Sevilla, y la Casa de Pilatos

         En mi reciente visita a la ciudad de Sevilla (Andalucía, España) me propuse conocer uno de los palacios más sonados, popularmente conocida como la Casa de Pilatos, por aquello de que me chirriaba no haberlo hecho antes en alguna de las numerosas visitas que prodigo a esta hermosa localidad. Siendo, como soy, un apasionado de la arquitectura y el arte en general, tocaba ya irremediablemente. La importancia que tiene este inmueble es que le hace considerar como prototipo de palacio andaluz, el mejor edificio nobiliario de la ciudad.

        Este palacio se encuentra situado en la plaza de Pilatos, ocupando un lugar junto con el colindante Convento de San Leandro, y en su momento fue residencia de los Duques de Medinaceli y sede de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli, que se dedica a la gestión de un patrimonio histórico-artístico disperso por todo el territorio español.

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       La Casa de Pilatos es realmente el Palacio de los Adelantados Mayores de Andalucía, y su construcción se produjo esencialmente entre los siglos XV y XVI. Se asienta sobre un primitivo palacio de estilo mudéjar mandado construir por Pedro I, y con este fin importó del Reino de Granada los artesanos necesarios para la realización de yeserías, techos artesonados, azulejos y demás obras necesarias. Fue en 1483 cuando la iniciativa y el deseo de Pedro Enriquez de Quiñones (IV Adelantado Mayor de Andalucía) y su segunda esposa Catalina de Ribera, fundadora de la Casa de Alcalá, se inició la construcción del palacio, levantada sobre varios solares que habían sido confiscados por la Inquisición. Cuando fallece en 1493 el primero de ellos, doña Catalina fue la encargada de acometer la configuración inicial del palacio. Luego, su hijo Fadrique Enriquez de Ribera y su nieto Per Afán de Ribera y Portacarrero ampliaron y completaron la decoración de la Casa. El resultado final de las diversas obras y añadidos fue un palacio de planta irregular con diez mil metros cuadrados de superficie, el segundo de la ciudad tras los Reales Alcázares.

         Del porqué del nombre de Casa de Pilatos es debido a un viaje que hiciera Fadrique Enríquez de Ribera a Jerusalén, en 1519, en el que descubrió que la distancia que había entre la casa de Poncio Pilatos y el Gólgota (el Calvario) era la misma que había entre su palacio y la Cruz del Campo. A su vuelta, se trazó un Vía Crucis con doce estaciones entre el palacio y el templete.

        Fue a lo largo del siglo XVI, como consecuencia de la intensa relación que con Italia mantienen sus miembros más relevantes, cuando el palacio experimenta profundas transformaciones y asume el papel de tamiz por el que las nuevas formas y gustos del Renacimiento penetran en Sevilla. Reformas al gusto romántico, ejecutadas a mediados del siglo XIX, completan su pintoresca fisonomía, por lo que suele decirse que constituye la síntesis armoniosa del gótico-mudéjar, el renacimiento y el romanticismo.

        El interior guarda arte, historia y leyendas forjadas a lo largo de más de 500 años de vida, Así muestra ejemplos significativos de la escultura clásica, que recopiló el nieto de Pedro Enríquez, Per Afán, que al heredar una gran fortuna le permitió invertir en lo que fuera su pasión. A él se deben piezas como la Pallas Atenea del patio principal, la Diana cazadora o el busto de Marco Aurelio, por citar algunos de los muchos elementos que existen.

         El acceso al palacio se hace a través de un portal de mármol, aunque para las visitas turísticas se utiliza una puerta lateral, La puerta está rematada por una crestería gótica, y representa un arco triunfal romano en cuyas enjutas se colocaron medallones con las efigies de César y Trajano, los dos emperadores romanos más vinculados con la ciudad.

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    Al introducirte en el porticado Patio Principal, sorprende ver una grandiosa fuente de mármol blanco, de origen genovés, situada en el centro y rodeada en las esquinas del patio por cuatro estatuas de gran tamaño. Tres de ellas son romanas (Minerva, una musa danzante y Ceres), y una escultura griega de la diosa Pallas-Atenea, original del siglo V a.C.

         Llama igualmente la atención que rodeando la galería baja de este patio se encuentran veinticuatro medallones, con bustos que representan emperadores romanos y españoles y otros personajes relevantes. Pinturas y murales realizadas al fresco decoraron las galerías alta y baja del patio principal, así como algunas estancias, representando escritores del mundo clásico, con textos de sus principales obras en un basamento inferior, que hoy se intenta salvar en lo poco que se puede pues una epidemia que sufriera la ciudad llevó a la decisión de convertir la estancia en hospital y con ello encalar todos los muros, provocando la desaparición y posterior olvido de dichas pinturas.

resized_img_2327      A la derecha de la entrada al Patio Principal se encuentra el Salón de Pretorio, que es una estancia alargada claramente mudéjar, construido en los años treinta del siglo XVI, fruto de la ampliación renacentista del patio. Conserva sus elementos originales, incluso la carpintería de taracea mudéjar en la que se puede aún distinguir restos de la antigua policromía. Azulejos de cuenca o arista cubren sus muros, como los del resto del palacio que cuenta con hasta ciento cincuenta diseños diferentes.

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        Otra de sus maravillas lo constituye la zona de jardín. Lo que hoy constituye un único jardín estuvo dividido en su momento en dos espacios separados por unas construcciones, cuyo derribo permitió ampliarlos y unificarlos. Un estanque, cuyo surtidor está adornado por un bronce que representa al joven Baco, obra de Mariano Benlliure, recuerda el derecho que tenía este palacio de contar con “agua de pie”, es decir, con una conexión directa con los Caños de Carmona, el símbolo más claro de distinción social.

        Otra de las dependencias es la denominada Sala Dorada, una pequeña habitación que recibe este nombre por el acabado que muestra el artesonado del techo. En las paredes pueden verse numerosas muestras de arte romano, procedentes de la vecina Itálica.

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       De nuevo en el Patio Central, encontramos una puerta enmarcada por amplias yeserías. Se trata del Salón de Descanso de los Jueces, la mayor estancia del palacio. Hace función de antecapilla y sus muros están vestidos, como casi en toda la planta baja, con la extraordinaria selección de azulejos que fueran encargados en su momento (entre 1536 y 1538) al taller de los hermanos Polido, alfareros de Triana.

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        La Capilla de la Flagelación es la estancia más antigua del palacio. Conserva reliquias, como una columna en la que cuenta la leyenda que su interior conserva un pequeño fragmento de la auténtica columna en la que flagelaron a Jesucristo. La figura que se ve sobre el altar, recubierto de iguales azulejos, está fechada en el siglo IV d.C., y representa el Buen Pastor, y una imagen paleocristiana que se halló en unas catacumbas romanas.

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        La siguiente estancia a visitar es el Gabinete de Pilatos, que presenta la disposición típica mudéjar de salón dividido en tres partes, rectangular y de mayor tamaño la central y cuadradas y más pequeña las de los extremos. Se trata de una sala alargada con cámaras cuadradas en los extremos, usado en ocasiones como salón principal de ceremonias en la cultura hispano-musulmana.

       Por el Patio Central nos encontramos una hermosa reja renacentista que nos lleva al Patio del Apeadero, de acceso a las caballerizas.

        Por una de las esquinas del Patio Central se sube a la primera planta, considera la más monumental de la ciudad, y que por estos lares constituía las estancias de invierno, por ser menos fría, dejando por tanto la planta baja, más fresca, para la temporada veraniega.

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        La escalera de subida muestra una riqueza impresionante, con escalones de mármol blanco, paredes cubiertas en su totalidad por azulejos de arista, y su techumbre es una cúpula de madera apoyada con trompas de mozárabes, hecha por Cristóbal Sánchez.

           Como lugar de reunión que fuera de una academia de humanistas del Siglo de Oro, uno de sus miembros, Francisco Pacheco, enriqueció estos salones entre 1603 y 1604 pintando unos techos para el III Duque de Alcalá. Esta planta recrea hoy los interiores de una casa palacio exhibiendo piezas de la colección Medinaceli: mobiliario y tapices de la época y pinturas de Goya (una pintura de tauromaquia en la que se ve el arrastre del toro), Lucas Jordán, un bodegón de Ciuseppe Recco, Carreño Miranda, Vanvitelli, etc.

       Ha merecido la pena cubrir este deseo para seguir conociendo las bellezas que esconde Sevilla.

 

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