El poder de la concentración

        Una de las situaciones más estresantes que invade nuestra paz interna es, sin duda, la dichosa costumbre que tenemos –y tienen los demás- de enfrentarnos –o hacernos enfrentar- a infinidad de situaciones de forma simultánea, para llegar al colapso mental que neutraliza nuestra capacidad de decisión o, en el mejor de los casos, a precipitarnos en la decisión sin sopesar las consecuencias por cuanto que nuestra mente esté en otro u otros asuntos.

     No descubro nada nuevo si, como puedo advertir con mi propia experiencia, os enfrentáis a la jornada laboral intentando concentrarte para un determinado tema y, en el corto espacio de tiempo que supone iniciar la tarea te empiezan a llegar los dichosos temas urgentes, las continuas llamadas telefónicas, o la consulta oportuna que te obliga a dispersar el pensamiento lastrando lo que llevabas avanzado. Y así permanentemente, sin que la cuestión admita correcciones porque, a la postre, somos como somos y lo que tiene cada uno entre manos es lo más importante del mundo. Lo tuyo es exclusivamente tu problema. Encima nosotros mismos no estamos exentos de aspectos externos que la mente introduce a cada instante para intentar que salgamos a “dar una vuelta” sobre otros temas.

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          Pero es que en un mundo actual en que los estímulos y distracciones son continuos, resulta muy difícil mantener un nivel de concentración adecuado. Si reparamos en ello podemos observar como la mente tiende a expandirse, como si le resultara incomoda mantener el foco de atención concentrado en un único aspecto. Como un niño revoltoso, huye de lo que pueda hacerle aburrir y por ello se pone permanentemente a divagar, planificar o a fantasear.

        Para poder salir medio airoso de este vendaval debe tenerse un poder especial para la concentración. Porque una mente dispersa se convierte en una mente debilitada, incapaz de conseguir el objetivo de sacar lo mejor que tenemos dentro. Para enfrentarnos a ello no queda más remedio que desarrollar un poder propio de concentración mental. Un aprendizaje que se erige en absolutamente necesario para poder sobrevivir en la jungla de la pluralidad de asuntos que con el sello de urgencia, o simplemente por caerte el “sanbenito” de dirigir un determinado equipo de trabajo, te ves en la imperiosa obligación de asumirlo.

         En Harvard Business Review se publica un interesante estudio en el que se pueden advertir importantes resultados de encuestas y evaluaciones realizadas a más de 35.000 líderes de miles de empresas de más de cien países, descubriendo que un 73% de los líderes se siente distraído de su tarea actual “una parte” o “la mayoría” del tiempo. Un 63% describe su mente como “saturada”, por el cúmulo de pensamientos y la falta de prioridades claras. Lo peor es que un 65% de los encuestados no llega a cumplir sus objetivos diarios. Y como fuentes más grandes de distracción se encuentran las demandas de otras personas (26%), las prioridades contrapuestas (25%), distracciones generales (13%) y una carga de trabajo demasiado grande (12%).

      Además, el poder de concentración cambia a lo largo del día, desde “muy alta” a primera hora, a “muy baja”, tras el mediodía. Por ello se dice que, aunque el modelo puede variar de persona a persona, comprender este aspecto es muy útil para planificar el día.

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       El patrón de la concentración se erige pues, para los expertos en la materia, en clave del éxito y así puede observarse que existe una relación directa entre el nivel de concentración de una persona y su ascenso profesional. Con maestría verbal se dice que el cerebro es como un músculo al que debe exigirse ejercicio todo el tiempo.

          Pero conviene aclarar el término al que me refiero. Hablo de la concentración como habilidad que debe desarrollarse para focalizar la mente en un objeto, en concentrarla en una tarea o en un pensamiento que determinemos y, al mismo tiempo, en ser capaz de apartar o dejar para otro momento cualquier otro pensamiento, idea o aspecto que no esté relacionado con lo que tenemos entre manos. Bonitas palabras pero que no son fáciles de ejecutar. Todo un reto posible para lo que debemos prepararnos. Podemos entender ahora del porqué las empresas buscan de sus empleados y directivos algo más que un mero título formativo. Las habilidades, las destrezas, la formación intrínseca del perfil personal y profesional se convierten en elementos de especial trascendencia.

      Ahora bien, ¿cuáles son los factores mentales y físicos que nos impiden concentrarnos con la plenitud que desearíamos? En general, cualquier aspecto externo a lo que estamos haciendo y que nos impide mantener la plena atención. Si mantenemos un estado de nerviosismo que nos impide dormir como desearíamos, es claro que afectará a nuestro estado de concentración. El desorden de la vida personal repercute, sin duda, en la ordenada actividad laboral. Igual consecuencia deparará posibles usos de lo que parece una ayuda necesaria para superar el día, como ocurre con el café, y que a la postre, al igual que el alcohol, no solo ayudan sino que inciden en propiciar un estado mental y físico negativo. Qué decir de las emociones negativas  que tengamos a nivel personal o profesional. Y de esos elementos externos que las 24 horas al día actúan sobre nosotros (Facebook, Instagram, Twitter, noticias por Internet, whattsapps, etc). Todo un conjunto de pecados que la mente está dispuesta a cometerlos y para los que se necesita un inusitado esfuerzo y preparación para no caer en la tentación.

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        Algunos los califican de ladrones que se encuentran a nuestro alrededor y en nuestro interior, para abundar en la idea de que la duda, la preocupación y la ansiedad actúan permanentemente para tratar de robar nuestro equilibrio interno y nuestra paz mental.

           Por todo ello, aprender a concentrarse se convierte en la manera más evidente para alcanzar el éxito. Un entrenamiento obligado que no debe dejarse para mantener la forma que exige la jungla de la actividad cotidiana.

 

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