¿La realidad es lo que vemos?

            De un tiempo a esta parte puedo advertir cómo  personajes importantes de los que nos dirigen, utilizan los medios de comunicación y redes sociales para colgar fotografías puntuales del día a día, comunicados diversos, o mensajes subliminares que tienen un claro objetivo, cual es llegar a las personas para transmitirles una imagen o un mensaje que les reporte beneficios de seguimiento. Antes, en otras épocas, se hablaba de la permanente noticia de instantáneas de un personaje inaugurando pantanos, o de esos momentos estelares de ese mismo protagonista cazando o pescando lo que, según decían, eran piezas de caza o pesca acercadas por seguidores para que el certero protagonista no fallara en obtener un resultado que asombrara a los espectadores. Ahora, con más medios tecnológicos, los asesores de imagen, colaboradores o como quiera llamárseles juegan un papel fundamental en toda organización, pues son los que van a diseñar estratégicas actuaciones para que veamos qué grandes y buenos son los emisarios de la información y cuanto mal infringen los otros. La lección la han aprendido todos, sin exclusión, de modo que el mensaje se hace en un momento donde se aparece en plan campechano, con pantalones chinos y sin corbata, paseando por una calle prevista de antemano, en otro se va más de etiqueta; otro día se hace un acto público en el que, por casualidad del momento, se hace entrega de una colección de videos, o se regala un libro apropiado que denote la bondad, el buen hacer y la humildad de quien tiene este gesto; se plasman instantes donde uno se acerca a un niño, discapacitado, anciano o enfermo; o se muestra la faceta deportiva que, casualmente también, es realizada en los momentos de asueto del captado por quién no se identifica como autor de esta sorprendente captación. La variedad es tanta como la fuente de imaginación tienen los que asesoran.

          La repetición de estos momentos y la identificación que tienen con otros personajes del mismo “gremio” denota, si se repara en los detalles, que todo es un teatro propiciado por “la organización” en la que se integran, buscando un impacto. El pueblo soporta pacientemente estos fogonazos. En muchos momentos se quedan hasta deslumbrados.

         Me asombro incluso de ver cómo día a día estos hechos se repiten, y que me hace pensar que, al lado del fotografiado o del que escribe textos tan laboriosos como estudiados en el mensaje que se quiere dar, se encuentran otras personas que le siguen y   faciliten la labor de transmisión. Es decir que se cuenta alrededor con más gente de lo que parece  para facilitar esta tarea y que, a buen seguro, no siguen al líder día tras día por amor al arte.

          El caso es que cuando nos adentramos en las redes y medios de comunicación, sin saberlo, y empezamos a ver estos mensajes, en realidad estamos siendo dirigidos a donde pretenden llevarnos. Mucho tenemos que escarbar para deshacer estos castillos que, como decía Alberto Cortez, se construyen en el aire, adonde nunca nadie puede llegar usando la razón.

    Y quien no se meta en este entramado y se dedique exclusivamente a trabajar, lo tiene claro pues, a la postre, quedará tan arrinconado como para que al final todo el mundo desconozca de quien se trate y qué hace.

        Mi mensaje, como de costumbre, no pretende más que contar simplemente las cosas de la vida y, en este caso en particular, para que no nos nublemos con mensajes teledirigidos. Seamos más incisivos y rebusquemos la realidad, que tampoco es tan difícil.

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