Éxitos y decepciones

         La imagen que ilustra la entrada es la que me ha sugerido este relato por aquello de que la visión humana está muy dirigida hacia los éxitos, pensando que todo lo que gira alrededor es brillante y de ahí que, en ese espejo que representan las hazañas deportivas, siempre divisemos a los afamados representantes del éxito, a los que seguimos con tanto ahínco como para incluso exigir a nuestros retoños que se esfuercen para alcanzarlos. Como si fuera fácil y bastara con el deseo. Cuando vemos un partido de chavales, cualquiera que sea la modalidad deportiva que tengamos como referencia, son los padres los primeros que admiran a sus descendientes hasta el extremo de considerarlos figuras que alcanzarán el deseado éxito con el empujón que podamos darle desde la grada, aunque sea coaccionando tanto a los propios hijos, que ven así frustrados sus deseos de diversión para enfrentarse a la escalada del éxito programada por sus padres, como a esas personas que se atreven a hacer las alineaciones y a hacer los cambios de jugadores en el desarrollo de los encuentros y que ven como el aliento de los progenitores se encuentra cerca de sus orejas para insinuarle lo que deben hacer.

          Pero lo que no queremos ver es que el éxito, por loable que sea, exige esfuerzo y una gran dosis de suerte que no todo el mundo tiene o encuentra en el camino. Depende muy mucho de donde situemos el objetivo que se quiere alcanzar. Un estudiante se esfuerza y, generalmente, encuentra el premio del título académico que ansía. Un trabajador, cuando labora con entusiasmo, es generalmente alabado y recompensado. Un caminante, por lo normal, llega al destino que se propone cuando su hazaña entra dentro de lo posible. Pero cuando el éxito lo ponemos en la cota alta de la montaña, no solo es cuestión de voluntad, sino de otras muchas cosas. exito2Y, por el camino, también esos ejemplos del éxito han experimentado sensaciones de decepción porque no siempre los caminos son rectos. Las curvas hay que tomarlas y, sobre todo, hay que estar preparado para cuando lleguen. ¿Qué ciclista no ha sufrido el dolor de una caída inoportuna? La decepción la ha sufrido con total intensidad ese portero que ha visto como todo el mundo, sí todo el mundo, se burlaba de sus errores. Después de su sacrificio preparatorio, de alcanzar el éxito llegando a una final, cunde el pánico que le deja sin dormir y, lo que es peor, en el recuerdo permanente para todos los aficionados. Seguro que irá viendo la imagen televisiva repetida a lo largo del tiempo porque será ejemplo del infortunio, y eso mola tanto como para ir repitiendo hasta la saciedad lo sucedido. Sus nietos serán presa del error del abuelo y todo lo que haya conseguido de positivo y el trabajo desarrollado quedará relegado al segundo plano. Así funciona este juego de la vida.

El fracaso es el gran maestro de la vida: la experiencia y el conocimiento derivan más de nuestros reveses que de nuestros aciertos

          Y digo yo, no está mal el recuerdo en tanto pueda resultar de positivo. Porque todos recibimos goles en la portería que defendemos con pasión, y si de algo vale es para seguir con la luz encendida e intentar no repetir nuevamente los mismos errores. Aunque seguro que volverán en algún momento, tropezando en la misma piedra, lo mismo que quien tenga más balones de oro verá como vuelve a fallar algún penalti. éxito1Igual que quien encamina la cuesta con total preparación para ello y ve que, en el trayecto, ocurre algo imprevisto que da al trasto con las ilusiones puestas. No olvidemos a quienes cercanos a la meta caían por no responder sus piernas y su cabeza, o quienes veían como el coche paraba antes de cruzar la raya del éxito final que divisaban con la mirada.

El método científico usa el ensayo y el error en la formulación de la hipótesis hasta dar con la respuesta buscada

       La vida se mueve entre el éxito y la decepción, entre lo querido y lo realmente conseguido, entre la fama y el anonimato, entre la risa y el llanto, y así debemos asumirlo no para caer en la tentación de sucumbir a la lucha cotidiana, a la pasión, al esfuerzo, sino para favorecer nuestra propia progresión. Lo fácil no se aprecia de igual modo que aquello que se alcanza con entrega. El éxito es aún más éxito cuando quien lo obtiene sabe lo que ha supuesto alcanzarlo, lo mucho que ha tenido que suceder para llegar a ello. La suerte, a veces, también hay que buscarla y cuando sople el viento a favor, hay que estar ahí preparado para poner las velas que lo aproveche.

          En todo caso, quien piense que mejor no intentarlo para evitar el error, lo único que puedo decirle es que ya caído en el peor de todos ellos, que es la dejación. Quedarse en la sombra será tanto como sucumbir a dejar algo en este mundo que, aunque no te recuerde conforme pasen las generaciones, sí se servirá de cuanto de positivo hayas hecho por mejorarlo. Contribuir aunque sea en el anonimato.

El peor fracaso viene de la pérdida del entusiasmo y de disposición para hacer que la balanza se incline en favor de la vida

        La modestia, la humildad, juegan una vez más en el papel que haga el exitoso. Porque el éxito. a veces, no lleva un pódium vistoso, sino mero agradecimiento interno. Un premio a la tranquilidad de la conciencia y al que todos deberíamos optar para conseguirlo. Pero para ello habría que educarse en el desarrollo de nuestra capacidad de frustración.

Un comentario en “Éxitos y decepciones

  1. Angel Luis Perez

    “…. educar en el desarrollo de la capacidad de (soportar) frustación”. ¡Eso debería ser uno de los objetivos principales de la ESO! Si se hiciera bien, se obtendría un enorme beneficio tanto individual como social (evitándose, por ejemplo, casos de asesinatos de la pareja cuando te deja, etc).

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