Cuando se reconoce a las personas con el apodo de “Señor”

Acabo de leer, con entusiasmo, Sidi, una novela que publicara en el año 2019 el escritor y académico Arturo Pérez-Reverte, que –como se ha dicho- se convierte en una historia de frontera, polvo, fatiga y sangre, teniendo como protagonista a Rodrígo Díaz de Vivar, el Cid. Una aclaración merece hacerse de partida, porque sidi es una palabra de origen árabe que significa “señor” y que se dio como tratamiento a los señores de ciertos Estados dependientes de un rey (como los régulos de las taifas en al-Ándalus),​ y también a los gobernadores de provincia de los almorávides y almohades. En este nivel, los mismísimos árabes engrosaron a Rodrigo Díaz de Vivar.

De esta forma, se evoca en esta novela las contiendas que se vivieron en el territorio donde moros y cristianos cabalgaban y mantenían continuas contiendas en su intento de expansionarse, y en el que proliferaban aventureros de uno u otro bando que, imbuidos en las circunstancias de cada uno, buscaban la fortuna. El protagonista de la historia es, como se decía antes, ese personaje legendario que fue El Cid. Con lectura fácil, te envuelve el autor en la descriptiva vivencia del Campeador, en ese primer año de exilio que pudo pasar en el peligro de la frontera de nuestro siglo XI, para hacernos imaginar cómo pudo forjarse ese ídolo de quienes le siguieron al destierro y la guerra, naciendo la leyenda que aquí ha quedado por los siglos de los siglos.

Mi entusiasmo se ha producido desde esa portada que plasma el retrato del emblemático Cid, en una nueva estampa nacida de esas manos prodigiosas de quien es conocido como pintor de batallas, Augusto Ferrer-Dalmau. Tampoco puedo dejar de lado mi mente, que retrocede en el tiempo para traerme a un primer plano a ese Charlton Heston que interpretara a nuestro protagonista de forma maravillosa, en ese film producido por Samuel Bronston y dirigido por Anthony Mann que queda en sitio privilegiado para regocijo de los anales de la filmoteca. Leyendo la novela, la cara del personaje la tenía puesta claramente en este magnífico actor.

Al hilo de esta interesante lectura han venido a mí pensamientos el modo en que se ha desenvuelto la vida para muchos personajes famosos por sus correrías, pero que no deja atrás la idea de tantos y tantos hombres y mujeres que estuvieron ahí con esas mismas vivencias, y aquellos otros que han surgido en la tradición española, siempre envuelta en forcejeos y luchas.

«En él se funden de un modo fascinante la aventura, la historia y la leyenda. Hay muchos Cid en la tradición española, y éste es el mío.»
Arturo Pérez-Reverte

Pero voy ahora a la moderna concepción de lo que es un líder y cómo se desenvuelve el liderazgo. El ejemplo no puede venir más al pelo porque Sidi era una manifestación palpable de que para conseguir ese reconocimiento no tenía que hacer otra cosa que mantenerse unido al grupo, hacer todo lo mismo que sus seguidores; cabalgando, luchando, comiendo, viviendo y dando los mismos pasos que todos ellos, circunstancias que le permitían ser reconocido como el líder al que se le pide consejo y se sigue con entusiasmo sin imposición. Quizá, por todo ello, podrá entenderse cómo pudo ser respetado por todos menos por el rey Alfonso VI que lo exilió, aun cuando ello no impidió que la lealtad estuviera también presente pues, por encima de todo, el Campeador no renunció nunca a su origen patriótico.

¿Encontramos hoy valerosos que puedan identificarse con este personaje? No voy a la guerrilla, sino a los valores de la persona. A su reconocimiento por los demás. Sidi es, sin duda, una palabra más que apropiada. Aconsejo su lectura.

La lealtad como valor primario

          No reparo en volver una y otra vez sobre los valores que deben –o deberían- concurrir en los humanos para mejorar y hacer posible la convivencia en una sociedad que, con cierto lamento he de decirlo, parece buscar de manera frenética los ansiados objetivos materiales e intereses propios aun cuando para ello se tenga que prescindir de las más elementales reglas de respeto hacia los demás. Seguir leyendo “La lealtad como valor primario”

¿Es compatible el deporte con la política?

       Seguramente que la pregunta del encabezamiento es respondida casi unánimemente con un contundente “no”, para entrar luego en esa artificiosa explicación que podría darse para decir que el deporte transmite valores nobles y saludables que deben estar por encima de ambientes contaminados, y por ello mismo no puede recibir el desaliento de posturas del color político que sea y que pudieran empañar ese angelical modelo. Seguir leyendo “¿Es compatible el deporte con la política?”