Esta España de los contrastes

No me prodigo en estos lares por referirme a situaciones que pudieran tener connotaciones resultantes de las decisiones adoptadas por los gobiernos políticos estatal o autonómicos de esta España tan singular y variopinta, por aquello de que, en este campo, cuando los vientos se mueven lo hacen con virulencia y pretender hacer valer la razón o tratar de opinar con libertad y el debido respeto es mera utopía que aconseja desistir de ello. Se corre el riesgo de verse encasillado en lo que quieran los demás. El silencio es lo que cada vez mueve con mayor intensidad a unos ciudadanos que asistimos al espectáculo de los que día a día nos engañan sin reparo alguno, sabedores ellos y nosotros también de que esto va de teatreras actuaciones y de no moverse para no quedar fuera de la foto o para no ser objeto del escarnio de los que nunca tendrán remordimiento de hacer valer su posición prevalente.

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