Siena y provincia.

           El pasado Viernes Santo he viajado a la provincia italiana de Siena para cruzar las sugestivas colinas del Chianti, y acercarme a las localidades de Monteriggioni, un pequeño pueblo que se ajusta perfectamente a la imagen arquetípica que la mayoría de nosotros tenemos de una aldea amurallada, y después continuar hasta Siena, la ciudad medieval conocía por su característica arquitectura gótica, pasando después a visitar San Gimignano, un fascinante pueblo medieval declarado por la UNESCO patrimonio de la Humanidad, conocida por sus torres, y finalmente terminar en una bodega típica “Palagetto” para saborear esos vinos que tan orgullosos recomiendan los lugareños. Un día ajetreado, en excursión programada para los desplazamientos y que tuvo su inicio a temprana hora (8:00 a.m.). Pero vayamos comentando el recorrido.

           Como decía, el primer trayecto lleva a la localidad de Monteriggioni, un pueblecito que reúne apenas 50 casas, que se encuentra colocado encima de una colina, totalmente amurallado y que sirvió de fortaleza medieval. Cuenta con una agradable plaza mayor y una pequeña pero encantadora iglesia románica.

          Cuidado desde la Edad Media por su estratégica ubicación, se encuentra prácticamente intacto y protegido por su muralla desde su construcción, gracias a lo cual permite a los visitantes transportarnos en el tiempo. Se creó como un bastión defensivo en caso de guerra entre dos Repúblicas enemigas, Florencia y Siena. Los seneses levantaron estas murallas altas y gruesas en el siglo XIII para detener las embestidas procedentes del norte. Aprovecharon las formas de la colina para crear una estructura amurallada perfecta (570 m de longitud siguiendo un círculo), que sólo vio alguna añadidura en el siglo XVI. Probablemente no exista en Italia murallas mejor conservadas que las de Monteriggioni, con catorce torretas y dos puertas de acceso, al norte y al sur (esta última llamada Puerta Romana).

         El pueblo ha aparecido en películas muy conocidas como “La vida es bella” (de Roberto Begnini) o “Gladiator“, además de haber sido una de las pantallas del videojuego Assasin´s Creed II, y el fondo de un sinfín de anuncios publicitarios. Aunque sus murallas ya fueron célebres mucho antes, cuando Dante nos habló del infierno en la Divina Comedia  (Canto XXI del Infierno), comparando las catorce torres de Monteriggioni con un círculo de gigantes rodeando el abismo infernal.

          De aquí a Siena, la capital de la provincia. La ciudad fue fundada por los romanos que, sobre un asentamiento etrusco y quizás de galos senones, constituyeron bajo Octavio Augusto una colonia militar (Saena Julia). La Siena medieval tomó su blasón (la loba amamantando a los gemelos Rómulo y Remo) de estos antiguos orígenes, y este símbolo, junto con la “balzana” (escudo blanco y negro) fue el emblema heráldico de la ciudad.

          Adentrándonos en su interior nos encontramos con una fascinante Plaza del Campo, sin duda una de las más fascinantes de Europa. El centro está adoquinado con ladrillos hechos a mano y puestos de canto; está dividido por nueve franjas de toba calcárea en forma de aureola, en recuerdo de los “Nueve Señores” que guiaron las suertes de la ciudad desde 1287 hasta 1355. Esta plaza fue testigo de los acontecimientos más importantes de la historia de Siena, primero en la gloria de la República y más tarde (a partir de 1555) en el sometimiento a la Florencia de los Médicis. Es en esta fantástica obra arquitectónica que se lleva a cabo el Palio di Siena cada año. Este Palio consiste en una carrera de caballos muy colorida que tuvo sus comienzos en la Edad Media, y hoy se celebra dos veces al año, el 2 de julio y el 16 de agosto. El Campo era y continúa siendo el punto central de la vida pública de la ciudad; desde la plaza salen once estrechas calles hacia la ciudad.

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         La plaza está inclinada, manteniendo la caída de la colina, y da la impresión de encontrarnos en un inmenso teatro. En la misma encontramos la Fuente Gaia, que debe este nombre a su significado como alegre, gaya. Para conocer su historia es preciso remontarse previamente a la necesidad acuciante que tenía Siena de abastecerse de agua y que hizo que, para transportarla desde la lejana zona del Staggia hasta la Plaza del Campo, Giacomo di Vanni di Ugolino (denominado Giacomo dell`Acqua) tardara casi ocho años, empleados principalmente en excavar grandes canales subterráneos que, cerca de la ciudad, se ensancharon formando auténticas galerías revestidas de ladrillos, de excepcional interés técnico y artístico. Se cuenta que Carlos V, después de una visita a los canales exclamara que Siena estaba formada por dos ciudades igualmente bellas, una a la luz del sol y otra bajo tierra. De este modo, el agua llegó a la Plaza del Campo a través de un canal maestro probablemente en 1342. En ella se realizó una fuente muy original por su forma cuadrangular, del siglo XIV, que fue sustituida por otra de Jacopo Della Quercia en 1419 y, más tarde, por la copia de Tito Sarrocchi (1858), quien no realizó, sin embargo, las dos estatuas de Rea Silvia y Aca Larentia que Jacopo había colocado como remate de su fuente. La Virgen con el Niño, símbolo del Buen Gobierno, está rodeada por dos ángeles a los que siguen las Virtudes Teologales, las Cardinales y la Justicia. A causa de modificaciones, Jacopo añadió luego otros mármoles, entre ellos la Expulsión del Paraíso, la Creación de Adán y Eva y las dos estatuas de Aca Larentia y de Rea Silvia (nodriza y madre de Rómulo y Remo, que representan la Caridad y la Liberalidad), los dos primeros desnudos femeninos de escultura expuestos al público sin que se trate de Eva o de alguna santa penitente.

            De frente, a la caída de la Plaza, se encuentra el Palacio Público. Aunque el primer núcleo del edificio fuera de 1284, con una fisonomía muy parecida a la que ahora podemos ver data del siglo XIV, comenzando su construcción en 1297 con el propósito original de albergar el gobierno republicano, formado por el Podestà y el Consejo de los Nueve. Los nueve componentes no podían salir jamás del edificio, salvo en los días de fiesta; tenían un nombramiento por dos meses, un corto espacio de tiempo en los que se buscaba que no existiera corrupción por el mantenimiento de los cargos.

          El exterior de la estructura es un ejemplo de arquitectura medieval italiana con influencias góticas. La planta baja es de piedra; las superiores están hechas de ladrillo. La fachada del palacio está ligeramente curvada hacia el interior (cóncavo) para reflejar la curva exterior de la Piazza del Campo.

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          Es famoso su campanario (Campanile), llamado Torre del Mangía, empezada en 1325 y terminada en torno a 1348, como referencia al poder que residía en el palacio y como símbolo de toda la ciudad. La torre, de 87 metros de altura  102 hasta el pararrayos, es toda de ladrillos hasta el coronamiento, debajo del recinto de las campanas, con ancha barbacana de piedra blanca que le confiere el aspecto de un alto y esbelto lirio. Esta parte superior fue diseñada por el pintor Lippo Memmi, y confiada la responsabilidad técnica de su construcción a los hermanos aretinos Francesco y Muccio di Rinaldo. Posee 87 metros de altura y 102 hasta el pararrayos. La torre fue diseñada para superar en altura a la torre del Palazzo Vecchio de Florencia, vecina y rival ; en aquella época era la estructura más alta de Italia. Fue dotada de un reloj mecánico a mediados del siglo XIV.

         Para cumplir con el voto hecho durante la terrible peste de 1348, la ciudad de Siena encargó en 1352 la Capilla de la Plaza, que sobresale al pie de la Torre del Mangía.  Una elegante galería de mármol (1352-1376) que tiene algunos toques de estilo renacentista, ya que su construcción se terminó a finales del siglo XV. Los sobrevivientes de la Peste Negra en Siena fueron quienes decidieron construir esta capilla para agradecer a la Virgen el haberlos ayudado a sobrevivir, ya que sólo pudo hacerlo un tercio de la población. Las esculturas que la adornan datan del período comprendido entre los años 1378 y 1382, y fueron realizados por Bartolommeo di Tome y Mariano d’Angelo Romanelli. La bóveda de mármol que hoy podemos ver está allí para reemplazar a la original, hecha de madera en el siglo XV.

           Hay que visitar sin titubear la Catedral de Siena, Santa María de la Asunción (Duomo di Santa María dell’Assunta). Es un majestuoso templo románico-gótico que se encuentra en la Piazza del Duomo. Doce escalones que representan a los doce Apóstoles, conducen al interior de esta maravilla del arte. El conjunto de la catedral y el baptisterio, es todo un ejemplo representativo del arte gótico italiano, y constituye un magnífico e impresionante complejo religioso que nada tiene que envidiar al de Pisa ni al de Florencia. La torre del campanario es de estilo románico. Una catedral que deja huella en todos los que hemos tenido la oportunidad de ver su belleza.

          La catedral comenzó su construcción a mediados del siglo XII. En 1339 se realizó un proyecto para convertir la catedral de Siena en el mayor templo de la cristiandad, pero en 1348 una terrible epidemia de peste asoló la ciudad y la ampliación que ya había comenzado y de la que podemos ver hoy en día parte del intento, hizo que se paralizaran las obras, no llegándose nunca a finalizar. La ampliación hubiera sido de 50 metros de largo en la nave por 30 metros de ancho, o lo que es lo mismo, haber triplicado la catedral, pasando la actual a formar parte del crucero.

           Los planos de la catedral fueron de Nicola Pisano, uno de los mejores arquitectos italianos del siglo XIII, mientras que la fachada fue obra de su hijo Giovanni Pisano, quien en 1284 diseñó la magnífica fachada gótica recubierta de mármol blanco, rojo y verde, no pudiendo finalizar a causa de su muerte nada mas que la parte inferior. En la parte construida por Giovanni Pisano, podemos ver la gran puerta de entrada flanqueada por dos secundarias, entre las cuales se construyeron unas hermosas columnas jónicas con los capiteles decorados con volutas de acanto. Por deseo de Bernardino de Siena, se colocó el símbolo del sol sobre la puerta principal en el siglo XV.

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            La cúpula, de forma asimétrica, está sostenida por seis pilares. Sobre los dos centrales se apoyan dos largas varillas de madera que, según la tradición, pertenecían al “carroccio” o carro de guerra de la Batalla de Montaperti, combate librado en 1260. En lo alto de cada uno de los pilares están colocadas otras tantas gigantescas estatuas de estuco dorado representando a Santa Catalina, San Bernardino y los cuatro Santos patronos de Siena.

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            En el transepto izquierdo de la Catedral se yergue el célebre Púlpito de Nicola y Giovanni Pisano, que representa la obra mas excelsa conservada en la Catedral de Sena, piedra miliar de la cultura italiana. La obra de mármol, que en sus escenas representa la redención de la humanidad, fue comenzada en Pisa en 1265 y luego continuada en Siena el año siguiente, para ser finalmente terminada en 1268.

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          Un lugar apasionante y especialmente bello en la Catedral es el conjunto de arquitectura, escultura y pintura que representa la Librería Piccolomini.

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           La sala del Baptisterio de la catedral de Siena tiene en el centro una bellísima pila bautismal, la cual fue esculpida en 1431 por los más afamados escultores del Renacimiento, como Jacopo della Quercia,Turino di Sano Lorenzo Ghiberti. Sin embargo, la parte más destacada de la pila bautismal, la Fiesta de Herodes, fue obra de Donatello. La sala  se completa con los frescos que cubren paredes y techos, obra de diversos pintores renacentistas.

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         No da tiempo para más, así que una comida rápida (más pasta italiana) y marcha a otro precioso lugar, San Gimignano, un pueblo que debe su nombre al Santo Obispo que, en el siglo VI les salvó de las acometidas de Atila (El Rey de los Hunos). Lo primero que sorprende desde una perspectiva externa es que nos encontramos ante una ciudad repleta de Torres; el por qué de estas torres de los siglos XII, XIII y XIV tiene que ver con el florecimiento comercial, cultural y artístico de este municipio que era paso obligado de la llamada Vía Franciscana, que unía a Roma con Francia. La importancia estratégica generó riqueza en muchas de las familias que para muestra de su poder económico se hacían levantar su propia torre. A más altura mayor capacidad y, por supuesto, mayor ostentación de cara a las demás familias acaudaladas.

         En San Gimignano hubo nada menos que 72 Torres de gran altura y han llegado hasta nuestros días 15, un número ciertamente importante. Por eso este lugar, declarado Patrimonio de la Humanidad es el mejor ejemplo que existe en el mundo de esta metrópolis que nos dejaron antes que nadie los primeros rascacielos del mundo.

       Tras una gran puerta de acceso al recinto de la ciudad, se atraviesa la Vía Giovanni repleta de comercios dedicados a la venta de artesanía y regalos, con lo que el turismo se deja ver arriba y abajo. Se llega al Arco de Belli (del siglo XIII) que separa la vía dicha con una de las plazas con mayor encanto, cuál es la Piazza de la Cisterna. Este curioso nombre obedece a un pozo que tiene en el centro, y que realmente es un aljibe de la época y un ornamento más de los muchos que pueden observarse. Destacan las llamadas Torres gemelas güelfas, el Palacio Cortesí, el callejón de los ofrebres y la importante Torre del Diablo.

           En esta plaza también se encuentra un personaje popular, propietario de la Gelateria Dondoli, que hace las delicias de todos los visitantes que acuden a comprar al helado. Tan comercial es la persona que va viendo uno a uno a los turistas que hacen cola para acercarse al mostrador, los saluda personalmente, se hace fotos con ellos, pregunta de dónde proceden (a nosotros cuando le referimos Extremadura nos habló de inmediato del fabuloso jamón serrano que tenemos), y finalmente te da de recuerdo una postal en la que aparece indicando que tiene reconocido en los años 2006/2007 y 2008/2009 el “Gelato World Champion“. La verdad que probando sus productos te das cuenta que efectivamente merece el reconocimiento.

          Otra plaza que viene a continuación es la Piazza del Duomo o de la Catedral, que viene de antaño cuando lo era pero que en la actualidad es una Iglesia Collegiata, de estilo románico, consagrada en el 1148, que alberga en su interior importantes frescos de la Escuela de Siena. En esta plaza podía advertirse una preciosa melodía que provenía de una chica que tocaba el harpa majestuosamente.

También el Palacio Municipal (del siglo XIII), junto a la Torre Rognosa de 54 m, y el Palacio del Pueblo que se yergue junto a la Torre Grossa de 51 m.

          Entre una y otra de las plazas anteriores hay unos arcos que corresponden a una logía (Loggia del Comune) donde se reunía el pueblo en la época medieval.

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          Un paseo por los alrededores de la muralla da muestra del precioso paisaje que se divisa.

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         Tras un apasionante día de ver arte en toda su intensidad, nada mejor que relajarse acudiendo a una bodega cercana (Palagetto) donde pudimos saborear el Chantie típico de la Toscana y uno propio de este territorio, el vino blanco llamado Vernaccia. Saborearlo con un buen aperitivo sirvió para poner el punto final a un día extraordinario, en unas tierras de gran belleza.

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