La relación en el trabajo

El terreno de lo laboral es ciertamente difícil de sobrellevar si no se tiene claro y asumido el rol que debe presidir la relación entre superiores y subordinados, o usando unos términos más acordes con los tiempos que corren en los recursos humanos de las organizaciones, entre líderes y empleados que conforman el grupo productivo. Igual me da que estemos centrados en el mundo privado o en el público porque hoy en día el clásico modelo funcionarial está más que obsoleto para acudir a otro más eficiente donde proliferan relaciones de grupos que tienen objetivos comunes que cumplir. O al menos a eso debería tender una Administración pública que persiga modernizarse y progresar para no quedarse anclada en las cavernas del vetusto “vuelva usted mañana” y la paupérrima imagen de los manguitos y la visera y que, aunque parezca mentira, todavía subsisten algunas así de visibles espiritualmente en su tratamiento que se hace a los ciudadanos, eso sí, salvando el escollo de estos momentos presentes donde todo es ciertamente anómalo.

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¿La indiferencia como solución?

Nos estamos moviendo en un terreno tan resbaladizo que en cualquier momento puede producirse un serio problema social en España. Y si no aparece ya como resultado de la crispación lo es por –al menos así puedo detectarlo- por la indiferencia que mostramos. Nos inunda tanta información, variopinta aunque sesgada en su alcance, dirigida para despistar los temas de verdadera relevancia, machacona e insistente con lo que se quiere inculcar,  y que sale muchas veces de bocas tan sucias que, al final, el cansancio nos abruma y nos lleva a eso que parece detectarse y que no es otra cosa que la indiferencia, como manera de protección o autodefensa ante lo que se considera que puede dañar física, moral o emocionalmente. Un estado de neutralidad que realmente supone huir de los depredadores.

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El refugio en el victivismo

Si hay una estrategia que tiene su éxito es la que utilizan algunas personas cuando usan o incluso abusan del victivismo, como método que permita recibir los apoyos graciables de quienes no lo darían si no fuera por la pena o misericordia que les ofrece quien está apocado en el terreno de la agresión fortuita producto de la casualidad, la mala suerte o el mero subterfugio a la apariencia de esta circunstancia.

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El mundo de los incomprendidos

Si hay una faceta de las vivencias de una persona que denotan malestar es aquella de la incomprensión. Esa postura hostil externa que se burla de los sentimientos hasta el punto que hace decaer al incomprendido en lo más profundo del fango y que le impide salir a flote. Ves cómo queriendo recibir ayuda, no solo no se da sino que se humilla con la más absoluta descortesía humana que se produce cuando hay burla grotesca del estado.

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Y hoy, ¿qué día celebramos?

Si algo caracteriza al humano es por la circunstancia de que no para de pensar, de innovar, de intentar buscar algo nuevo y, sobre todo, tratando de que la copa se alce para festejar algo, lo que sea, con tal de hacer más divertido los instantes. Y, a veces, los prestos a sacar punta a todo lo que se menee, intervienen para favorecer algún negocio a propósito de…

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La desazón del adiós

Si hay una palabra que define un sentimiento con especial profusión es la del “adiós”, esa que se dice con intensidad cuando se deja atrás algo más que una mera despedida temporal. El “adiós”, dejando de lado esas otras connotaciones que aparecen recogidas en el diccionario de la Real Academia Española por su uso como interjección que enuncia una desilusión, un desencanto o una sorpresa, es una palabra de término, de finalización, de soslayo, de contumaz decisión y, en definitiva, de dolor, porque normalmente se pronuncia cuando despides a algo o alguien que no te gustaría hacer, o queriéndolo se enfatiza para arrancar de tu interior una profunda sensación de ahogo.

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Cuando se reconoce a las personas con el apodo de “Señor”

Acabo de leer, con entusiasmo, Sidi, una novela que publicara en el año 2019 el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte, que –como se ha dicho- se convierte en una historia de frontera, polvo, fatiga y sangre, teniendo como protagonista a Rodrígo Díaz de Vivar, el Cid. Una aclaración merece hacerse de partida, porque sidi es una palabra de origen árabe que significa “señor” y que se dio como tratamiento a los señores de ciertos Estados dependientes de un rey (como los régulos de las taifas en al-Ándalus),​ y también a los gobernadores de provincia de los almorávides y almohades. En este nivel, los mismísimos árabes engrosaron a Rodrigo Díaz de Vivar.

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La edad del pavo

De todos es conocida esa etapa de la vida en que los jóvenes muestran una actitud de despiste o de tontería supina que hace que te entren ganas de zarandear al contagiado por este virus propio del crecimiento, del paso de crío a adultos. Una etapa ciertamente compleja y complicada para unos padres que asisten al espectáculo tontuno del día a día, de quienes parecen buscar su independencia y se acercan más en la búsqueda de pertenencia a un grupo que creen que los entenderá mejor. Unos padres que deben recordar que también ellos pasaron por el trance. Cierto que el nivel de pesadez y trastadas tiene también sus escalas, y los hay que pasaron la etapa sin tan siquiera darse cuenta de ello, pero lo cierto es que ninguno nos hemos dado cuenta de lo que hacíamos porque, sencillamente, vivíamos en el mundo de yupi y todo era jolgorio y pomposa felicidad.

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Momentos de convulsión

El año 2020 va a quedar muy grabado en nuestras mentes, como ese año que cambió nuestras vidas, nuestra dirección y que nos obliga a hacer esfuerzos para no caer en la tentación de olvidar y ser tan atrevidos como para pensar que lo vivido ha sido simplemente una mala pesadilla. Pero está tan presente, tan real, que la tensión marca nuestro día a día. Si te atreves a estar actualizado con el noticiario cotidiano, seguramente que entrarás en depresión. Quizá por ello son muchas las personas que me dicen o comentan que la televisión ni la ven, mucho menos coger una prensa escrita u on line para tener que hacer el soberano esfuerzo de leer e interpretar cosas funestas. Mejor vivir en paz… mental.

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Cuando el tiempo parece fenecer

Mucho se habla, y todos lo hacemos, de ese torbellino que supone el paso del tiempo. El que vuela de forma misericorde, despiadado, dejando atrás todo lo que pretendemos mantener, arrasando con el hoy y ahora ante sus prisas por llegar al mañana. Y nosotros, incrédulos, pretendemos hacernos amos del tiempo, del momento actual, porque pensamos que ese mañana despavorido no llegará a lanzarnos olas que puedan superar nuestros tobillos. Somos tan inconscientes pensando que el mundo es nuestro, que pretendemos sortear – o así lo creemos-, con el acierto cuasi torero, hasta la más tenebrosa de esas salpullidas mareas que se acercan para insultar nuestra incrédula pedantería altanera. Vamos sobrados, con las riendas sueltas, y así, sin darnos cuenta, el reloj sigue avanzando sin hacernos tan siquiera caso alguno.

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