Postureo en las redes sociales

Desde que existen las redes sociales ha ido proliferando la aparición de personas que anímicamente han visto abierta una puerta para que su físico se haga extensivo al universo. Poco a poco la timidez va cediendo, y eso de aparecer incluso en imágenes subiditas de tono deja de importar por aquello de que no aparecemos físicamente y en vivo sino sumidos en ese mundo globalizado donde vemos de todo y nada parece importar.

Claro que como dominamos ciertas tecnologías, dar un retoque a la imagen no parece que sea un pecado mortal y muchos maquillan lo que puedan considerar impurezas contrarias al modelo de belleza que gustaría tener. O aproximarnos a ello. Quitar un poco de peso o ciertas arrugas que incordian ya no es problema. Y todos a una nos colocamos día a día en imágenes de lo que hacemos, visitamos o con quién compartimos momentos entrañables. A la postre, entre los amigos que día a día reciben tus buenos días, tardes o noches, va conformándose todo un arsenal fotográfico que llena nuestra ilusionada participación en el mundo de lo social.

Muchos somos los que acudimos a plasmar imágenes de nuestros momentos. Unos más y otros menos, unos con retoques y otros sin ellos. En fin, los hay quienes presos de un gran humor, no hay día que no aparezcan con un decorado de fondo para calificar el que por sí mismo denominan postureo. Para que nadie se lleve a engaño, el protagonista dice y mantiene su afán postural para alegría de cuantos nos reímos con sus múltiples ocurrencias.

Pero si algo me mueve a hablar de este tema es por un motivo especial. Se dice que con estas subidas que hacemos estamos conformando un historial en la nube que delata cómo somos y qué costumbres tenemos. Pero con todo, lo que me gustaría resaltar es cuánto de cierto hay en lo que ven los demás y la realidad de lo que somos y cómo nos movemos. Pudiera ser que fingiendo situaciones e incluso retocando nuestras caras y cuerpos estemos pretendiendo dar una imagen que no es fidedigna de cómo somos. Es más, dudo que nadie alardee de cómo es y cuáles son sus defectos, de forma que acudir a la publicidad de las redes no hace sino convertir a estas en una ficción, la que nosotros mismos queremos crear. Otra cosa es que se consiga el objetivo buscado, por aquello de que aunque los lobos se pinten de corderos, o la mona se vista de seda, lobo es el primero y mona se queda la segunda. Pero los correctores de imagen hacen hoy maravillas. La única cuestión será el gusto que tenga quien se retoque y cómo lo haga.

Otra cosa son las personas denominadas en el argot comercial «influencers», tan de moda en los tiempos que corren. Sí, me refiero a esas personas que cuentan con cierta credibilidad sobre un tema concreto y que, por su presencia e influencia en las redes sociales, puede llegar a convertirse en un prescriptor interesante para una marca. O sea que todo depende del grado de influencia hacia multitud de seguidores que tengan esas personas, tanto como para convertirlas en protagonistas de una imagen influyente.

En este mundo de los influencers existe una larga tradición. No es de ahora, y así no puede resultarnos extraño relacionar un determinado producto o marca con un personaje famoso en actividades que les hace reconocible para los ciudadanos en general. Lo más reciente y moderno es que las marcas se han dado cuenta que sin llegar a esos personajes de fama reconocida por su profesión o actividad, en las redes sociales hay también algunas personas que cuentan con un amplio abanico de seguidores que podrían servir a su interés por divulgar los productos que comercializa. Son los que se denominan microinfluencers y blogueros y creadores de contenido los que irrumpen en las redes sociales para crear adictos a sus mensajes y productos que anuncian. Estos personajes hacen que las marcas obtengan una credibilidad instantánea, y de ahí la importancia e interés que muestran en conseguir esos fieles precursores de su mensaje.

No son pocos los que entran en esta actividad cuasilaboral, a las que me imagino que la Hacienda Pública expurgará con sus investigaciones para ver hasta qué punto mantienen su sintonía fiscal. El caso es que aparecer en redes, con el debido postureo y cuidado de imagen, se convierte en esencial para obtener credibilidad y sustanciosos beneficios. Otro modo de hacer ver a la gente que esa persona que se cree conocer con total profusión, es digna de nuestra confianza y seguir sus «graciables» consejos.

Sea como fuere no quiero ser contrario a estos postureos que yo mismo pueda hacer en algún momento, eso sí sin convertirme en vendedor de marca alguna. Por el contrario, me congratula especialmente que todas las personas acudan con la intención de propiciar la belleza, evitando con ello el abandono de la imagen, fiel reflejo de lo que representas en lo físico. Quizá, en mi modesta opinión, debería vencerse aún más la timidez y dejar los retoques de lado, para amarnos y querernos como somos, con la belleza que supone el cuidado que podamos darnos y no lo ficticio.

En esto de la belleza no debe caerse en tentaciones de seguir modelos de perfección. La belleza reside en la misma persona, en su propia gracia, y por ello mismo tener belleza es tener luz, esa que hace que a los demás les atraigas por lo que tienes y vales. Cada persona es bella en algo, y todo es cuestión de reconocerlo y, si a bien se tiene, compartirlo con los demás. Seguro que el mundo se abre con los sinceros y transparentes,  y no tanto con los engreídos guaperas.

Para nuestra tranquilidad decir que ser auténticos y mostrarnos como tales es, según el estudio realizado por un grupo de investigadores de las universidades de Columbia y de Northwetern (publicado en Nature Communications),  ayuda a reportar niveles más altos de bienestar subjetivo. Su base se encuentra en una cualidad humana: la coherencia. De este modo, cuando no hay disonancia entre lo que se muestra y lo que se es, se encuentra la persona más tranquila y relajada. La consistencia entre la vida real y la vida en las redes -concluyen estos expertos- reduce la ansiedad. Sin contravenir el deseo postural, bien parece conveniente que sigamos estos consejos y seamos, pues, auténticos.

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