¿La indiferencia como solución?

Nos estamos moviendo en un terreno tan resbaladizo que en cualquier momento puede producirse un serio problema social en España. Y si no aparece ya como resultado de la crispación lo es por –al menos así puedo detectarlo- por la indiferencia que mostramos. Nos inunda tanta información, variopinta aunque sesgada en su alcance, dirigida para despistar los temas de verdadera relevancia, machacona e insistente con lo que se quiere inculcar,  y que sale muchas veces de bocas tan sucias que, al final, el cansancio nos abruma y nos lleva a eso que parece detectarse y que no es otra cosa que la indiferencia, como manera de protección o autodefensa ante lo que se considera que puede dañar física, moral o emocionalmente. Un estado de neutralidad que realmente supone huir de los depredadores.

Esa indiferencia se contagia y traspasa la frontera de lo individual para convertirse en un arma letal colectiva, destructiva de la característica más sobresaliente del ser humano que no es otra cosa que la convivencia, el vivir en sociedad de forma pacífica y con la sociedad. Además, llega a mostrarse en todas las facetas, porque nos cansa y aburre la política, los gobernantes, los medios informativos, las tertulias programadas, las soporíficas reuniones de vecinos, el poco compañerismo que se advierte en el trabajo, los infortunios de los demás que la mar de las veces son meros artificios para el engaño, la agresiva competitividad deportiva, el amiguismo como bandera de los corruptos, la utilización de la democracia para hacer lo que se quiere e impedir que el de enfrente cuestione lo que se hace, y un largo –muy largo- etcétera. Todo un arsenal de vivencias humanas que están viciadas por los propulsores de este estado agónico, que no son otros que los que se mueven en el barrizal con soltura y aprovechamiento. La dejadez de los demás es el gozo más productivo que consigue quien de otra manera no tendría posibilidad alguna de hacerse ver y oír.

Cuanto más sensible es la persona humana, más tiende a la búsqueda de la indiferencia para apartarse de problemáticas ajenas. Por lo mal que se pasa internamente y, por qué no decirlo también, por el miedo que empieza a sentirse ante lo turbio del sistema que se tambalea con cierta profusión.

Al final, puedo observar un mundo más proclive al silencio, a no alzar voces aunque el ataque voraz de los depredadores de sentimientos ajenos sea de lo más contundente. E incluso, como si padeciéramos algún tipo de enfermedad, no solo utilizamos la indiferencia para dejar hacer a los demás lo que le plazca sino que, si llega el caso, apoyamos a los propulsores del lamentable espectáculo. Porque al final, para el indiferente, lo importante es que se le deje en paz y no se le haga padecer fuertes trastornos de cabeza o se le señale impunemente. El lema del indiferente es “vive y deja vivir”, pero sin padecer contrariedad alguna, aunque sea viendo la catástrofe colateral porque, si hace falta, también nos tapamos los ojos y cerramos nuestros oídos. Para poder vivir.

Este aire parece cada vez más fuertemente contaminado, y no solo por el terrible virus que asola el mundo y que, lamentablemente, está escudando y protegiendo a los que, diciendo que hacen, no pierden comba para seguir en ese turbio horizonte que ven cercano de conseguir. Con el apoyo de los que debían mostrar un poco más de cordura, y con el camino abierto que propicia la indiferencia de la sociedad cabal de este país.

No, no es solución la indiferencia, aunque ahora lo pensemos así por aquello de que nunca creemos que el mal de la sociedad pueda acechar nuestra pacífico y cada vez menos terreno privado. Porque como dijera Martin Luther King, “no me duelen los actos de la gente mala, me duele la indiferencia de la gente buena…”. Nunca será tarde para despertar, aunque mejor cuanto antes para que el remedio no impida ya sanar.

6 comentarios en “¿La indiferencia como solución?

  1. Ángel Luis Pérez

    Muy cierto lo que tan magníficamente cuentas y muy fuerte la tentación de dejarse llevar por la comodidad de la indiferencia, yo sucumbo a ella con frecuencia aún siendo consciente de que puede ser una decisión suicida a largo plazo 😔.

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