A veces llegan cartas

        Lejos van quedando los tiempos en que la carta se convertía en el medio de comunicación por antonomasia. Con ella, la distancia parecía menor y escribir “unas letras” favorecía la cultura porque para expresarse se exigía el esfuerzo de convenir palabras y textos que permitieran al receptor entender lo que queríamos decirle o transmitirle. El carteo entre novios era algo habitual para esas parejas que separadas por la distancia querían mantener viva la llama del amor. Incluso enviar un ramo de flores obligaba a plasmar frases cuasi poéticas. Qué decir de la correspondencia cotidiana con entidades bancarias, operaciones comerciales y con familiares y amigos lejanos cuando todavía el teléfono era un privilegio y no todos podían disponer de ese medio que, permitiendo el uso de la voz, favoreciera la cercanía.

          El avance tecnológico ha dejado prácticamente en desuso este medio escrito, y con ello se aparta un tanto eso de mejorar la escritura y la expresión escrita. Ahora poner un correo electrónico o un WhatsApp permite un recorte que dejaría en la indigencia a los grandes literatos del Siglo de Oro si hubieran vivido el momento presente. Pocas letras dicen –o quieren decir- mucho, porque a la postre la sociedad actual no pretende hacer poesía sino meramente transmitir lo que interesa con el menor esfuerzo posible. Eso que se llama “ir al grano” y dejarse de tanta parafernalia. Porque lo de hablar para convencer es un obsoleto artilugio que no se corresponde con un mundo donde se exige actuar con la máxima prontitud posible.

         Llegados a este punto, los buzones de correos que todavía se mantienen en las viviendas constituyen meros contenedores de “basura” propagandística. cartas2Ocurre que, si te ausentas del domicilio unos días verás inundado el espacio permitiendo a los extraños conocer si te mueves o estás presente. Por ello mismo procuras vaciar cada día -o encargar a algún familiar o vecino de confianza que lo haga- el espacio que te corresponde con la convicción de encontrar eso que digo. Pero todavía quedan resquicios de la comunicación escrita y, de vez en cuando, recoges correspondencia que siempre viene con membrete de entidades públicas. Cuando ocurre, no puedes evitar el sobresalto porque pocas son las buenas noticias que puedas recibir por este medio. Sí, en cambio, esa notificación de la Dirección General de Tráfico, de la Agencia Tributaria, del Servicio Médico, del Ayuntamiento de la localidad, o del Administrador de la Comunidad de Vecinos, por citar algunas de las deliciosas cartas que te dirigen, en las que podrás ver cuánto te quieren los que te están buscando.

        Qué deciros de los períodos electorales y de quienes pretenden obtener tu apoyo. Esos que durante un tiempo únicamente ves por televisión y medios de comunicación, pues se dedican con la plenitud de esfuerzos a la loable faceta de gobernar y opositar, acuden a tu casa en plena campaña para inundarte de tanto papel como para poderlo vender al peso si tienes la paciencia necesaria y lo vas acumulando. El buzón soporta pacientemente los esfuerzos de quienes pugnan por hacerse sitio en el minúsculo espacio, pugnando los que llegan con la propaganda de las grandes superficies comerciales y los votos pacientemente puestos a tu disposición para facilitar la tarea de emitir la voluntad electoral.

          En esta cotidiana y aburrida actividad comunicativa, abro un día más mi buzón y el sobresalto no viene por cuanto digo, sino por una carta a la antigua usanza con tu nombre y dirección escritos a mano, el sello con la imagen del Rey de España pertinentemente marcado con el sello de caucho impreso por la oficina de correos, y con la sorpresa interna de una carta que me dirige mi nieta de siete años para decir lo que hace en su colegio y facilitar un dibujo representativo de sus abuelos. No faltan las palabras de cariño. Ya podéis imaginar cómo reblandece la sensibilidad que se tiene. Curiosamente, te pide respuesta por el mismo medio. Una más que grata sorpresa.

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        Descubro que este mensaje es producto de una campaña realizada en el colegio y con la que se pretende hacerles ver a las pequeñas criaturas que este medio de comunicación existe, que en tiempos próximos era muy utilizado, y que produce el efecto de recibir contestación que luego debe ser leída en la clase. Por supuesto que cumplo lo que se me pedía y el círculo se culminó con la satisfacción de todos.

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         Cuanta felicidad me producen estas iniciativas porque a estos pequeños ángeles, que desde que abren sus ojos se les facilita toda la tecnología punta para goce y disfrute de lo que no han podido sus antepasados, se les permite conocer cuestiones tan básicas del devenir próximo a sus tiempos, al mismo tiempo que se les conmina para que hagan el esfuerzo de expresar por escrito un sentimiento que tienen y con ello mismo favoreciendo su formación.

          Igual que cuando se les lleva a museos y bibliotecas para que conozcan el mundo de la cultura, y luego se les pide que expresen en cuestionarios sencillos adaptados a su temprana edad lo que ven y la experiencia tenida. Favoreciendo con todo ello la adquisición de cultura.

        Ojalá se siga por este camino en una convulsa sociedad donde parece que lo único que pretendemos enseñar a nuestros pequeños es que estamos en plena degradación de valores morales y sociales. Gracias queridos maestros por favorecer la educación y los valores básicos.

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