Esta España de los contrastes

No me prodigo en estos lares por referirme a situaciones que pudieran tener connotaciones resultantes de las decisiones adoptadas por los gobiernos políticos estatal o autonómicos de esta España tan singular y variopinta, por aquello de que, en este campo, cuando los vientos se mueven lo hacen con virulencia y pretender hacer valer la razón o tratar de opinar con libertad y el debido respeto es mera utopía que aconseja desistir de ello. Se corre el riesgo de verse encasillado en lo que quieran los demás. El silencio es lo que cada vez mueve con mayor intensidad a unos ciudadanos que asistimos al espectáculo de los que día a día nos engañan sin reparo alguno, sabedores ellos y nosotros también de que esto va de teatreras actuaciones y de no moverse para no quedar fuera de la foto o para no ser objeto del escarnio de los que nunca tendrán remordimiento de hacer valer su posición prevalente.

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El poder de la sonrisa

No hay nada más lúgubre que ver a esas personas alicaídas cuya cara es fiel reflejo de la penuria que alberga su interior. Esas penosas figuras estiradas hasta el extremo de no ver fisura en su rostro que denote haber hecho gala de una sonrisa y que en verdad le resulta extraña. Muermos diría yo con profusión para referirme a los sombríos de la felicidad, a los que sin razón aparente prefieren la oscuridad y el estereotipo de la pena agónica como forma de vivir. Un modelo que es contagioso porque quien al árbol mustio se arrima, poca sombra puede pretender recibir. Acabará igualmente siendo presa de la languidez.

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La invasión turca

De un tiempo a esta parte aparecen en la televisión española, como caídas del cielo, un arsenal de series turcas que han desbancado a las que veníamos estando acostumbrados de antaño, para ofrecer una serie de culebrones que con pasiones arraigadas basadas en dramas, amoríos y tristezas familiares llevan a conmover a la ciudadanía, por si no tuviera ya poco con llorar las amargas situaciones que se viven en estos tiempos de dificultad extrema. El caso es que no hay domicilio familiar que no esté enfrascado en una u otra serie, para recibir esa música pasional que junto a llantos y tristezas extremas atenazan los corazones.

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El problema de accesibilidad en las calles

No vamos a negar el avance que en los últimos años ha experimentado la mejora de los entornos urbanos para facilitar la movilidad de las personas que poseen algún tipo de discapacidad física o movilidad reducida, pero parece mentira que con todos los avances sociales que hemos producido queden cosas tan nimias por cumplir como para dejar constancia de lo mucho que queda por hacer en este campo.

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Vivir el hoy puede no resultar tan grato

Personas cercanas a mí me hacen saber que en algunos de los relatos que realizo puede advertirse un cierto sentimiento de tristeza o desánimo. La verdad es que no puedo ocultar que el trayecto recorrido y las vivencias tenidas hace que afloren en mí ciertos sentimientos que pretendo no exteriorizar pero lo querido sucumbe con lo que pueda resultar por eso de que somos lo que somos, con nuestras fragilidades, y la realidad que vivimos. Quizá no sea incierto que por momentos deje caer posos de desánimo pero en modo alguno aparecen con pretensión diferente a la de ser reflejos de los pasajes de la vida que llevo recorrido y que me ha dado experiencias que, como puede ocurrir a muchas otras personas, no siempre son agradables. Vivir es transitar por el camino que tiene baches difíciles de evitar, y que quedan inmersos en tu interior por lo dificultoso que haya podido ser superarlos.

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Los fanes y forofos en una sociedad pluralista

Estamos muy acostumbrados a oír palabras sinónimas que definen a un determinado colectivo por su pasión o entusiasmo hacia algo. Tal es el caso de las palabras «fan» y «forofo», que reconducido a un ámbito como el deportivo puede completarse con otra más corriente o popular, al menos en España, cual es la de «hincha». Con pequeños matices irrelevantes, todas ellas acogen de una forma genérica a esas personas entusiastas que admiran o siguen a alguien, especialmente un equipo deportivo.

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Cuando la cordura se tambalea

Acudía recientemente a la conferencia que pronunciaba en la 41 Feria del Libro de Badajoz el periodista Ángel Martín,  el “nuevo cuerdo” como él mismo le gustaba calificarse, para aludir a su difícil experiencia vivida en tiempo no muy lejano y que le llevó a estar ingresado en un psiquiátrico, narrado ahora sin resquemor en su libro Por si las voces vuelven.

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La mujer y la cultura del vino

Observo con satisfacción, y sin las extravagancias de otros, como caen las barreras para la efectiva igualdad de género y, en lo que ahora quiero destacar, la mujer entra dentro de ese mundo cuasi reservado históricamente al hombre por aquello de que eran las féminas las que comulgaban ―o se les había inculcado― con la idea de refinamiento que suponía consumir los vinos catalogados como “femeninos”, esto es los que en el argot integra a aquellos que no tienen cuerpo, y así las preferencias se inclinaban hacia el vino dulce y, a lo sumo, el blanco con tonos dulzones o de baja graduación. Hoy en día es ya bastante frecuente el poder compartir el mismo vino tinto o blanco entre hombres y mujeres, lo cual favorece muy mucho la interrelación.

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El abrazo como fortaleza humana

Frente al prestigio que tiene reconocido el beso como gesto humano que expresa afecto, no hay una manifestación más espontánea y gratuita que la de los abrazos. Esos que, según dicen algunos, constituye el enlace más elemental que la anatomía de los cuerpos permite y que tanto se han añorado en momentos donde por motivos ajenos a la voluntad humana quedaba prohibida temporalmente la cercanía entre las personas, para de esta forma quedarnos huérfanos de la dosis de energía que nos producía el contacto con otros. Quisiera por ello referirme a esta costumbre tan arraigada que ha venido de la espontaneidad, de la alegría que supone encontrarse con alguien con quien se tiene una cierta vinculación y sacar una mayor afección que el protocolario estrechamiento de manos, más propio de hacerse entre desconocidos.

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