La lealtad como valor primario

          No reparo en volver una y otra vez sobre los valores que deben –o deberían- concurrir en los humanos para mejorar y hacer posible la convivencia en una sociedad que, con cierto lamento he de decirlo, parece buscar de manera frenética los ansiados objetivos materiales e intereses propios aun cuando para ello se tenga que prescindir de las más elementales reglas de respeto hacia los demás. Esa lapidaria actitud de alterar los principios si fuera menester, parece que tiene más calado que una simple apreciación humorística.

       En este momento me quiero referir a la lealtad, ese valor o virtud que todos desearíamos que estuviera presente en las personas con las que nos relacionamos, especialmente cuando se trata de seguir un proyecto común, bien sea de tipo causal por estar involucrados en la consecución de objetivos grupales de índole social o político comunes; o personal, cuando la conexión lo es hacia alguna otra persona con la que se tiene un vínculo directo. La lealtad permite que la relación se mantenga de manera fiel y respetuosa, bajo la presencia de la buena fe para que pueda darse la espalda con la tranquilidad de que nadie aproveche para cometer una traición.

Ser leal a sí mismo es el único modo de llegar a ser leal a los demás

Vicente Aleixandre

        El filósofo Josiah Royce, en su libro The Philosophy of Loyalty (La filosofía de la lealtad), publicado en 1908, venía a sostener que la lealtad es una virtud primaria, que constituye “el centro de todas las virtudes, el deber central entre todos los deberes”, de modo que conforma “el principio moral básico del cual se derivan todos los otros principios”. En sus niveles más básicos consiste en cumplir con lo que se ha prometido, incluso cuando las circunstancias son adversas, como una obligación moral que tenemos con otra persona, se trate de amigo, compañero de trabajo, familiar o pareja, y si no se hace “uno es considerado como un execrable traidor”.

       Entramos así en el momento álgido de lo que supone desvirtuar la esencia de la lealtad debida, como se dice en términos patrióticos, o la obligación natural que debe tenerse cuando las personas van de frente y sin pliegues en el camino que se sigue.

         Cuando este valor es despreciado, y el mero interés material o propio prevalece, se entra en las consideradas como crisis sociales, políticas, económicas o de convivencia, porque los enfrentamientos por alcanzar el poder en la política, en ámbito laboral, o los deseos en lo personal actúan por encima de quien deberíamos respetar.

lealtad1

       Claro que el desengaño puede adquirir distintos tintes. No es lo mismo recibir el golpe de quien no podemos esperar más respeto que el general que mantenemos los seres humanos, por tratarse de personas no conocidas y por ello mismo con ínfima o nula afección; o recibir el ataque inesperado de quien solo podías esperar ayuda y apoyo, por aquello de la cercanía de la convivencia y el compromiso moral que se mantiene. En este último caso es evidente que es mucho más fácil abrir la herida precisamente por la desprotección personal que se pueda tener de quien esperas ayuda y no traición.

       A veces el daño se percibe de forma sibilina, elemento este de especial contundencia para sentir la deslealtad cuando la vas descubriendo, por aquello de que no solo puedes sentirte traicionado sino también despreciado e infravalorado, por infundir un daño que aun cuando para el atacante no revista la entidad suficiente, el mero acto de indicio e inicio en la falta de respeto moral produce el efecto desencadenante de la pérdida de la confianza mantenida. Nada podrá ser igual cuando se ve un resquicio en que es posible la alteración de los valores.

        Los que somos seguidores de esa serie de televisión llamada Vikingos, que reproduce la esencia de los habitantes de antaño del norte de Europa, con el protagonismo en sus primeros capítulos del líder Ragna Lodbrok, hemos podido descubrir pasajes donde la crudeza y violencia no impide vislumbrar verdaderas muestras de los valores humanos. Aunque parezca mentira, en ese pueblo bárbaro la amistad y la camaradería eran valores sostenidos por sus habitantes. vikings-2En este caso y para lo que me interesa destacar, se muestra una escena en el que el más cercano amigo a ese líder, el gran Froski, constructor de los navíos que permitían las travesías en busca de nuevos mundos, y totalmente volcado hacia esos dioses que exigían permanentes sacrificios, muestra recelo del acercamiento que tiene Ragna con un cristiano y lo mata. El líder lo captura y con gran dolor interno le infringe el castigo de preso con la mayor de las humillaciones posibles, “para así no convertirlo en un mártir que valoraran los dioses”. La compañera sentimental de Ragna le hace ver lo liviano de la traición, pero el líder responde furioso, en una escena sorprendente en la que viene a decir con altiva voz que “no se trata de cristianos ni de fe”, “sino de lealtad y confianza“. Lo nimio, pues, no altera el gran dolor que produce la traición y el desprecio del amigo, cualquiera que pudiera ser el tema cuestionado.

“Si consigues encontrar a un amigo leal y quieres que te sea útil, ábrele tu corazón, mándale regalos y viaja a menudo a verle”

Proverbio vikingo

         Y es que hablar de lealtad implica que exista una relación de especial intensidad, y por ello mismo se debe algo más que agradecimiento. Al final, la lealtad se relaciona muy estrechamente con otros valores como la amistad, el respeto, la responsabilidad y la honestidad, por convenir algunos de los especialmente relevantes. Por esto, los servidores leales no son fáciles de encontrar…y mantener. Cuando así ocurre se hace madurar la amistad y fortalecer el afecto. Con la tranquilidad de sentirse respaldado.

“Rodéate siempre de servidores leales y dormirás tranquilo”

Marco Aurelio (Emperador romano)

       Y si has sentido la traición, cura tus heridas y aprende a seleccionar de futuro, con especial cuidado, a las personas en las que puedas confiar. Aunque las personas quieran cada vez más adentrarse en el camino corto para obtener el pronto beneficio, lo cierto y verdad es que el éxito y la buena camaradería, para obtener su plenitud, precisa de que se vaya por la vida con lealtad, en el amplio sentido de lo que representa.

“El éxito es el resultado de la perfección, trabajo diario, aprendizaje de los fracasos, lealtad y persistencia”

Colin Powell

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