Badajoz realza la figura del General Menacho

         En una reciente conferencia a la que tuve ocasión de asistir escuché a María Fidalgo Casares -analista social y crítica de arte y literatura y Académica de la Historia de Andalucía-, que venía a decir que desde hace aproximadamente unos cuatros años acá se ha producido una especie de levantamiento del velo respecto a lo que es o ha sido la historia de nuestras instituciones y de las eventualidades y personajes que han hecho posible que estemos donde ahora nos encontramos.  No le falta razón a la prestigiosa doctora porque, a decir verdad, en España hemos mantenido una apatía enorme –por no decir casi desprecio- a todo cuanto nos ha precedido. Incluso, creo no confundirme por lo que voy a afirmar, hemos padecido hasta un cierto complejo que nos impedía hablar de lo pasado, por aquello de que se había vertido tanta mentira suelta que han tenido que venir a revolucionar el patio cronistas e historiadores que sin cejar en su cruzada, obtienen ahora un resultado importante y del que, sin lugar a dudas, me alegro infinidad.

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          En la tierra y localidad en la que vivo, Badajoz (Extremadura), no son pocos los hitos y personajes que podrían salir a la palestra, por aquello de que bien merecido se tienen salir de esa postergación en la que se han visto envueltos, y que se reviva y reconozca públicamente lo mucho que hicieron en tiempos convulsos. Ya se ha resaltado el papel de Manuel Godoy (favorito y primer ministro de Carlos IV), y el honor que hoy envuelve a la ciudad para aclarar muchas de los improperios vertidos sobre él, para reconocer su papel preponderante en la historia política de España (ver mi entrada   Manuel Godoy, en las entrañas de Badajoz).

          Ahora salta a la palestra con especial énfasis y profusión el conocimiento de otra figura significativa en la historia de la ciudad, el General Rafael Menacho y Tutlló, complementando ese atributo que tenía en el monumento situado en el Baluarte de Santiago, que fue erigido el 2 de mayo de 1893 para conmemorar su figura, diseñado por Julio Carande Galán y realizado por los marmolistas Antonio Zoido y Antonio Almendros, que consta de una columna sobre pedestal de ocho metros de altura, realizada en mármol portugués, italiano y de Alconera, y rodeada por cuatro leones de mármol. En el pedestal de la columna se reflejan escenas militares alusivas al personaje.

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        Además de ello, a los badajocenses les resulta familiar el nombre por corresponder a la Calle Menacho, la que atravesando parte de la ciudad conduce al antedicho monumento. Sin olvidar que el claustro de la Catedral acoge el mausoleo donde descansan sus restos desde que finalmente pudieron ser trasladados a él tras una serie de peripecias propias de los momentos en que Badajoz era un hervidero bélico.

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        Pero, a decir verdad, y a salvo de los más avezados paisanos que conocen las hazañas del General y la defensa encarnizada que hizo de Badajoz, la ciudadanía no ha sido plenamente consciente de este militar de renombre que dio su vida defendiendo el sitio.

        Rafael Menacho y Tutlló nació en Cádiz en 1766, consagrando su vida al ejército desde los 18 años, destacando por su valor en Ceuta contra el emperador de Marruecos y en Cataluña contra los franceses. Luego, al declararse la Guerra de la Independencia fue destinado a Extremadura, y tras varios enfrentamientos, el definitivo le llegó en enero de 1811 cuando el mariscal francés Soult comenzó el sitio de Badajoz. Hasta en tres ocasiones ofreció a Menacho que rindiese la ciudad y salvase su vida, recibiendo siempre la negativa del General. En una de esas frases que figuran en los documentos de la época puede verse como decía con ahínco que “sería sepultado en las ruinas de Badajoz antes que entregar la plaza a los franceses”. Un vaticinio que, en cuanto al desenlace fatal, tenía visos de producirse.

         Efectivamente, el 4 de marzo de 1811, cuando arengaba a los soldados en la muralla, una bala con metralla de 280 gramos le penetró el abdomen quedando alojada entre el intestino delgado y el colon, muriendo en minutos y comenzando su leyenda. Su muerte produjo honda conmoción, gran desánimo y hasta pánico. Tanto que seis días después de este acontecimiento, Badajoz se rindió a los ejércitos de Napoleón.

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        Fue enterrado en una cripta en el panteón de canónigos del sótano de la Catedral badajocense, por temor a que sus restos fueran descubiertos y profanados por los franceses. En 1880 se recuperó, aunque incompleto por haber sido el panteón saqueado, y que según el acta levantada al efecto comprendía: “…una gorra militar de paño con insignias, una faja militar de seda, de color hoy indefinido por efecto de la acción del tiempo, con borlas, un bastón de mando, una espada, un calzón de punto, restos de una casaca militar y un par de botas altas…sobre la cara anterior del sacro se encontró un proyectil, de forma esférica, de hierro fundido, análogo a los granos de metralla de mayor volumen…”, Después, las reliquias corrieron numerosas peripecias. En 1941 fueron saqueadas en Badajoz. En 1988 se llevaron en parte a Tenerife. Después al Alcázar de Toledo. Antes, en 1911, centenario de su muerte, se trasladó el cuerpo al mausoleo del claustro.

       Ahora Badajoz revive acontecimientos. Se realiza una exposición en el antiguo Palacio de Capitanía de Badajoz que acoge algunos de sus efectos personales, depositados de forma temporal en este recinto por virtud de lo dispuesto en la orden que se publica en el Boletín Oficial de la Defensa de 5 de abril de 2018: las botas, los calzones y la faja del General, un cuadro suyo original del Museo del Ejército y reproducciones de su uniforme y de los diarios que escribió durante el sitio de Badajoz.

          Aumentan los ciclos de conferencias para recordar los momentos que se vivieron y ven la luz publicaciones de estudiosos de la historia de la Guerra de la Independencia, como el doctor Jacinto J. Marabel, que hace relucir una gran obra que narra la gesta de Rafael Menacho y de los hombres que le acompañaron en Badajoz, “Indomables. Historia del General Menacho y el cerco de Badajoz”. Un título sugestivo para definir que esos hombres “demostraron ser indomables a los ojos de la Historia”, como haya dicho el autor.

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        Y fluyen asociaciones cívicas e históricas que refuerzan el resurgir de esta importante etapa de la historia de la ciudad.

        Hasta que por fin llega la culminación de este ferviente deseo de reabrir los recuerdos del General. Se realiza una grandiosa escultura de Rafael Menacho alzado en la muralla derruida, momentos antes de morir. En su mano derecha lleva el sable listo para atacar y con la izquierda invita a las tropas a seguirle en la batalla. Un rostro sereno ante la muerte que se encuentra cerca. La ubicación final es en la medianía de la Avenida de Huelva, cerca a la Delegación del Gobierno y al sitio donde se produjeron los acontecimientos bélicos.

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        En su realización intervienen varias figuras de reconocido prestigio. La escultura, de unos tres metros y 800 kg. de peso, es realizada por el artista madrileño afincado en Toledo, Salvador Amaya, especializado en Historia de España, sobre un boceto de Augusto Ferrer-Dalmau.

            Del escultor hay que decir que cuenta con numerosas y reconocidas obras en otros emblemáticos lugares (como el monumento a Blas de Lezo ubicado en la Plaza de Colón de Madrid, el de Isabel la Católica y también Cervantes en Navalcarnero de Madrid), para referirse a su arte con estas significativas palabras que plasma en su blog: “Soy esclavo de las sombras que aclaran toda inspiración: mi vida sería silencios y esperas sin el balbuceo de mi obra”. Un incidente acaeció mientras realizaba este encargo de Menacho, al sufrir un infarto que el mismo minimiza en el sentido de decir que no podía dejar inconclusa esta obra. Cumplió plenamente con su gran obra y la presencia física en la instalación en el lugar que se ubica.

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          Del pintor que es sobradamente conocido por el realismo y extraordinaria belleza que inserta a sus cuadros bélicos, y de ahí que sea conocido como “pintor de las batallas” desde que lo apodara así su amigo Arturo Pérez Reverte. En sus numerosos reconocimientos se encuentra el más reciente de haber sido invitado para representar a España en el centenario de la conmemoración de la victoria de los ejércitos aliados en la Primera Guerra Mundial, exponiendo en el Museo Nacional de los Inválidos de París tres de sus obras: “La expedición de Coronado“, “La despedida“, y “La Degollá” que representa una carga de caballería española en la Guerra de la Independencia.

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         A los pies de la escultura de Rafael Menacho se aprecia la muralla a la que asoma, una base de tierra diseñada por Curro Agudo Mangas. Y se sitúa sobre un pedestal de unos tres metros y medio, en cuyo frontal puede leerse la siguiente leyenda:

La muy noble y muy leal ciudad de Badajoz al General Menacho. Dulce et decorum est pro patria mori. Este monumento fue erigido reinando S.M. El Rey Don Felipe VI. Abril 2019”.

         En el otro lado se puede leer lo siguiente:

General Rafael Menacho y Tuttlló, Cádiz 1766. Benemérito de la patria en grado heroico. Muerto en el Baluarte de Santiago el 4 de marzo de 1811 cuando dirigía la defensa de Badajoz tras resistir 38 días de asedio”.

          Con esta escultura de extraordinaria belleza se pone cara al personaje histórico y se realza su intervención en unos momentos difíciles para la ciudad. El ciudadano y visitante que pase por sus inmediaciones descubrirá la grandeza de la obra.

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4 comentarios en “Badajoz realza la figura del General Menacho

  1. mario begines

    Suelo leer a María Fidalgo en la revista de Pérez Reverte y me encanta como lo hace. Lamentablemente esa conferencia no pude ir y lo sentí mucho. A ver si se prodiga de nuevo en Badajoz, donde me consta que tiene amigos como en Almendralejo. Felicidades por la entrada. Mario Begines

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