personas y de escuchar y comprender las suyas.

            Esta habilidad es vital para el éxito deportivo y, también, en la vida. Comunicarse es fundamental para llevar a buen puerto lo que pretendemos. El silencio, la oscuridad, el retraerse de hablar impide progresar y salir de dudas.

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Octavo. Tolerancia.

         No es positivo sentirse superior a los demás. En el deporte unos brillan más o menos pero todos en su conjunto buscan y luchan por un mismo objetivo. Y, a veces, las cosas no le salen a todo el mundo como desean. Somos humanos y tropezamos, una y mil veces. La tolerancia es, por ello mismo, un valor que se aprende y ayuda para la vida cotidiana.

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          Aprendiendo a conocernos a nosotros mismos ayuda también a conocer y reconocer a los demás. Se trata de aceptarnos tal como somos todos, con nuestras virtudes y defectos. Si aceptamos participar en un deporte o en un colectivo de deportistas, también hemos de hacerlo conforme a lo que son cada uno de sus integrantes. Sin condiciones.

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Décimo. Autoestima.

          Con el deporte se adquiere seguridad personal. Nos sentimos orgullosos de pertenecer al grupo y de contribuir al éxito colectivo. Te percatas de la importancia que tiene tu aportación y eso genera confianza en sí mismo. Y los fracasos se asumen como oportunidades para aprender y mejorar.

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           Algo fundamental en la vida. Sin autoestima no avanzaremos. Hay que reconocer nuestra propia valía personal, sin prepotencia, en su justa medida, para con ello valorar lo que hacemos y cómo lo hacemos.

          Diez valores han presidido este relato, como diez mandamientos que nacen de la enseñanza que nos da el deporte. Sin duda, infundir a los niños y mayores la conveniencia de hacer deporte conlleva que puedan disfrutar y, además, aprender a ser mejores personas en la vida y en lo que toca por vivir.

            Por todo ello me permito decir que quien piense que el deporte es ganar y ganar, como sea, aunque sea contraviniendo estos postulados, son personas que no han extraído conclusión alguna del proceso de formación. Creo que ni siquiera se dan cuenta de que están involucrados en un aprendizaje mayor al de la habilidad deportiva. Y quien quiera desahogarse por tener otros problemas  que vaya al campo, al aire libre, pues allí sus voces rebotan mejor. Hacer deporte, y verlo, conlleva una formación que bien merece su cuidado pues ayudará a ser mejores en una sociedad necesitada de personas con valores.

 

15 comentarios en “Hacer deporte y aprender valores

  1. Bien sabes tú, que tanto los practicantes como los que lo ven desde la barrera, en su gran mayoría, sólo acceden al deporte para ganar, ganar y ganar. Encontrar en tu vida deportistas activos o pasivos que cumplan tu decálogo es harto difícil. Yo, sin embargo, lo comparto totalmente.

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    1. Gracias Paco por tu comentario. Totalmente de acuerdo contigo, pero siempre quedan personas como tú y como yo que pensamos en algo más que en triunfos deportivos. Puede ser que lo vivimos en unos tiempos donde los valores humanos prevalecían ante todo. Un fuerte abrazo.

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