Sentimientos vacíos

            El título que precede a este post viene a propósito de esos usos rutinarios que hacemos con frecuencia y que realmente dejan de ser un sentimiento verdadero para convertirse en una mera palabrería carente de rigor espiritual.

            Sabemos que el ser humano está siempre a la defensiva y con un cierto orgullo patente en el convencimiento que tiene de equivocarse poco y, cuando ocurre, procura esconderlo por todos los medios para que no sea detectado por los demás. La muestra más palpable aparece siempre cuando pretendemos llevar la razón y hace superponernos a los demás, como una actuación que impida reconocer nuestros errores. Lo de asumir la culpa o equivocación es algo impensable, difícil de asumir por aquello de que parece un tanto humillante y hace a la gente vulnerable. Siempre hay excepciones pero pocas personas conozco que no defiendan su propio status para ir por la vida reconociendo sus equivocaciones. Hace falta mucha humildad y altura de miras para actuar de esta manera.

El vicio de la palabrería hueca o vacía de contenido

            Pero como todavía existe algo de educación, es fácil y cotidiano recurrir a la palabrería hueca. Se repite hasta la saciedad las palabras “lo siento”, “lo lamento”, “perdón”, y otras parecidas pero se hace intuitivamente, sin sentirlo, lamentarlo o disculparse de verdad, como mera floritura dialéctica pero que, la mar de las veces, no se hace para mostrarnos como personas vencidas y culpables sino con una pretensión de compadecerse del receptor de nuestro mensaje (como cuando acudimos a un duelo y nos congratulamos con los familiares del fallecido). Esta utilización en demasía, o cuando se hace a destiempo, hace que se convierte así en un arma de doble filo porque suena a falsedad, sin mostrar un arrepentimiento o un sentimiento real. Al ser tan superficial, se da por hecho que se es disculpado, por supuesto y, por tanto, no merece tan siquiera que se repare en ello.

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Las disculpas sinceras se hacen con sentimiento

            Las disculpas que se brindan con sentimiento real  constituyen gestos claros de querer entablar comunicación, de requerir la aceptación o no del agraviado en la medida que fuera posible, en el claro entendimiento que este último tiene una libertad de aceptación. Lo importante es, sin duda, que quien pida disculpas lo haga dejando de lado el orgullo para ser capaces de admitir que se ha equivocado. O incluso va más allá pues se puede tener razón en el motivo de la discusión pero aun así se pide disculpas o perdón por la manera en la que ha reaccionado. Una valentía que enorgullece a la persona que implora el perdón.

sinceridad

           Lo relevante es, por ello mismo, que la sincera petición de disculpa tiene un importante punto de inflexión en las relaciones cívicas, sean en el terreno personal o profesional, al suponer la recuperación de algo que se había visto roto para posibilitar que el vínculo interpersonal sea más fuerte. Cuando el peticionario y receptor convienen una disculpa sincera y aceptada, respectivamente, se produce una muestra palpable de interacción civilizada y profunda entre los seres humanos.

La sinceridad refuerza las relaciones interpersonales

            Por eso mismo atiendo a lo sano que tienen estas palabras y el reproche que hago a esos fanfarrones de turno que piden disculpas tan somera y superficialmente como convertir en un mero artilugio lo que de por sí representa una de las formas más encomiables de las relaciones interpersonales. Disculparse bien y correctamente hace respetar a quien lo hace, dando muestras palpables de integridad y madurez; y a quien sufrió el agravio,  le  debe aliviar y sentirse liberado de recriminaciones y amarguras a veces innecesarias. Se trata de posibilitar una paz social que haga asumir la responsabilidad por actuar a costa de los demás, a veces desmesuradamente.

        Parece conveniente que, por ello, dejemos las palabrerías vacías para poner a funcionar nuestro cerebro y con ello conectar lo que decimos con lo que sentimos. Seguro que mejoramos nuestra convivencia.

 

2 comentarios en “Sentimientos vacíos

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