La dificultad de conocer a las personas

         La interacción personal que tenemos en la gran variedad de comunicaciones que vivimos día a día, tanto en el entorno familiar como en el trabajo, en la vecindad, en la calle, como en un sinfín de relaciones sociales y protocolarias que existen, nos permite acercar posiciones con otras personas a las que, tras el prolífero contacto llegamos a considerarlas como algo más que conocidos. Nos vanagloriamos de decir, llegado un momento, que son amigos e incluso entrañables amigos, en la convicción que este devaneo mantenido nos ha permitido conocerlos en su integridad.

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          Ocurre por igual en las relaciones de parejas, que manteniendo unos pocos encuentros ya creen haber descubierto el universo que integra la persona por dentro.

          Pero conocer a las personas en su verdadera esencia no es tan fácil como la apariencia pueda demostrar. Para no vernos sorprendidos conviene tomar las precauciones oportunas antes de confiar y abrirse, tal como nos enseñara Aristóteles cuando sentenciaba que “El sabio no dice nunca todo lo que piensa, pero siempre piensa todo lo que dice”. La cautela, la precaución es y debe ser fiel compañera de nuestra inteligente actuación. Porque, como también reza un dicho popular originario de los nahuas o mexicas, “Cara vemos, corazones no sabemos”, significado claro de que no puede confiarse en las apariencias de las personas porque nada dicen sobre lo que son ni sobre lo que piensan.

        Un somero análisis apoyado en vivencias o que haya podido advertir me lleva a repasar algunas de las cuestiones que a mi entender ayudan a descubrir a las personas en su verdadera esencia. Para saber con quien estamos o en qué entorno nos movemos.

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  1. La sonrisa.

       La persona franca, la que va de frente irradia felicidad en su fisonomía, en su risa natural. Quien finge una sonrisa no la acompaña con la expresión de sus ojos. Delata candidez pero no sinceridad. Más vale desconfiar de quienes siempre tienen esa cándida sonrisa propia de las hienas.

    2. Los halagos.

      Quien va de frente no necesita más que estar a tu lado, acompañarte en el camino, compartiendo el terreno, sin aspavientos. Cuando alguien se nuestra desmedido en halagos, realizan comentarios fuera de lugar, adulan en demasía, lo único que propician es una rara sensación que incomoda. El “peloteo” es un claro síntoma de falsedad.

   3. Las actuaciones.

     Una persona que actúa sibilinamente cuando le vuelves la espalda o no estás presente, con posturas contrarias a cómo te gustaría que actuase, denota tener una doble faceta personal que para nada te favorece. A buen seguro que muchas de esas actuaciones pensarán los demás que han sido decididas por ti, en esa vinculación que adopta para creencia de terceros. No hay que olvidar mirar casi de forma permanente por el espejo retrovisor.

     4. La confianza.

      La confianza es un valor fundamental en las relaciones estrechas entre dos personas que se consideran amigas y las que tienen un fuerte arraigo personal o profesional. Confiar es, en principio, dar carta de naturaleza a la otra persona para que actúe en el convencimiento de que sus pasos no producirán en ti perjuicio alguno. Para que actúe como si fueras tú mismo. Pero a veces, las personas en las que confías no son tan sinceras y fieles como pudieras creer y, con abuso pleno de esa confianza otorgada, actúa excediéndose para, en definitiva, perjudicarte sobremanera.

    5. El egocentrismo.

     Elemento igualmente llamativo para saber con quién tratamos es la comprobación que podamos detectar del egocentrismo que les caracteriza. Si buscan hacerse protagonistas, llamar la atención, para con ello convertirse en el centro de atención, no hay la menor duda que concurre otro elemento de singular relevancia para conocer el trasfondo que tiene esa persona. Como van adquiriendo cada vez más confianza, al final se superponen incluso a ti, para que quede claro su papel preponderante.

     6. El ambiente.

      Las personas apropiadas de mantener en tu círculo son las que generan buen ambiente respecto a lo que pueda afectarte, incidiendo en tí para que mantengas una actitud positiva y de respeto a los demás. Por el contrario, las personas cercanas que creemos conocer pero que esconden otro mensaje, suelen aprovechar los instantes precisos para inculcar quejas, críticas y pesimismos de cuanto observan alrededor. Inciden en ti tan negativamente que, a veces, sin pararte para meditar los pasos que des, tomas posturas con un exacerbado extremismo.

      7. La convivencia con los demás.

      Cuando te rodeas de las personas adecuadas fluye la unión y la apertura hacia los demás. Como popularmente se dice: “actúas sanamente”. Más puede ocurrir que quien se apodera de tu confianza tienda a no perder el status adquirido. Para ello, no dudan en convertirte en una isla infranqueable, para que nadie ose traspasar lo que ya creen que es suyo. Solo unos pocos privilegiados, carentes de fuerza proactiva para acaparar tu atención, tendrán la oportunidad de traspasar la frontera. Los nuevos amigos o conocidos serán elegidos por ellos mismos, con la habilidad propia que caracterice convencerte de los pasos a seguir.

     8. La interioridad de los valores. 

      Cuando las personas transmiten felicidad el ambiente se relaja. Pero para ello ha de tratarse de personas verdaderamente felices en su interior. Cuando, por el contrario, lo que fluye es la infelicidad que irradian, y esas personas aparentan lo que no son, surge el problema. La absorción que tienen llevan a que la felicidad la centran exclusivamente en ti y para ello no habrá obstáculo alguno que no estén dispuestos a superar. Pero no deben confundirnos pues la felicidad ha de ser compartida y con la compañía apropiada, por lo que si se observa que se utilizan máscaras, hay que afrontar el asunto con la galantería de dar por concluido el camino que se seguía.

        9. Los momentos difíciles.

      Especiales son los momentos en que necesites la comprensión de las personas cercanas. Ahí verás realidades que denotarán si quienes tienes alrededor son personas de las que se califican como tóxicas por esconder falsedades no descubiertas, y que en esos instantes se apartarán con sigilo, o demuestran con su actitud activa que siguen acompañándote en el mismo camino. Aunque resulte complicado, convendría asegurarse -o al menos tener una aproximación- de cómo pueden actuar las personas cuando lleguen estos instantes de necesidad.

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        En definitiva, conocer a las personas que nos rodean se convierte en un objetivo necesario. Porque lo que se busca es conseguir compañeros de viajes que sean alegría en el cansancio y fuerza en el avance por la vida. Encontrarlas, y mantenerlas, debe ser nuestro gran reto personal.

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       Concluyo ya con una referencia a una reflexión hecha por una persona en las redes sociales y que me ha conmovido. Primero, por la claridad de ideas que expone para llegar a conocer y valorar a las personas correctas, las que están de verdad. Y segundo, porque el texto lo realiza una querida alumna universitaria que tuve en su momento cuando impartía clases en la Universidad, y que me llena de orgullo ahora apreciar los valores que complementaban su formación universitaria. Permíteme Carmen Gutiérrez que te felicite y comparta desde aquí el sentimiento que plasmas.

“Quizás unas de las verdades que la edad te regala sin pedirlo, es la selecta selección que nuestro subconsciente hace basado en sutiles detalles que afinan la intuición, con respecto a las personas que nos rodean.
Cuando clasificamos mentalmente nuestras relaciones en prioridades u opciones lo que hacemos realmente es movernos en función del valor que le damos a unas u otras personas. Por lo tanto, abre los ojos todo lo que puedas y, si te das cuenta de que no te dan el valor que te mereces, no lo ruegues: mendigar atención es algo que sí que no se merece nadie.
Las personas correctas son las que te cuidan con millones de detalles, las que se quedan a tu lado cuando todos se van, las que saben que hay guerras que no son suyas y deciden estar a tu lado. Las personas correctas no permiten que la derrota y el sufrimiento te invadan, son aquellas que te sacan una sonrisa incluso con lágrimas y desdramatizan cualquier argumento.
Llevad a esas personas a vuestros lugares mágicos. Compartid lo invisible en lugares visibles.
Vivid en paz y con conciencia plena…”

Dixit (ha dicho)

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