Una nueva aventura senderista sale de la programación del Club del Caminante de Badajoz, en este caso dirigida a las entrañas del Valle del Jerte (Cáceres) para adentrarse en la visita de esas cascadas que asombran por su belleza.
Todo comienza, como es habitual, con un desplazamiento en autobús para recorrer casi doscientos kilómetros desde Badajoz y llegar al punto donde se desea comenzar la ruta. Valdastillas es el sitio elegido, un pintoresco municipio cacereño (Extremadura) situado en el corazón del valle, de arquitectura tradicional de adobe y madera, que se encuentra rodeado de cerezos, esa riqueza de la zona que deleita a la vista por su floración, cuando procede, y por el manjar de su producción.
Desde aquí toma las riendas Valentín como guía acostumbrado a estas lides, que se ve acompañado de Alejandra. A sus indicaciones nos sometemos unos cincuenta caminantes, prestos a inmiscuirnos en la hazaña senderista, en un día que se presagiaba con clima lluvioso pero que el de Arriba ha querido que no ocurriera y la temperatura fuera moderada, ideal por tanto para este recorrido. Y menos mal que así ha sido porque de resultar como se preveía hubiera dificultado mucho el trochar por los lugares donde se ha hecho, no fáciles de abordarlos con lluvia.
La ruta es circular, que tendrá unos 15 kms. que parecen pocos pero que cuesta completarlos por la dificultad media que supone hacerlo entre bosques y con suelo quebrado. Como primer punto a alcanzar lo era a un kilómetro aproximadamente de carretera para llegar a la Garganta Marta. Un lugar que proyecta un paraje idílico que permite disfrutar de una amplia y boscosa zona de merendero, los restos de un antiguo lagar y una garganta que finaliza en una bonita cascada que puede divisarse con mayor perspectiva desde la pasarela existente.


Después seguimos por una senda no muy ancha entre bancales de cerezos, que va de manera ascendente para ir ganando altura. Una zona en la que se van sucediendo tramos en los que el terreno es pista y otros que están asfaltados para permitir el acceso a los propietarios de los cerezos.


Tras cruzar un badén sigue el grupo por una vereda o trocha a la izquierda que presenta mucha vegetación para llegar a un robledal donde el camino se estrecha y exige que los caminantes transitemos de forma individualizada. Así discurre el panorama hasta entrar en el concebido como Camino Real que baja desde Piornal a Navaconcejo, una exigente ruta de senderismo que ofrece un desnivel de unos 600-700 atravesando cerezales, robledales, castañares por un histórico camino empedrado. Por aquí se llegará a otra cascada, la del Calderón, ubicada en la Garganta del Bonal, que es un destacado salto de agua de unos 30 metros de altura, conocida por ser una gran losa de roca pulida sobre la que cae el agua, creando una pequeña poza de aguas frías y cristalinas. Un panel informativo cuenta que en los años veinte del siglo pasado se utilizaba el salto de agua para generar electricidad, aunque solo tenía la capacidad de abastecer a Piornal durante un par de horas al día.

Al lado de la cascada se encuentra el puente de Los Molinillos, un destacado ejemplo de la ingeniería antigua, que históricamente sirvió como paso para rutas trashumantes de ganado y caminos antiguos.
El lugar se hace propicio para la parada y comer con las viandas traídas por cada caminante. La camaradería hace disfrutar de la compañía y del fabuloso entorno, con el grato sonido de esa abundante agua que cae sin cesar para seguir el curso.

Tras este descanso se coge un nuevo camino estrecho y en bajada, que exige concentración en los pasos que se van dando. La pendiente hace que se vaya perdiendo en la lejanía el curso de aguas que vienen desde la cascada. El trochar por esos caminos no marcados representa una aventura que permite disfrutar de la naturaleza y así llegar a la parte de arriba de una nueva cascada, la del Caozo, igualmente perteneciente a la Garganta del Bonal, para ir bajando hasta la plataforma donde divisarla mejor. De cuatro en cuatro podemos acercarnos hasta la caída de las aguas, de unos 30 metros y hacer las consabidas fotografías. Una preciosidad digna de divisar.

Llegamos en la bajada a la carretera hasta un punto donde nuevamente nos desviamos a la derecha para ir al encuentro de la cascada Bohonal Baja, que divisamos ya en la lejanía para proseguir por un camino entre un bosque de robles para llegar al mismo punto de partida en el pueblo de Valdastillas, tras seis horas de precioso trasiego por estos lares. Una ruta que se disfruta y que a buen seguro tiene variantes lúcidas en cada estación del año. La bella Extremadura que no dejará de sorprender a cuantos quieran disfrutar de plena naturaleza.



No puede concluirse sino felicitando a esa directiva del Club del Caminante de Badajoz, por permitir estas aventuras a cuantos amamos el senderismo.