La situación estresante

             El día a día nos lleva a que estemos experimentando continuamente emociones de todo tipo. Así, casi en todo cuanto nos rodea, sea trabajo, familia o cualesquiera otras circunstancias personales, fluyen las emociones y tensiones como sentimientos propios del ser humano. Es habitual, por ello, oír la expresión “qué estrés tengo”, simplemente por el hecho de encontrarse un poco más acelerado de lo normal.

            Pero cada cosa en su sitio. Las emociones, sean positivas (momentos de felicidad, de alegría, de gratitud, amor, satisfacción) o negativas (sentimientos de tristeza, enojo, soledad, celos, miedo), son aspectos propios de lo cotidiano del vivir y, normalmente, los sujetos las controlamos. Y, como se suele decir, una cierta cantidad de estrés como respuesta automática y natural que produce el cuerpo ante situaciones que resultan amenazadoras o desafiantes, es necesaria.

            Lo preocupante es cuando la respuesta al estrés se prolonga o intensifica en el tiempo, pudiendo dar lugar a efectos perturbadores amplificando o multiplicando el nivel estresante para convertirlo en ansiedad. En el ámbito laboral, tanto la Organización Internacional del Trabajo como la Organización Mundial de la Salud advierten del aumento del estrés, definido como aquel que sobrepasa la capacidad del organismo para adaptarse, dando lugar a cambios biológicos y psicológicos que pueden hacer que la persona enferme. Pero los factores estresantes son variados, una amalgama de elementos que si bien por una parte están vinculados al entorno laboral: a las funciones que realiza el trabajador (nivel de exigencia, monotonía en las tareas, división de funciones), a la organización del trabajo (imprecisión en los objetivos, horarios, inestabilidad) o a las relaciones laborales; por otro encuentran su fundamento en las circunstancias sociales y familiares. De este modo, cuando todo este conglomerado se entremezcla, influyendo lo familiar con lo laboral, o viceversa, se llega al preocupante diagnóstico que en los últimos años ha llevado a una numerosa jurisprudencia que considera las secuelas derivadas del estrés laboral como una enfermedad del trabajo.

           El tema me ha llamado la atención desde que he podido leer que la Fundación Europea para la Mejora de las Condiciones de Vida y de Trabajo (Eurofound) sitúa al estrés como el segundo motivo de los problemas de salud relacionados con el trabajo, por detrás de las enfermedades musculo-esqueléticas. De otro lado, un reciente estudio de la Asociación Americana de Psicología (American Psychological Association) nos advierte de que el manejo del estrés puede resultar complicado y confuso porque existen diferentes tipos del fenómeno: estrés agudo, estrés agudo episódico y estrés crónico. No está demás repasarlos para saber a qué nos podemos enfrentar.

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             La forma más común es la que se denomina “estrés agudo”, que –según se nos indica en el estudio- surge de las exigencias y presiones del pasado reciente y las exigencias y presiones anticipadas del futuro cercano. Si es breve resulta emocionante y fascinante, pero si dura demasiado es agotador. Si al comienzo de la jornada diaria recibimos un estímulo estresante, lo soportamos mejor que si se va repitiendo a lo largo del día o acaece al final del día. Como es una situación coyuntural, no da tiempo a que produzca efectos negativos perturbadores, aunque conviene vigilar los síntomas que anuncian los expertos: enojo o irritabilidad, problemas musculares que incluyen dolores de cabeza tensos, de espalda, problemas estomacales e intestinales o sobreexcitación pasajera que deriva en elevación de presión sanguínea, produciendo ritmo cardíaco acelerado.

           La frecuencia del estrés agudo, en vidas tan desordenadas que pueden producir episodios de caos y crisis, llevan al “estrés agudo episódico”. Acaece en personas que están demasiado agitadas, con mal carácter, irritables, ansiosas y tensas. Como síntomas que lo delatan están la sobre agitación prolongada: dolores de cabeza tensos y persistentes, migrañas, hipertensión, dolor en el pecho y enfermedad cardíaca. Es claro que en estos casos la ayuda profesional durante un tiempo se erige en absolutamente necesaria.

           En fin, el extremo peligroso se encuentra en el “estrés crónico”, que resulta agotador y desgasta a las personas en el tiempo. Tan peligroso que destruye el cuerpo, la mente y la vida. Hace estragos mediante el desgaste a largo plazo. Las personas afectadas, pierden la esperanza y abandonan la búsqueda de soluciones. Se genera una visión del mundo amenazante, que provoca un estrés interminable para la persona.

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            Dicho todo esto, conviene a nuestro propósito propiciar una forma de ser que permita hacer frente a situaciones de mucha tensión, para evitar que los efectos nocivos nos pasen factura.

           Por lo pronto es sumamente importante realizar actividades que permitan cubrir nuestras necesidades físicas y psicológicas: descanso, aprovechar vacaciones, hacer deportes y actividades de ocio, caminar, técnicas de relajación.

           La comida debe ayudarnos: dieta saludable evitando el abuso de cafeína, alcohol y copiosos festejos culinarios.

          Ser asertivos, huyendo de actividades que no sean prioritarias y de gente que intoxique tu mente.

           Importa mucho organizar el tiempo para priorizar y estructuras las actividades que se quieran acometer. El orden ayuda a la paz interior.

           Procurar mantener expectativas que sean realistas. Una cosa es afrontar grandes retos y otra inmiscuirse en túneles donde no se vea el fin. Midiéndonos dentro de lo posible evitamos frustraciones innecesarias.

          Mantener abierta la mente, compartiendo las emociones con gente con las que se pueda conversar, reír y, por qué no, expresar lo que te produce dolor, pena y rabia. Es importante el apoyo en los demás, evitando la queja continua que solo desgasta e irrita a uno mismo y a los otros. Importa mucho compartir aspectos positivos pues ello facilita un buen clima laboral.

          Sí, comprendo que es muy fácil señalar el camino y que a veces no es tan fácil desembarazarse de la situación que nos rodea y actuar en consecuencia. Pero con todo, si sabemos a lo que nos enfrentamos es como realmente podemos combatir lo que nos perjudique. Porque una frase lo resume todo: mejor activo que estresado.

 

 

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