Una visita al Colegio San José de Villafranca de los Barros

Hay instituciones académicas que, con su propia historia, mantienen sus principios inspiradores no sin encontrar las múltiples trabas con las que hoy en día se encuentran, producto y consecuencia de ese intento de alejar la educación de lo privado, al menos en cuanto pueda suponer recibir subvenciones que permitan su supervivencia. Un claro exponente se encuentra en los colegios religiosos de corte católico, a los que parece declararse la guerra por aquello de encontrarnos en un país que, con la Constitución en la mano, se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto y se especifica el carácter aconfesional del Estado.

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Cada cual a lo suyo

Resulta consustancial a la vida que nos haga parecer como seres inmutables al paso del tiempo y que consideremos estar aquí más allá del marcado para nuestra existencia física. La cuestión es que vivimos envueltos en ese dinamismo que lleva a perder mucho tiempo en cosas triviales para hacerlo irrecuperable cuando dejamos de dormitar despiertos.

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La voz de la ciudadanía

Si hay algo que mide el estado de cuanto sucede es la opinión que muestren los ciudadanos, con el ferviente deseo de ser escuchados para que se reaccione desde aquellas posiciones altaneras que dilucidan el camino que se sigue -o debe seguir- el pueblo llano. Esa es, quizá, la mejor encuesta que se hace en tanto no sea provocada por los que tergiversan las realidades por intereses espurios de todo tipo. Y debería ser, sin duda alguna, la base misma de la libertad democrática. Una evidencia popular de ciudadanía ética que, como vaticinara en su momento el escritor Víctor Corcoba, esté alejada de los simples dispensadores de política.

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Tocar fondo

Resulta admirable ver a esas personas que envueltas de una autoestima considerable caminan por la vida con el entusiasmo necesario para que la felicidad irradie en sus movimientos. Y no es porque hayan dejado esas cruces que cada ser viviente lleva a cuestas, porque la vida sonríe por etapas cuando no se ve cubierta por los nubarrones que acechan inesperadamente. Son así por la sencilla razón de que su positivismo aflora por doquier. Por su carácter. El caso es que este tipo de personas transmiten la vitamina necesaria para que los afortunados que se les acerquen salgan fortalecidos en su ánimo y actitud. Diferentes muy mucho de otros que, sin aparente justificación o con ella ínsita en lo recóndito de su ser, van incordiando hasta convertirse en personas tóxicas que contagian cuanto encuentren en su camino.

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Por los Picos de Europa: la ruta del Cares

Cuando el senderismo te atrae es fácil que se busquen retos para satisfacer las placenteras pretensiones de admirar la naturaleza caminando. En las entradas que he ido realizando en el blog han podido verse muchos de esos “paseos” que para mí significan las distintas rutas en las que me involucro. Ahora cumplo el deseo de acercarme a los Picos de Europa para conocer en sus entrañas una ruta que fue abierta entre 1945 y 1950 para que los operarios de la central hidroeléctrica de Camarmeña pudiesen acceder a los canales de aguas que llegan hasta la presa de Caín (León), una vía de comunicación entre esta población y Poncebos (Asturias). Hoy en día constituye uno de los itinerarios de montaña más populares de los Picos de Europa.

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Brilla una nueva estrella

Qué tendrá el cielo que cada día acerca a más estrellas. Qué sabio es quien domina ese universo que acoge a tantas y tantas personas que te dejan de continuo en la más exasperante soledad. Hay que estar muy ávido para poder reaccionar ante tanto robo de amor y de complaciente felicidad porque los desgarros duelen cada vez con mayor intensidad. Será que el colectivo de cercanos convivientes se va viendo disminuido con un silencioso proceder que te llega a erizar el cabello. Más no pueden doler las bajas que se producen en un ejército que hasta hace bien poco resultaba poco menos que inimpugnable. Invencibles sí, eso creíamos, pero con los avisos de entrar en un pantanoso terreno donde cualquiera puede sucumbir a veces sin dar tiempo para reaccionar.

Este desaliento que muestro es ante el dolor de haber perdido a una de las personas que sin llegar a ser familia lo era de corazón. Arraigado a mis entrañas por el devenir de tantos y tantos años participando de una transparente amistad y camaradería. De esos seres que han venido al mundo a hacer cosas buenas, a ayudar al prójimo con tan solo la sonrisa y el humor, pero con la carga de profundidad de no decaer nunca y darte los necesarios empujones para seguir con las espaldas bien cubiertas. Reí y lloré a tu lado en muchas ocasiones, y comprendías mi dolor cuando las heridas supuraban. Grande por fuera pero también por dentro. Ahora me quedo huérfano de un puntal más. Pero no dejaré de mirar a las estrellas para entender que estás en el mejor de los sitios posibles. Seguro que desde ahí también puedes seguir dándome tus siempre acertados consejos, aunque los tenga que oír con el ligero susurro del aire que aterrice en este terrenal mundo que sigue su propia existencia. No dejaré de repasar todos los pasajes de la vida que pude compartir contigo. ¡Cuánto aprendí de ti!

Ángel de nombre pero también de carisma. Bueno de apellido como era su actitud.

La regresión de la separación de poderes

El devenir de los tiempos es un claro exponente de la evolución de la sociedad, tanto como para que el progreso se convierta en el resultado cierto de un caminar en la lógica de la vida. Estamos acostumbrados por ello a que día a día se descubran o aparezcan elementos o situaciones tan llamativas como para que se nos vengan a la mente nuestros antepasados y exponer el asombro que recibirían “si levantaran la cabeza” en estos instantes.

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Historias sobre tareas y oficios (y III)

En unos momentos de mi vida conocí a una familia procedente de Acebo (Cáceres), que me permitió admirar un trabajo artesanal tan difícil y delicado como es el encaje de bolillos. Consiste este oficio, casi exclusivo de mujeres, en una técnica textil de entretejer hilos que inicialmente eran enrollados en bolines, conocidos como bolillos, para manejarlos mejor. A medida que progresa el trabajo, el tejido se sujeta mediante alfileres clavados en una almohadilla, llamada «mundillo». El lugar de los alfileres normalmente viene determinado por un patrón de agujero tos en la almohadilla.

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Historias sobre tareas y oficios (II)

He vivido las tareas del campo de manera muy cercana. Mi abuelo y mi tío me hicieron ver la dureza de trabajos que hoy en día son llevados con otros medios que facilitan la labor. Pero el recuerdo no puede quedar atrás en mi mente aunque sea ahora para deleite de una infancia que estuviera llena de ingenuidad ante estos trances laborales, si bien permite valorar lo que hoy se tiene y las ayudas facilitadas para mejorar la situación, elementos que pasarán muy desapercibidos para las nuevas generaciones que están completamente ajenas a esos momentos que fueron de especial dificultad para sus antepasados.

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