Un recorrido por Alemania (I). Estado de Baviera

           Las vacaciones me han permitido cumplir uno de los deseos que tenía desde hace bastante tiempo, cual es conocer las entrañas de las tierras alemanas, ese país soberano centroeuropeo que en la actualidad se organiza como una república parlamentaria federal. Un interés que tiene una doble perspectiva; el primero, la curiosidad de acercarme a unos lugares más emblemáticos de esta Europa; el segundo, el interés social, histórico y cultural para advertir en primera línea cómo se ha podido reconstruir un país tras recibir el tremendo asedio bélico al que fue sometido por las fuerzas aliadas para combatir esa Alemania nazi que tanto daño infringió a la humanidad.

               El momento presente me interesa pero sin olvidar la historia que, por otra parte, y con buen criterio, te la recuerdan los propios alemanes permanentemente para que no se olvide nunca lo que fue una tremenda barbaridad. Conocer de cerca a esta actual sociedad alemana, modélica en su organización y continua reconstrucción de sus ciudades, el espíritu que muestran en su cotidiana actividad, hace que con ser un viaje turístico me permita cubrir inquietudes personales que van más allá del recreo vacacional.

             Con esta vocación, voy a relatar el recorrido que he realizado por diversas localidades de siete de los dieciséis estados federados (Bundesländer) que comprende la nación alemana, con lo que me he permitido contrastar cómo se desenvuelve esta sociedad en sus diversas partes del amplio territorio que abarca. En los aproximadamente dos mil kilómetros recorridos en su interior puedo decir que he cumplido ampliamente mi objetivo, y nada mejor que recoger esta experiencia. El trayecto ha sido ambicioso y, por razones obvias, dividiré este relato para dar una extensión apropiada en cada una de las cinco partes que comprenderá.

            Quiero advertir, no obstante, que mi relato no es una guía turística que complete los lugares y aspectos que tienen cada uno de los sitios que visite. Lo limito a mi propia experiencia, a mi recorrido, a lo que he podido ver con mis propios ojos y, por propio sentimiento interno, podrán advertirse flagrantes y claras lagunas que han sido buscadas a propósito. Hay lugares y recuerdos históricos de esta Alemania que prefiero no visitar ni tan siquiera comentar, por aquello de que ya lo tengo bastante presente en mí como para que pudiera buscar un morbo innecesario. En fin, el complemento necesario lo constituyen mis propias fotografías. Aunque se dice que una imagen vale más que mil palabras, el saber qué representa cada instantánea y lo que hay detrás parece constituir un complemento necesario.

             La primera parte del recorrido se desenvuelve por el Estado federado de Baviera, deteniéndome especialmente en dos de sus localidades. La más importante y capital, Múnich, y la bella ciudad de Núremberg.

             De Múnich se dice que es la ciudad con mejor calidad de vida de Alemania, y no en vano cuando se camina por sus bellos entornos puede advertirse algo especial. Durante los reinados de Maximiliano I, Luís I, Maximiliano II, Luís II y la regencia del príncipe Luitpold la arquitectura y las artes en la ciudad florecieron como nunca. Pero en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial, Múnich fue gravemente dañada; sin embargo, en las décadas posteriores al conflicto se ha reconstruido cuidadosamente, en esa persistente intención del pueblo alemán de avanzar y progresar. Un espíritu verdaderamente admirable que se advierte en la forma de trabajar que tiene el pueblo alemán.

           “Entre el arte y la cerveza, Múnich es como un pueblo acampado entre colinas”, escribió Heinrich Heine hace más de 150 años. Este es un presupuesto que sigue estando latente. Entre la fiesta de la cerveza y la ópera, la Hofbräuhaus y la Pinacoteca, el BMW y el FC Bayern München, Múnich combina tradición bávara y frenética actividad. Múnich es por ello una ciudad arraigada en el sur de Alemania y conocida internacionalmente por sus colecciones de arte antiguo y clásico.

             La Plaza de María (Marienplatz) es el punto neurálgico de Múnich. Es, sin duda, el punto de encuentro e imagen típica de la ciudad. De ella parten calles comerciales que están siempre muy concurridas (la calle Kaufingerstrasse es la zona comercial por excelencia del centro de Múnich).

             En la plaza está situado el Ayuntamiento, con su impresionante fachada, que data del siglo XIX, y que por su característico estilo recuerda a algunos de los existentes en ciudades belgas como Bruselas o Brujas. Coronada por el carrillón de un reloj con figuras que representan diferentes personajes de la historia de la ciudad de Múnich y de Baviera, y que ofrece en momentos puntuales del día una improvisada función con sus figuras. La torre, de 79 metros de altura sobre la plaza, nos permite tener muy buenas vistas de todo el centro de la ciudad.

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            En este bello lugar podemos encontrarnos, además, con otros dos monumentos de interés: la Columna de Santa María y el antiguo ayuntamiento, reconstruido con el estilo original después de haber sido destruido completamente durante la Segunda Guerra Mundial. El edificio cuenta con una torre de 55 metros que fue construida en el siglo XII como parte del sistema defensivo de la ciudad, y que hoy alberga el Museo de los Juguetes (Spielzeugmuseum), un peculiar museo que ilustra la historia de los juguetes desde comienzos del siglo XIX.

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             A pocos metros de la plaza nos encontraremos con edificios tan representativos como la Catedral de Frauenkirche, con sus dos inconfundibles torres coronadas por cúpulas redondas de color verde que son una de las imágenes más características de la ciudad. A ella podemos acercarnos por la gran arteria comercial del centro de la ciudad, la que conforman las peatonales Kaufingerstrasse y Neuhauser Strasse, donde podremos encontrar muchísima vida, mucha gente paseando y algunas de las principales tiendas de la ciudad –además de las ya tradicionales cadenas internacionales de moda-.

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            Las dos torres de la Catedral de Nuestra Señora de Múnich -Frauenkirche-, con sus dos cúpulas redondeadas de color verde, dominan el paisaje de cualquier vista aérea de la ciudad. La Frauenkirche se caracteriza por su estilo y diseño; ello lo vemos en su estructura decorativa con ladrillo rojo durante el Gótico tardío en sólo 20 años. La estructura mide 109 metros de altura y 40 metros de ancho. Las dos torres poseen una altura de 99 metros, existiendo una diferencia entre las mismas de 12 cm. Una de las curiosidades que posee esta iglesia es que su torre (junto a la del Nuevo Ayuntamiento) dominan la cima de la ciudad, es decir, sus torres pueden ser vistas desde todas las direcciones, gracias a una orden que prohíbe cualquier edificación de más de 100 metros.

            Aunque Marienplatz sea el punto clave de la ciudad, muy cerca de ella se encuentra el pintoresco mercadillo de Viktualienmarkt que ocupa una plaza bastante extensa en el centro de la ciudad y tiene tiendas que mezclan varios tipos de productos: desde frutas y verduras a dulces, pasando por pequeños artículos de artesanía. Uno de sus elementos característicos es el gran mástil central de madera decorado con los colores azul y blanco de la ciudad de Múnich y diversas ilustraciones sobre los antiguos gremios de la ciudad. En este período de tiempo en que la visito, la explanada se convierte en una de las terrazas para tomar cerveza y comer de manera más informal –los famosos biergarten- que son los más populares de todo el centro de la ciudad.

              Hablando de cervezas, a pocos minutos de este mercado, callejeando por las calles más estrechas del centro, nos encontramos con la cervecería más famosa de Múnich, la Höfbrauhaus. Lejos de esperar una cervecería tradicional, nos encontramos con un edificio enorme de tres plantas con salas y comedores en todos los niveles, con una tradición que data del año 1644. Un lugar precioso para visitarlo pero advierto que se encuentra siempre repleta de turistas que impiden encontrarse en un lugar tranquilo. A mí, en particular, me gustó pero exclusivamente como lugar de visita obligada.

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             Y, en todo caso, siempre se tiene la opción de acudir a otras cervecerías cercanas.

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            Otro de los puntos de interés del centro de Múnich, a tiro de piedra de Marienplatz y muy cerca de la Hofbrauhaus. La Residencia Real o Residenz era, como su propio nombre indica, la antigua residencia de los reyes de Baviera. Está formado por un conjunto de edificios que albergan una importante colección de antigüedades. Pese a que el edificio fue reconstruido en gran parte por los graves daños que sufrió durante la Segunda Guerra Mundial, el interior de los palacios y su muestra permanente de arte sigue mereciendo la pena para una visita. Junto a ella se encuentra también el edificio de la Ópera del Estado de Baviera.

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                Otro de los grandes atractivos de Múnich es la Zona Olímpica, al noroeste de la ciudad, que se completa con los vecinos y modernos edificios del fabricante de coches BMW, sobre todo el llamado BMW Welt (Mundo BMW).

                El edificio del Mundo BMW es uno de los añadidos más modernos al paisaje urbano de Múnich y fue inaugurado en el año 2007.En él se exhiben coches y motos de la marca BMW, que se presentan junto con determinados juegos o espectáculos. El edificio constituye todo un complejo junto con el Museo BMW, más tradicional, y la sede de la empresa, con la que se comunica a través de un puente.

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             Muy cerca del BMW Welt está el Parque Olímpico de nich, que sin duda es uno de los complejos de arquitectura deportiva más impresionante del Mundo. Destaca en todo el complejo la arquitectura de las instalaciones deportivas a base de elementos metálicos en blanco y cristal -entre los que destaca, sobre todo, el Estadio Olímpico– y la torre de comunicaciones. Pero no sólo eso, sino que también el entorno natural es privilegiado, ya que cuenta con praderas, un lago y una colina desde la que se tienen algunas de las mejores vistas de la ciudad de Múnich.

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               No es el único ejemplo de arquitectura deportiva que destaca en Múnich. El estadio Allianz Arena –que fue construido para el Mundial del año 2004- destaca con su estructura circular sobre las vistas del norte de la ciudad. El estadio en sí es impresionante visto desde fuera y, más aún según me cuentan, cuando se ilumina los días de partido con los colores rojo del Bayern Múnich o azul del Múnich 1860.

             Algo más alejado del centro, al oeste de la ciudad, se encuentra el Palacio de Nymphenburg, que cuenta también con varias hectáreas de jardines muy cuidados y especialmente agradables. Es un palacio de estilo barroco diseñado por Agostino Barelli y se construyó por orden de Fernando María, Elector de Baviera, y Enriqueta Adelaida de Saboya en 1664. El palacio se expandió y se rediseñó en varias ocasiones hasta las últimas modificaciones en 1826. Resulta especialmente notable el vestíbulo de piedra (Steinerner Saal) además de la llamada “galería de las bellezas”, donde se exhibe una colección de retratos de hermosas damas encargado por Ludwig I.

              Con todo, queda por ver el conocido a nivel mundial como símbolo de la arquitectura romántica idealizada y por la peculiar historia de su dueño. Se trata del Castillo de Neuschwanstein, una maravillosa construcción de ensueño que inspiró al mismísimo Walt Disney para la creación del castillo de la Bella Durmiente.

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           El castillo se encuentra localizado a tan solo 130 kilómetros de Múnich, elevándose por entre las cumbres de las múltiples colinas existentes. Pero si algo debo destacar es que nunca pude observar cómo se armonizan de forma tan significativa la naturaleza y la obra humana.

              El ambicioso proyecto de su construcción fue de Luis II de Baviera, que comenzó a tomar forma en 1869 con el encargo del diseño del castillo a un escenógrafo teatral que, según las ideas del rey, proyectó un espacio más estético que funcional.

             A pesar del aspecto medieval con el que se construyó el castillo, éste incorporó numerosas modernidades para la época. Contaba con calefacción central de aire caliente, luz eléctrica, agua corriente caliente y fría, desagües automáticos e incluso una línea telefónica.

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            Neuschwanstein es una construcción que refleja los ideales y anhelos del rey Luis II. Construido como un mundo imaginario y poético en el que podía refugiarse y soñar, el castillo cuenta con pinturas inspiradas en las óperas de Richard Wagner, a quien el rey admiraba hasta límites insospechados.

             El castillo cuenta con 200 cuartos entre los que destacan llamativas estancias como la Sala del Trono, con 13 metros de altura, la Sala de los Cantores, que a pesar de su gran tamaño y su escenario no estaba dedicada a acoger fiestas de la corte, o bien el dormitorio del rey y la capilla, realizados en estilo neogótico. Lamento no ofrecer imágenes internas del castillo pero se encontraba prohibida la realización de fotografías.

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             Admirable es la imagen que se proyecta de esta castillo si se sube a pie hasta el puente de María (Marienbrücke), que salva la espectacular garganta de Pöllat sobre una catarata justo encima del castillo. Se dice que a Luis II le gustaba venir aquí después de anochecer para ver la luz de las velas en la Sala de los Trovadores. La verdad que este rey, que aun cuando apodado “El loco” realmente tenía poco de ello, siendo sus excentricidades por la pasión que sentía hacía lo romántico y lo idealista, las que dificultaban que pudiera ser totalmente comprendido. Aquí, en esta altura, realmente se armoniza la belleza de la naturaleza y de esta majestuosa obra propia de un cuento.

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            Cumplido el propósito de conocer Múnich, hacemos el siguiente trayecto hasta la localidad de Núremberg, también situada en este estado de Baviera, de la que constituye su segunda ciudad más grande. En general, debo decir que es una hermosa ciudad que me ha impresionado por su patrimonio y por su ciudadanía, plenamente activa a lo largo y ancho de la ciudad y con un talante abierto, cosa que no es tan fácil de encontrar en Alemania, sobre todo en otros estados que he tenido la oportunidad de visitar.

             Aunque su historia se remonta al siglo XI, casi siempre se la vincula con el siglo XX y, más en concreto, con la Segunda Guerra Mundial. Fue inicialmente escenario de numerosos mítines nazis antes de la guerra, quedó después prácticamente arrasada por las bombas aliadas y, una vez finalizado el conflicto, se convirtió en sede de los famosos Juicios de Núremberg. La ciudad tiene mucho que ofrecer al visitante contemporáneo.

             El Castillo Imperial es el emblema de Núremberg, sobresaliendo de forma mágica entre el casco antiguo de la ciudad y figurando entre los palacios imperiales más importantes de la edad media.

             Su elevada posición ofrece increíbles vistas hacia la ciudad. Iniciado en 1120, el castillo ha experimentado diversas vicisitudes: se ha ampliado, abandonado, remodelado y volado en pedazos durante siglos antes de ser completamente restaurado a su esplendor románico y gótico original, después del bombardeo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial. El complejo del castillo se extiende a la parte superior de una colina baja y se asemeja a una pequeña ciudad detrás de sus murallas, que comprende varios independientes palacios de entramado de madera, torres, establos, capillas, bodegas y patios subterráneos construidos de piedra arenisca suave y cubierto con baldosas de ladrillo rojo. Aquí residieron todos los emperadores del sacro imperio germano desde los años 1050 hasta 1571.

             Actualmente está abierto al público el edificio principal con la capilla doble románica (la mejor conservada), las habitaciones de los emperadores, el pozo hondo y una de las torres.

 

             Por Bergstrasse se alcanza la plaza Beim Tiergartenertor, llena de cafeterías y restaurantes. Al atravesar el túnel se puede bordear la muralla para llegar a él. La entrada está en la casita de la bruja, lugar en el que antiguamente dormían los guardianes, hoy convertido en una cervecería-restaurante muy concurrida y muy útil para tomar un aperitivo antes o después de la visita al Castillo.

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             Natural de esta ciudad fue Alberto Durero, en la que vivió desde 1471 hasta 1520. Es el artista más famoso del renacimiento alemán, que representó la renovación fuera del territorio cultural de Italia. El “hijo pródigo” de Núremberg dejó 90 pinturas, 130 grabados y varios cientos de xilografías y dibujos. La casa en que habitó desde 1509 se encuentra transformada y abierta al público desde el año 1871, en cuyo interior hay un auténtico museo de su obra.

               La bella plaza de Hauptmarkt, en la que diariamente se establece un mercado, acoge a la Iglesia de Nuestra Señora, también llamada iglesia de las mujeres (Frauenkirche), fue construida en año 1358 por orden del emperador Carlos IV, quién hizo levantar el templo en el lugar donde antiguamente se encontraba la sinagoga judía.

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             Es una construcción del gótico tardío con planta cuadrada. Sobre el pórtico se encuentra el coro de San Miguel de A. Krafft con un reloj que data del año 1509 dominando la fachada. Todos los días, a las 12 de la mañana se puede contemplar la famosa “carrera de hombrecitos“, en la que siete príncipes rinden homenaje desde una ventana de la fachada principal al emperador Carlos IV.

                Frente a la Iglesia se halla la Fuente Bonita, de estilo gótico del siglo XIV (entre 1385 y 1396), con 19 m de altura, y que actualmente no puede verse por encontrarse totalmente cubierta en un proceso minucioso de restauración, dadas las singulares características de esta magnífica obra que consiste en una fuente dorada con varios personajes representados en ella (en lo alto de la pirámide, se reconoce a Moisés y a los profetas y, debajo, a los siete príncipes electores y una serie de nueve héroes: tres antiguos, tres judíos y tres cristianos). Realmente una pena no haberla podido ver, tratándose de un monumento que su hermosura hizo que se mantuviera a pesar de la masiva destrucción que afectaba a la ciudad. Pero no me resisto a la búsqueda por internet de esta joya antes de iniciar su restauración y poderla plasmar en este relato.

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                El casco antiguo de la ciudad de Núremberg está dividido por el río Pegnitz, que hace que algunas de sus calles, sobre todo las más antiguas, tengan forma de canal con puentes y con algunas cuestas pequeñas.  Desde sus inicios, la ciudad se constituyó sobre la base de dos barrios conocidos como “San Lorenzo” y  “San Sebaldo”, por las iglesias que se hallaban en ellos.

                La Iglesia de San Lorenzo da nombre al barrio de la ciudad que se encuentra al sur del río en el Altstadt (casco histórico). Comenzó a ser construída en el año 1270 y su finalización terminó 200 años después; constituye una buena muestra de las Hallenkirche, iglesias típicas del gótico alemán con las tres naves a la misma altura. Destacan en ella el famoso Ángelus de Veit Stoss, realizado en madera y suspendido desde la bóveda, el Sagrario de Adam Kraft y el reloj de sol realizado por Johannes Stabius.

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            Construida en el año 1273, la Iglesia de San Sebaldo es la más antigua de Núremberg y constituye un excelente ejemplo de transición del arte románico a los estilos góticos alemanes. Durante la segunda guerra mundial fue destruida gravemente y ha sido remodelada en su totalidad. Se encuentra muy cerca de la plaza del mercado y destacan sus excelentes vidrieras y las impresionantes obras de arte que se pueden contemplar en su interior, como la Crucifixión del escultor Veit Stoss o la tumba de San Sebaldo de Peter Vischer.

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               Siguiendo el camino que dirige a la fortaleza se cruza el puente del Museo (Museumsbrücke), donde se tiene a la derecha una vista del Hospital del Espíritu Santo (Heilig Geist Spital), edificio construido en una isla en medio del río Pegnitz, fundado para atender a los ancianos.

              Pasear a lo largo de esta ciudad te hace ir descubriendo hermosas plazas, edificios y monumentos que denotan su grandeza. Todo con un orden encomiable, y donde hasta el bullicio de la gente parece no detectarse. Una verdadera gozada.

 

             Finalmente, en esta ciudad no puede omitirse el Memorium Nürnberger Prozesse, que es el nombre que recibe la sala 600 del Palacio de Justicia que acogió los Juicios de Núremberg y que ahora acoge un museo. El espacio de 750 metros cuadrados, dispone de una exposición centrada en el primer juicio contra 24 responsables del régimen, más los doce procesos posteriores contra otros cómplices activos del nazismo.

 

 

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