Aplicar la regla de los tres 8

         No es nada infrecuente ver en los distintos manuales psicológicos al uso, y repetidamente dicho por los especialistas en la materia, que las veinticuatro horas del día deberían pasar por el cumplimiento de la regla de los tres 8, esto es, ocho horas para trabajar, ocho horas para dormir, y otras ocho horas para el disfrute y ocio de cada uno. Un buen parámetro de medida que compensa y equilibra tres necesidades digamos básicas, para elaborar, disfrutar y descansar.

         Ocurre que, con resultar tan sencilla la distribución, sin embargo no es tan fácil de cumplir. Al menos así lo veo yo. Porque no somos máquinas que se nos programe sino seres con sentimientos y con una cabeza que juega lo suyo. Sí parece que, con el devenir de los tiempos modernos, se viene rompiendo ese afanado deseo de trabajar y trabajar para poder conseguir unos ingresos que hicieran sostenible la familia, y hasta el más pintado quiere y busca sus momentos de esparcimiento y dedicación al entorno familiar y personal. La limitación de la jornada laboral es una de las reivindicaciones más precisas que se hacen, juntamente con medidas favorecedoras de la conciliación entre lo laboral y lo familiar y personal.

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       Pero el factor trabajo, fundamentalmente, es un elemento que puede pesar sobre los otros, por ese incombustible deseo que tiene de convertirse en la pieza principal del esquema. No lo digo solo, aunque puede tener su incidencia, en el hecho de conseguir cumplir este estricto horario día a día. Si lo refiero es porque que según sea el tipo de trabajo y cómo se desarrolla la jornada laboral, podría comprobarse la influencia que tiene sobre el resto del día.

       Es claro que si el trabajo no es del agrado, o la jornada ha sido dificultosa y ha supuesto un serio contratiempo, al momento de tener el deseado ocio y dedicación personal podría comprobarse la dificultad que tiene para desconectarse. A la postre, resta vigor y plenitud de disfrute. Y, como no, cuando el problema laboral persiste en la mente, la incidencia en el sueño es notoria. Conciliar el sueño o incluso llegar al insomnio es algo que no se descarta.

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        La relevancia pues está en encontrar ese trabajo en lo que nos permita estar a gusto, hacerlo con agrado en aquello que nos genere motivación, y que lleve a conseguir la felicidad en lo laboral porque, como certeza se ha dicho, si se trabaja en lo que gusta y se duerme con la conciencia tranquila, se tienen resueltos dos tercios de la vida.

       Obviamente, también muestran su incidencia los otros elementos en liza. Si el momento de disposición personal no fluye con normalidad, incidirá en el sueño necesario para el organismo y con ello, al final, la repercusión en lo laboral está asegurada. También los desajustes en los sueños tendrán su reflejo en trabajo y familia.

       Por ello mismo, la preparación mental de cada uno debe sopesar cómo aprovechar cada uno de estos intervalos temporales del día, intentando que la felicidad pueda fluir en cada momento, para al final equilibrar una regla que, sin duda, es importante que llegáramos a cumplirla en orden a una vida saludable. Pensemos y hagamos por educarnos para conseguir los objetivos propuestos. Para hacer felices a los psicólogos y, en especial, a nosotros mismos.

 

2 comentarios en “Aplicar la regla de los tres 8

  1. Soledad Arroyo Martínez

    Qué sencillo parece a simple vista lo que venimos escuchando como “lo ideal” , justamente eso, 8 horas para cada cosa. Pero qué complicado tal y como muy bien relatas. Son muchos los factores o combinaciones de ellos los que impiden que se cumpla la regla, pero cuidado que hay personas que no necesitan las 8 horas de sueño, que incluso no son capaces de llevarlas a cabo. De todo hay “en la viña del Señor” y por ello, quizás la clave está en eso a lo que haces referencia en tu relato y que yo considero que es fundamental: “la preparación mental de cada uno”; cuestión ésta quizás más complicada que ninguna otra, porque no siempre uno está preparado para todas las situaciones que te puedan quitar el sueño o interferir en tu vida hasta el punto de desbaratarla.La vida te va enseñando poco a poco y hay que saber escucharla.

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