Acerca de la paridad entre hombres y mujeres

            De un tiempo a esta parte parece que casi todo el mundo está dispuesto a que hombres y mujeres cabalguen a la par, numéricamente hablando, aun cuando la propia identidad del ser humano que vive en un estado democrático hace que no debamos propiciar distingos o hacer imposiciones. La discriminación de antaño se quiere combatir con lo que a mi modo de ver está siendo otra discriminación, a lo que los entendidos me dirán que lo es pero positiva, para erradicar las secuelas que venimos arrastrando.

             Que no tengo nada contra la igualdad de trato es algo consustancial a mi modo de ver la vida, que siendo hombre creo firmemente en las mujeres como personas totalmente capaces de asumir cuanto se propongan. Es más, si se me apura, creo que la mujer goza de un especial ahínco que falta a la mayoría de los hombres. Ni que decir del nivel de inteligencia que ostentan, palpable desde que nacen; y no es que tengan más o menos que los hombres, sino que aparece más generalizada, cosa que no ocurre en la colectividad varonil.

             Pero lo que me parece una pasada es que se luche por imponer y colocar a la mujer a toda costa, aun en contra de su propia voluntad. Comparto tareas con grandes profesionales alrededor mío, del sexo femenino, que se sienten tremendamente agraviadas y contrariadas cuando aparecen mensajes de los políticos de turno abogando por defender a la mujer como ser que debe auparse al pódium porque sí. Estas valedoras de la mujer entienden, con claridad, que la mejor forma de ayudarlas es no hacer distingos, sin que por ello entiendan o den a entender que quieren ser marginadas. Todo lo contrario, buscan una sociedad y unos gobernantes que les den lo que merecen, igualdad de trato con los hombres para aparecer cuando lo precise y desaparecer cuando no deba serlo. Paridad no, disparidad pues si merecen ocupar más escaños o puestos por sus méritos, que se contribuya a este reconocimiento.

             Pero bien parece que esta mentalidad necesita de una formación intrínseca al ser humano que todavía no tenemos. Es como el que quiere imponer la democracia a base de liberalismos impropios y forzosos, cuando la esencia de ser demócrata es algo que se tiene que llevar en la sangre. Votar permanentemente en asamblea para dirimir cualquier aspecto no nos hace más demócratas, sino borregos que acudimos a la llamada del amo. El elegido democráticamente tiene que saber que asume una responsabilidad tremenda para demostrar y actuar permanentemente con postulados democráticos, so pena de que el sistema por sí mismo lo elimine de un plumazo. Pues igual ocurre con la lucha y defensa en favor de la mujer. Hoy en día creer que la mujer y el hombre son iguales no es cuestión de imposición, pues en nuestras venas democráticas ya lo concebimos así y cuando unos u otros tengan que estar porque así lo merecen, no hay que tirar cohetes para ello, sino simplemente actuar con el convencimiento de que se hace con la identidad exigida.

somosiguales

             Con todo ello me permito reprochar a esos gobernantes que eliminan al hombre para colocar a la mujer y sacar la bandera victoriosa de la paridad, pues aunque crean que actúan correctamente están masacrando a quiénes por méritos propios merecen esos designios. Siempre será momento de recapacitar pues no es el hombre el que sube a la mujer, sino ésta la que se coloca en el sitio que le corresponde.

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