La historia distorsionada

Se dice que la historia la componen hechos concretos acaecidos con el paso del tiempo y por tanto es la que es y no caben artificios humanos que puedan alterarla. Aunque lo cierto es que siempre han existido personajes que, teniendo a su alcance el don y la posibilidad de narrar y dejar escrito sus pensamientos, mostraban ocurrencias que lejos de corresponderse con lo que hubiera sido realidad, atendían a intereses espurios partidistas o politiqueros o incluso podría decirse que relatados sin el contraste informativo suficiente para brindarle reconocimiento científico.

Auspiciados todos ellos por su posición pero también aprovechándose del desconocimiento que puedan tener quienes no han vivido los momentos y tampoco tengan inquietudes para acudir a diversas fuentes informativas. Así pueden encontrarse narraciones de guerras en las que los vencedores aparecían como vencidos o quienes participando en hazañas bélicas lo hacían tras los que en verdad fueron héroes del frente y que luego se enardecían de haber sido los que recogían el éxito de la campaña. Sin ser más explícito, resulta sorprendente ver en todas partes del mundo algunos monumentos y esculturas erigidas a quienes lejos de ser héroes de lo sucedido, son producto de un reconocimiento pueril de los que nada saben sobre la certeza de lo que hubiera ocurrido. Son tantos y tantos los ejemplos que podrían traerse a colación que al final convertiría el relato en un arsenal de ataques personales hacia los defraudadores de la vida y sus acontecimientos.

No es esta mi intención sino centrarme en el aquí y ahora de lo que viene sucediendo en los momentos presentes. La chispa que ha colmado mi paciencia ha sido cuando una dichosa espada de un dictador que aniquiló a muchas personas inocentes, se ha convertido en noticia por mor del ensalzamiento que ha querido darle un dignatario de estos últimos tiempos que, inmerso en su mundo revolucionario, ha querido dejar huella teatrera de lo que está dispuesto a hacer, a buen seguro que siguiendo a esos otros amigos ideológicos que se residencian en el paraíso de los de aquí no hay quien viva —parafraseando así una popular serie televisiva española que da rienda suelta a una comunidad de vecinos conformada por cada cuál más ocurrente— . Vendedores de humo que poco escrúpulo van a tener en subvertir realidades que incomoden a su gallardía y a la de sus correligionarios.

La cuestión sería meramente anecdótica si no fuera porque los que, aprovechando el viaje, vuelven a la carga apoyando a estos mequetrefes presidencialistas, y no me creo yo que sea fruto de su propia ignorancia —que también—, sino vanagloriándose de ser como son y de la incredulidad de otras personas que no tienen por qué saber todo lo que ha acontecido en el mundo a lo largo de su evolución.

Mucho más patente se produce esta patética situación desde que el sistema educativo incide en olvidar el pasado del mundo que vivimos —y con ello dejar de lado una fuente de conocimiento y cultura aprovechable para aprender y no incurrir en errores humanos de antaño—, para centrar las miras en lo mundano y cercano que pueda verse con las anteojeras puestas, esto es, recortando el camino para hacer inviable conocer algo más que el terreno que pisan, que se moldea a gusto del precursor, y dar rienda suelta a todo cuanto pueda facilitar la vida placentera (dícese bienestar social) y los desórdenes sexuales del mundo actual. El caso es que tenemos muy cerca a personas que quieren hacernos cambiar de pensamiento y no solo por desenfreno politiquero, sino por querer alterar las reglas del mundo y la vida para  convertir a lo irregular o poco ortodoxo en esos modelos a seguir. Supone que los que campean en la vida con la vagancia de no querer saber nada más que lo que palpan con sus manos, se conviertan así en nidos apropiados para seguir en el desenfreno de la incultura y de la tergiversada vida de lo sucedido en el pasado.

El caso es que bien parece que en este dichoso mundo globalizado hemos sido los españoles los que hemos ido haciendo mayores destrozos, tanto como para que no paren los que quieren hacernos ver que debemos exculpar nuestro pasado lleno de horrendas intervenciones. Vamos que nos toca a los presentes pedir perdón de posibles agravios hechos hace siglos sin tan siquiera saber la realidad de lo que aconteciera. Haciendo caso y siendo sumisos a los que nos aborrecen sin piedad y nada dicen de las hazañas de los antepasados indígenas y de otros pueblos guerreros y saqueadores desde tiempos inmemoriales, y también más cercanos por actuaciones en paralelo a las nuestras realizadas por ingleses, franceses, portugueses, dictadores fascistas, comunistas y progresistas de la izquierda revolucionaria, que parecen ser, o al menos así quieren hacérnoslo ver, los benditos precursores del avance del bien humano, ofreciendo bellos pasajes históricos para conseguir la libertad y la democracia, entendida esta en la amplia acepción de libertinaje popular.

Pues algunos nos vamos a resistir a seguir este modelo ruinoso de incultura. En palabras bruscas y de conocimiento popular, que cada perro se lama… Porque quien esté libre de pecado que lance la primera piedra. La ignorancia es muy atrevida, y permitidme por ello que siga creyendo en lo que pueda tener de positivo el pasado, para aprender de ello, y reconocer exclusivamente a quienes con sus dotes contrastados me revelen certezas aproximadas de lo que ha ocurrido, para dejar de creer en cualquier mequetrefe, dicho sea en triple o cuádruple dimensión del género al que pueda abarcar esta palabra, que por su impía boca profiera meros eructos de incultura e interesada postura repleta de odio y marginación hacía los que no casen con su brillante elocuencia.

Sí me gustaría y así lo considero como fundamental, que los modelos educativos facilitaran que los estudiantes aprendan historia, para que las redes sociales no sean los únicos medios para conocer sucesos pasados dado el peligro que estas tienen por la facilidad de hacer creer y ver lo que no ha sido cierto, falseando realidades sin posibilidad de exigir responsabilidades a nadie. Es este un mundo de apertura total que cualquiera puede decir lo que venga en gana y los incrédulos creer a pies juntillas como verdadero lo que es mero producto de invenciones salidas de mentes desocupadas.

Me congratulo por ello con las palabras proferidas por el historiador Jason Steinhauer (Nueva York), fundador y jefe del Instituto de Comunicación de Historia, que en el libro  «History, Disrupted» relata cómo internet también está distorsionando nuestro conocimiento del pasado. Producto de su investigación ha sido comprobar cómo los estudiantes o jóvenes interesados en conocer algo del pasado acuden sin más a Wikipedia para sacar las conclusiones de lo buscado, obviando cualquier recurso a libros de expertos que pudieran ser utilizados con mayor profusión y de acercamiento a la realidad. Resulta muy sorprendente y sumamente peligroso que esa información plasmada en Wikipedia se disemine en todo el mundo, entre millones y millones de personas cada día, a través de dispositivos como Alexa de Amazon, Siri de Apple y otras plataformas de inteligencia artificial. Y todo ello basado en informaciones incorporadas en la red por quién quiera hacerlo, sin contraste académico o científico que pudiera servir de sustento a la certeza más creíble de lo que se hubiera producido.

Insistiré cuanto pueda en considerar que es más que necesario que la enseñanza acoja la doctrina de la historia como fuente para que los jóvenes tengan claro, desde un primer instante, que juzgar acontecimientos desde el desvarío del paso del tiempo y de las elocuencias de los aprovechados en distorsionar la realidad, es tanto como intentar comprender con mente de ahora lo que pudieron hacer y significar en su momento pueblos que mancharon con sangre lo que consideraban un sacrificio necesario para rendir pleitesía a dioses o reinados, como nebulosas que perturbaban el cerebro de unos seres humanos frágiles, aunque nos creamos ser la panacea del universo.

¿Qué será de este mundo actual idílico cuando los tergiversadores de la realidad hagan balance dentro de varios siglos? Seguro que no salimos bien parados. No quiero ni pensar en niños del hoy que mañana les va a resultar difícil discernir entre la realidad y los grandes enigmas de la galaxia y sus seres electrónicos. Estarán expuestos a lo que quieran decirle. Eso sí, van a saber más que nosotros sobre las distintas formas de hacer el amor y la placidez de unos festejos donde las luces brillen algo más que por el producto de la luminosidad de los recintos. Todo es cuestión de modular el alcance de la información que se facilite y de no exigir otra cosa que los estudiantes pasen por las aulas sin necesidad de exigir esfuerzos académicos.

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