Las personas que nos rodean

         La reflexión que hoy me propongo hacer lo es respecto al tipo de personas que podemos encontrar en nuestro entorno y que, a la postre, son las que intervienen de un modo u otro en la propia evolución de cada uno. Porque eso de vivir aislado, además de resultar imposible, no puede ser recomendable dado el civismo que proporciona la sociedad en la que nos movemos e integrarse en la especie humana. No se me escapa que hay ermitaños que rompen con el mundo para inmiscuirse en su propio territorio, en una soledad buscada de propósito, pero se trata de casos aislados porque, como se dice popularmente, de todo tiene que haber en la viña del Señor.

         En una lectura sosegada de los análisis que se hacen al respecto, por esos que estudian los valores y comportamientos de los seres humanos, me ha llamado la atención una clasificación que relata una realidad que, cuanto menos, he podido sentir en mis propias carnes en algún momento de mi vida.

Teamwork paper chain people

          Se agrupan así las personas de tu entorno en tres grupos claramente diferenciados:

          El primero de ellos está comprendido por los que más escasean. Los que estando presentes contigo en los momentos de felicidad o brillantez, conviviendo pacíficamente como otros tantos, resurgen con mayor énfasis para dar la cara en los momentos complicados. Cuando la gran mayoría echa a correr, aquí están esas personas, amigas por supuesto en la amplia acepción de la palabra, que se vuelcan para que no decaiga el desánimo y levantes el espíritu que pueda faltarte para proseguir con el día a día y combatir las eventuales circunstancias negativas que te hacen tambalear.

         Unas personas que, por ser escasas más valor tienen y más debes apreciarlas para cuidarlas y conservarlas. Te proporcionan la energía necesaria para vivir. No ha hecho falta que hayan estado siempre y en todo momento conviviendo o participando de tu actividad cotidiana, sino en la cercanía que les permita ver cuando la cosa no va bien simplemente con mirarte y conversar un instante contigo. Te llegan a conocer tanto como persona que faltará poco para que detecten cualquier anomalía y se pongan en alerta total para ayudarte. Puede por tanto decirse que se trata de las personas que te ayudan en los momentos difíciles.

          El segundo grupo es el más abundante. Los que están contigo casi de cotidiano o no, tampoco eso es importante, pero sí te abrazan con el esfuerzo físico contumaz como para quererte demostrar que son tus fieles amigos y compañeros. La mayoría te van necesitando para conseguir sus propios propósitos y son como ese pájaro que se llama “cuco” por algo, por la picaresca que van teniendo en la vida para ir medrando y engañando a todos y proseguir en su escalada personal.

        Un grupo de personas que te fallarán en los momentos difíciles. Algunos de ellos posiblemente los tengas más que calados de antemano, pero otros van a constituir auténticas sorpresas desagradables, por aquello de haberlas considerado como de máxima confianza y ahora advertir todo lo contrario.

        En fin, el tercer grupo es ya de peligrosidad extrema. Se trata de esas personas que permanentemente te ponen en situaciones difíciles. Los tóxicos, los que debemos excluir cuanto antes de nuestro circulo. Y lo más importante, no merecen ningún tipo de comprensión ni de atención porque precisamente es ese el objetivo que buscan, el de desestabilizarte y propiciar tu hundimiento moral. Alejarse de ellos significa que, teniéndolos a la vista para advertir sus movimientos, no se entre en ninguno de sus juegos, ni en la palabrería vaga y del insulto que, a buen seguro, utilizarán casi permanentemente porque esa es la educación que tienen. Erradicarlos para que la indiferencia les mortifique.

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       Una visión del grupo de personas que puede fácilmente detectarse, porque a casi todos, en mayor o menor medida, nos habrán pululado alrededor. Lo importante, saber distinguir sin confundirnos por las meras apariencias, para apreciar y valorar a los que verdaderamente merecen la pena.

 

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