Santander, siempre elegante

          Cuando se tiene la oportunidad de llegar a la cornisa cantábrica no puede hacerse otra cosa que dejarse llevar por el encanto que representa esta bella tierra. Acercarse a Santander, capital de la comunidad autónoma Cantábrica, supone situarse siempre de cara al mar, para deleitarse con el placer que supone las muchas posibilidades que ofrece al visitante, tanto de índole cultural como gastronómica. Si encima se tiene la oportunidad de tener unos buenos amigos que te hagan conocer el gran corazón de los lugareños, la estancia todavía resultará más agradable, si se puede. Todo un lujo para dejarse llevar y saborear cada instante que estés en esta elegante y señorial ciudad.

            Aquí me encuentro en uno de estos viajes de corta duración que aprovecho para conocer lo mejor que pueda aquello que vaya encontrando en el camino, con el deseo ferviente de no perderme la esencia de la ciudad que me acoge temporalmente. Porque si algo tiene Santander es señorío, con edificios decimonónicos que te entusiasman visualmente, encantadoras terrazas que permiten relajarse disfrutando de la espectacular bahía que tiene. Una de esas localidades que, con ser grandiosa, no pierde la faceta de tranquilidad que te hace concebirla como ideal para estar en ella e incluso declararla como una de aquellas que, aparte de la ciudad natal, se convierte en propicia para vivir en ella.

          Una ciudad cuya historia se forjó desde los inicios del siglo I d.C. como lo prueban los indicios de restos arqueológicos romanos que posee. Como ciudad portuaria fue clave en las relaciones comerciales con el Nuevo Mundo por medio del puerto que posee. Con esta trayectoria y concepción de lugar estratégico no cabe la menor duda que son muchas las sorpresas agradables que esperas encontrar.

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           La mejor manera de conocer una ciudad es caminando, dejándote llevar para ir descubriendo aquello con lo que te encuentras. Y con este propósito empiezo mi recorrido desde la plaza del Ayuntamiento, en el centro de la ciudad, una zona de paseo con espacio libre y peatonal que te hace disfrutar con el trasiego tranquilo de los peatones.

 

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         Moviéndonos por la calle Los Escalantes, en un lateral del edificio consistorial, llegamos a una nueva plaza, denominada de la Esperanza y que alberga el Mercado de abastos del mismo nombre, inaugurado en 1904 y que ha sido declarado monumento histórico artístico. Rehabilitado recientemente, es uno de los pocos edificios de estilo modernista de este tipo que se conservan en España, de dos plantas, construido en acero y vidrio sobre una base de piedra de sillería.

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         Por la calle Juan de Herrera se llega a una plaza Porticada, nombre con la que se conoce a la plaza de Velarde, que es un punto de encuentro para los locales y los turistas, con lo que puede adivinarse que es una de las más concurridas. Su construcción fue en el año 1941, tras el incendio que asola ciudad, y desde entonces ha sido escenario de múltiples espectáculos culturales.

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         De estilo Neo-herreriano los dos edificios que conforman la plaza están adornados con estatuas alegóricas que representan “El Ahorro” y “La Beneficiencia“, obras de Agustín Herrán. Durante la última remodelación en la plaza se ha vuelto a ubicar la estatua de Velarde y se han encontrado restos arqueológicos de la antigua muralla medieval de Santander y de la Puerta del Mar, entrada principal marítima a Santander en la edad Media, así como búnkeres y refugios antiaéreos de la Guerra Civil.

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          En sus inmediaciones se encuentra la Catedral y la iglesia del Cristo. La Catedral se realizó sobre estructuras de época romana, presenta tres naves, la central más ancha y alta que las laterales. Las naves y tramos se separan mediante pilares con ocho columnas. La cabecera de la puerta principal es moderna, construida tras el incendio de la ciudad en 1941. La rotundidad de sus líneas le confieren un aire de fortaleza militar y, en efecto, así lo denota que el lugar elegido para su construcción en lo que fue un cerro se hizo para vigilar la entrada de embarcaciones en la bahía. En su interior puede admirarse un retablo de estilo churrigueresco y el sepulcro del erudito santanderino Marcelino Menéndez Pelayo, con una Piedad y la estatua yacente de este personaje, obra del escultor Victorio Macho.

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           Una de las partes más interesantes del complejo catedralicio es la iglesia baja, llamado “cripta o parroquia del Cristo” que fue construido entre las últimas décadas del siglo XII y las primeras del XIII. Su estilo es de transición del románico al gótico y presume de un espacio de medidas considerables, organizado en tres naves de cuatro tramos, finalizadas por cabecera de triple ábside poligonal, de factura algo posterior. No se habilitó ningún transepto por lo que su planta en netamente basilical.

           El paseo nos conduce a los Jardines de Pereda, situados sobre los terrenos ganados al mar que fueron utilizados como muelle portuario en 1805. Se inauguraron oficialmente en 1905, y dispone de ejemplares de magnolias, acebos, palmeras, cedros, castaños de Indias, pinos, bojs, tejos, tilos, manzanos de flor.

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          Tanto los jardines como el paseo que sigue toda la bahía fueron dedicados al novelista cántabro José María de Pereda. En los jardines destaca la escultura de José María de Pereda, realizada por Lorenzo Coullaut Valera. Los grabados que se ven rodeando al busto de Pereda, representan escenas de sus obras. Igualmente nos encontramos en este espacio con un hermoso templete de música.

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         Como consecuencia de la construcción del Centro Botín, se ha llevado a cabo una remodelación del entorno de los Jardines pasando a duplicar su extensión. Precisamente en esta fecha de 23 de junio de 2017 en que visito la ciudad, se produce la inauguración oficial del Centro, para cuyo acto han asistido los Reyes de España. Se trata de un edificio concebido para que sea un centro de arte privado de referencia en Europa, cumpliendo así el deseo del fallecido Emilio Botín, para potenciar con las artes la vida de Santander y Cantabria.

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         Reparo en esta obra y en el trasiego de personas que se acercan a su entorno para continuar por la bahía pasando por la famosa Grúa de Piedra (de 30 toneladas) para encontrarnos, a pocos metros, con el Palacete del Embarcadero, realizado por Javier González de Riancho en 1920, proyectada inicialmente como estación de pasajeros y desde 1985 utilizada como sala de exposiciones y conferencias. También es un punto donde sale un pequeño barco que permite dar la vuelta por la bahía para conocer la ciudad desde el mar.

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         Proseguimos el paseo junto al mar para ver cercanas las edificaciones que se muestran a lo largo del Paseo de Pereda, construidas todas ellas en los siglos XVIII y XIX con estilo que es fiel reflejo de su tiempo, pasando de la sobria y aséptica racionalidad de las primeras manzanas, a las mayores libertades de arquitectos eclécticos en las últimas. Todas las fachadas se orientan mirando al mar. Y, por fortuna, no se vieron afectadas por el incendio de 1941.

         Recorriendo el Muelle de Calderón nos encontramos con la escultura de “Los Raqueros”, que representa a unos niños tirándose al agua y que se hizo como recuerdo de los chicos que hace años se lanzaban a la bahía para coger las monedas que les lanzaban los turistas.

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      Si seguimos caminando, pasamos junto al Club Marítimo Puertochico y frente a edificios que llaman la atención como el Planetario, la Escuela de la Marina Civil, o el Palacio de Festivales.

        Aquí nos encontramos con un renovado Dique de Gamazo, un espacio que fuera ocupado anteriormente por los antiguos astilleros de San Martín y declarados Bien de Interés cultural en noviembre de 2001. El dique tiene una superficie de 3.382 metros cuadrados, de planta rectangular, rematado en su extremo oeste en forma semicircular. Está cerrado por el Este con una compuerta, con una caseta de de bombas de achique a vapor, que se identificaba por la gran chimenea de ladrillo.y una verja de cierre (de hierro forjado, realizada en 1907 y de estilo modernista). Con motivo de la celebración del Mundial de Vela Santander 2014, fue restaurada la Caseta de Bombas, hoy convertida en un restaurante y que puede resultar un lugar adecuado para que paremos a descansar y tomar una deliciosa cerveza para divisar el entorno que lo viste un original parque, sobre el que se levantó la duna de Zaera como graderío para presentar las pruebas del Mundial de Vela, y en la actualidad usada como el principal mirador de la Bahía de Santander.

 

         Tomamos nuevamente nuestro recorrido para seguir junto al mar por la avenida de Severiano Ballesteros para llegar al Museo Marítimo del Cantábrico, con sus modernos acuarios. A partir de aquí comienza la zona de playas (la de Los Peligros y la de La Magdalena, que son las primeras), donde podemos transitar por medio de una pasarela de madera que nos acerca aún más a la dorada arena de playa.

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         Llegamos así a la Península de la Magdalena, uno de los entornos de Santander más bellos y especiales por la historia que representa, amén de los recuerdos que a mí en particular me traen por las muchas ocasiones que he tenido ocasión de acudir a este entorno por motivos académicos para culminar en el punto más alto de la península con el Palacio de La Magdalena, envuelto de bosques y acantilados, que fue construido por suscripción popular como sede de verano de los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Las obras comenzaron en 1909 y se concluyeron en 1911, siendo ejecutadas por los arquitectos cántabros J. González Riancho y Gonzalo Bringas. Un acontecimiento que cambió la historia de la ciudad, convirtiendo a la capital cántabra en corte veraniega y en destino turístico de buena parte de la aristocracia y la burguesía del país y como consecuencia, en motor económico y social de Santander.

          Por la zona que subimos, donde se encontraban las antiguas caballerizas (hoy convertida en residencia de profesores y estudiantes), vemos las islas de la Torre y Horadada, una verdadera gozada para la vista.

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     En cuanto al estilo del palacio es difícil de definir, tiene aportaciones de estilo neoclásico inglés y francés con pinceladas de estilo montañés. Es de complejo trazado, con dos entradas principales, una al norte, con pórtico, y otra en la fachada meridional, con escalinata. La torre y la disposición de los diferentes cuerpos del palacio conforman un edificio esbelto y de porte elegante, al que los amplios vanos de la fachada sur confieren una luminosidad y estética características.

El Palacio fue, a lo largo de un siglo, testigo fiel de la historia reciente de la ciudad y del país. En 1933, se convirtió en la Universidad Internacional de Verano de Santander, un proyecto educativo brillante, germen de la actual Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) que hoy en día, tiene en este edificio su sede más reconocida donde, cada año, desarrolla sus prestigiosos cursos de verano.

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            Puede advertirse por todo ello que el Palacio de la Magdalena ha tenido una historia verdaderamente intensa, que viene a reflejar la situación social y política de España. Ocho décadas de ajetreada existencia, desde Residencia Real hasta propiedad municipal y sede de la Universidad Internacional, hicieron que fuera absolutamente indispensable su rehabilitación, finalizada en 1995. En la actualidad, el Palacio es un lugar que ofrece diferentes alternativas para acoger congresos y encuentros, además de conservar una zona museística que recrea el encanto de la antigua Residencia Real.

         Si ya de por sí en este emblemático lugar podemos recrearnos con las hermosas vistas que ofrece, y en especial con la zona de El Sardinero, con sus magníficas playas (desde la del Camello –que posee una roca cuya forma recuerda a este animal- o la de La Concha hasta las propias del Sardinero –con más de un kilómetro de longitud-), he tenido la oportunidad de ver una exhibición aérea de helicópteros militares que nos han deleitado con sus acrobacias.

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             La bajada desde lo alto de la península lleva a divisar tres carabelas que son réplica de las usadas por Cristóbal Colón, y una reserva de animales marinos (focas, leones marinos y pingüinos en su hábitat natural).

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         Salimos así de este maravilloso lugar para tomar la Avenida Reina Victoria, que circunda por un promontorio con magníficas vistas a la bahía de Santander y las montañas de la Cordillera Cantábrico al fondo, y que aglutina a un importante número de residencias de familias cántabras de renombre. Se dice que, en julio de 1914, la reina Victoria Eugenia de Battenberg inauguró la avenida con un paseo en coche, escoltada por un escuadrón de lanceros.

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          En ella se localiza la que fue la residencia de la familia Botín hasta 2006, año en el que fue donada a la Fundación Marcelino Botín. Su construcción data de entre 1915 y 1918, siendo obra del arquitecto Javier González de Riancho. Se dice que el padre del que fue presidente del Banco Santander, Emilio Botín-Sanz de Sautuola López, compró esta mansión por muy poco dinero a Adolfo Pardo, el naviero, que después de la guerra mundial se arruinó y recurrió a Botín. El padre de Botín adquirió poco a poco el terreno en cuesta, parcela a parcela, para impedir que se construyera, lo que ha permitido que las laderas de la casa permanezcan sembradas de verde. La casa Pardo se trata de un trasunto del Palacio salmantino de Monterrey.

         Muy cerca se encuentra otra edificación que sobresale y que alberga el Hotel Real del Santander, uno de los establecimientos con más solera de España. No en vano, se construyó en 1917 a petición del rey Alfonso XIII, que por aquel entonces veraneaba en la ciudad. El hotel ocupa una zona privilegiada con vistas al mar entre el centro histórico y la playa del Sardinero.

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         Vuelvo así al paseo de Pereda, donde finalizo un recorrido extraordinario por esta grandiosa ciudad, apropiada para deleitarse con esas anchoas y pescado que caracterizan el lugar. Seguro que la vida me deparará nuevas oportunidades para acudir a esta bella ciudad.

 

3 comentarios en “Santander, siempre elegante

  1. Esther Vázquez

    Qué buenos recuerdos 😊
    La verdad es que Cantabria en general es un sitio precioso, y como dices, por Santander lo mejor es caminar y dejarse llevar, buen post. Un saludo.

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