El beso como saludo

         La salutación que se produce entre los seres humanos viene adquiriendo tintes diferenciados en las distintas partes de este grandioso mundo en el que nos vemos inmersos. Porque siendo una costumbre generalizada de todas las civilizaciones la de mantener viva la práctica del saludo, incluso antes de iniciar el contacto verbal entre dos o más personas, lo cierto es que presenta variantes dignas de resaltar. Eso sí, mostrando siempre su faceta de cortesía social que queda más arraigada en los pueblos y ámbitos rurales, donde es fácil advertir que personas totalmente desconocidas no precisan de un intermediario para brindar el saludo que confiere cercanía. En todo caso, es patente la falta de educación cuando se entra en un lugar y no se realiza una muestra de actitud social, de diversa índole, como puede serlo con la expresión de la mirada, la palabra o el gesto.

         Pero si algo se encuentra enraizado en la costumbre española es cuando se producen las presentaciones entre dos personas, de modo que si son hombres se utiliza la cortesía del apretón de manos, como un gesto breve y firme; y, si una de ellas o las dos son mujeres, el beso doble en las mejillas aparece como un referente. Claro que, en las reglas más básicas de cortesía y educación, se establece que antes de besuquear a una mujer debía existir una manifestación expresa de ella que lo permitiera, de modo que el hombre debía estar presto al detalle que pueda representar el acercamiento o la extensión de una mano. La mujer debe decidir.

      Me sorprende que en los tiempos que corren, donde la igualdad adquiere su dimensión más pragmática, no se haya amenazado socialmente al uso del beso, para preservar la propia esfera personal de quien no debe estar expuesto a esa intromisión, e incluso que no se hayan alzado las voces populistas para lanzar ese mensaje subliminal que se hace ahora para rechazar lo que se trae en la mochila del pasado, y con ello convenir un efecto más de las reminiscencias del machismo que debe erradicarse.

        Lo cierto es que el beso mantiene su uso, e incluso extendido al saludo que pueda hacerse también entre hombres. La evolución, por tanto, ha virado en sentido contrario al que pudiera pensarse. Y ya no existe la vergüenza de antaño en el que parecía que si dos hombres se acercaban para saludarse con el doble beso en las mejillas lo era por el tinte sexual que pudiera existir entre ellos. saludos3Hoy, en cambio, los deportistas se animan dándose besos, y en todos los lugares públicos puede verse cómo los integrantes de los equipos de fútbol no reparan en esta forma de saludo, al igual que las cuadrillas de toreros  lo muestran antes de afrontar el paseíllo; cuando no se advierten extravagancias llamadas de atención entre políticos que no dudan en saborear las mieles de los labios de algún compañero o compañera, por aquello de que así se populariza la cercanía existente y la libertad de sexo y género que puedan tener. Alguna presentadora de televisión me sorprende cuando prolifera el uso del pico amistoso en la presentación de personas que acuden a su programa.

        Pero a pesar de esta aparente y fidedigna muestra de salutación cercana, recientemente he podido leer el artículo del periodista Antonio Burgos, referido a lo que denomina “besos sudados”, y que hace referencia a la crítica que hace una mujer por el efecto que le produce. Con el calor del verano conviene con humor que debería salir una disposición que los prohibiera por razones de higiene, sobre todo si quien lo da está sudado, añadiendo que igualmente debiera prohibirse el beso de piscina o de playa. Fuera de broma viene a referirse a ese prolifero y extendido uso que se hace del beso como forma de saludo y que debería experimentar alguna moderación para que las personas no se vean en permanente acoso de sus mejillas.

saludos2

         Bien parece que no hay intención de erradicar este medio, más bien extenderlo, por lo que al menos no deberían olvidarse las normas sociales que faciliten la educación que debe presidir las relaciones entre las personas, para con ello deducir que la prudencia ha de ser la norma que debe seguirse en caso de duda. saludos4Si no se tiene la certeza de que el beso sea tomado como un saludo natural, es mejor abstenerse y conformarse con el clásico apretón de manos.

        Y si llega el caso, lo apropiado será convertir el acto en algo más simbólico que de una muestra pletórica de cariño, por aquello de que el beso sonoro y que plasme la comisura bucal merece la repulsa más categórica. Los niños dan muestras fehacientes de aquellas cosas que no les cuadran, y seguro que todos conocemos casos en los que el colmo de los besucones hacen que el instinto nato de quien va por la vida con la inocencia infantil muestre cómo hacen movimientos con sus manos sobre la cara, en la clara intención de eliminar lo que no les ha gustado. Pues eso.

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