Quejicas por doquier

         Si hay algo que me exaspera es ver personas alrededor que mantienen una permanente queja por todo lo que sucede. Son incansables en su negatividad y al final te afecta irremediablemente. Permanecen adictas al sufrimiento y su enfado es patente en el rostro. Se quejan si las cosas van mal y si va bien pues lo único que pretenden es permanecer fieles a la sombra que los cobija. Hay de ti si insinúas algo porque al final, y a lo sumo, lo único que puedes recibir es el sopapo de “yo soy así”, plenamente convencido que es un hábito y forma de vivir que no admite mejoras pues, si te descuidas, eres tú la persona ilusa que va confundida por la vida. Ese sol radiante es un puro espejismo porque de lo que se trata es meterse en las tinieblas para pulular lo horrible que resulta todo.

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         Entiendo que haya momentos en los que te encuentres con algo incómodo, tengas contratiempos inesperados, te sientas mal, tengas dolor, veas injusticias patentes, y otras situaciones en los que la queja no deja de ser más que una reacción humana ante los despropósitos o incomodidades que se nos presenten. Todo el mundo lo hacemos en algún momento porque la indiferencia absoluta no existe, ni aún proponiéndonoslo.

          Pero ver a tu alrededor a quejicas crónicos te hace recapacitar de esa toxicidad que enturbia tus neuronas. Tenerlos por amigos es arriesgarte a que tu sangre quede tan envenenada como para caer en los brazos de los que te han marcado el camino de la negatividad. Seguro que el contagio te llevará a lo peor, por lo que como a esas relaciones las puedes elegir, huye rápidamente de su radio de acción porque lo agradecerá tu salud.

        Otra cosa es cuando parece imposible evitarlo. Ver a esos dirigentes o gobernantes negativos, que continuamente bombardean con lo mal que está todo y lo desastroso que es cualquier cosa que hacen los no aliados a su nefasta causa, es una cuestión que parece irresoluble y que acaba con la paciencia del más pintado. Pones la televisión, y ahí están los de siempre dando la murga de la negatividad. La radio, un tanto igual. La prensa, mejor no abrirla. Unos ven blanco, otros negro, y al final, todo está oscuro pues ya se sabe lo que pasa cuando se mezclan estos dos colores.

           En el trabajo, que vamos a decir que no sepamos todos. El quejica aparece día a día para hacer valer injusticias permanentes, la explotación obrera, lo mal que dirigen los superiores, el mal rollo del compañero, los pocos detalles que se tienen, qué calor hace, qué frio, que horroroso equipo de trabajo tenemos, no nos suben el sueldo, no nos dan más permisos, este país es imposible que prospere con esta manera de trabajar, nadie crece profesionalmente si no es un recomendado, a ver si ahora vamos a tener que saber de todo, lo que faltaba tener que llevar los sobres o levantarme para sacer el papel de la impresora, con estos horarios no hay manera de atender la familia, qué poca vida social nos permite este mísero trabajo, qué ganas tengo de jubilarme y perder de vista todo esto… bueno eso que permanentemente tenemos como megáfono a nuestra vera y que, al final, te lleva a que salgas de trabajar con la escopeta cargada, dispuesto a llevarte por delante a quien no entienda que estamos acosados y dirigidos por inútiles. Cuando vuelves, la pesada carga de entrar a trabajar es ya una losa cada día más grande pues a la frase de “buenos días” siempre habrá quien responda, “depende” o “será para ti”. Empezamos mal y terminamos peor. Agotador.

cansancio laboral

         No digo nada si ese quejica asume un cargo de importancia, cual puede ser representante de los trabajadores, amparado por unas siglas sindicales acostumbradas a llevarlo todo a la época de la Revolución Industrial. Siempre tendrá motivos para “rajar”, y ahora que los medios tecnológicos permiten esconderse detrás de un ordenador para introducirnos en las redes sociales, más fácil todavía para destripar a gusto. Ahí queda eso. Con el escudo protector del sindicato mantienen la cruzada del odio que les apasiona. Viven en el amargor que irradian permanentemente, como adictos que son a la queja porque sí. Claro está, a ser posible con una liberación que les permita disponer del tiempo que esta encomiable lucha proyecta. Por el bien de los trabajadores… sin duda.

        Y qué decir de los quejicas de las dolencias corporales. El mal está siempre en sus bocas y la queja es algo que se hace como para pedir clemencia, de modo que tus dolores quedan relegados al plano de la misericordia interna. Me refiero, claro está, a esos individuos que exageran cualquier malestar, por pequeño que sea, convirtiendo al dolor en el único motivo de conversación. Si algún día muestras una queja personal, no te preocupes que inmediatamente aparecerá lo poco relevante que es comparado con los dolores que padecen, en una permanente concentración en su cuerpo que hará que siempre se desenvuelva toda conversación en torno a ello. Se reclama atención continua y esto llega a agotar.

         En fin, que ante estas fervientes muestras de la podredumbre humana no cabe otra cosa que intentar huir de los daños colaterales que producen estas personas tóxicas. Mejor buscar un clima donde la queja aparezca cuando proceda pero que no tiene que ser siempre y en todo caso. Aire para la mente y no tanto humo innecesario.

2 comentarios en “Quejicas por doquier

  1. Esther Vázquez

    ¡Qué razón tienes! Y que bien explicado. Conozco a más de uno de esos quejicas, esa clase de personas negativas, como bien dices, que siempre ven todo negro, que siempre les ocurre lo peor, que siempre les duele todo más que a los demás, que si a uno le sucede algo, a esa persona le ha pasado antes ¡y en proporciones épicas! Aunque luego todo sea una de sus muchas mentiras para llamar la atención por, a saber qué motivo. Y aunque intentes ayudar porque en un principio pienses “que penita”, con el tiempo se ve la falsedad y la absurdidad de su forma de pensar y actuar.

    Desde luego lo mejor es alejarse de este tipo de personas y seguir con nuestras vidas, que mejorarán mucho, ¡pero mucho, mucho! Por experiencia propia jeje.
    Un saludo.

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