Estocolmo, la ciudad flotante

       Uno de los viajes que he programado con entusiasmo es a los países escandinavos, buscando la esencia de la naturaleza, por aquello de que el verde y el agua se refunden para brindar a la vista un hermoso y único espectáculo. Me propongo hacer un rápido recorrido aprovechando la suavidad del clima que permite el verano, y mi primera estancia lo es en Estocolmo, la capital de Suecia en la que el agua y los parques ocupan dos tercios de la ciudad, lo cual dice ya tanto como para entender, sin más, que en el año 2010 fuese declarada la primera capital verde de Europa.

      Dulce o salada, el agua baña la ciudad de Estocolmo, levantada sobre 14 islotes rocosos en el lugar donde el lago Mälar se vierte en el mar Báltico, interconectadas todas ellas por medio de 57 puentes, distribuida en un perímetro de 188 km². Un archipiélago urbano que cuando la visitas en su extensión es como si en lo imaginario estuvieses saltando de peldaño en peldaño para dejarse sorprender por su belleza y los múltiples lugares que merecen ser visitados. Cuentan los lugareños que en invierno las heladas aguas permiten la práctica del patinaje y el tránsito por la superficie de unas islas a otras, circunstancia que nos da muestra de las temperaturas bajo cero que se deben alcanzar. Así, el período de verano (junio, julio y algo de agosto) se erige en un momento de aprovechar al máximo la luz solar que tanto se necesita para la vida, así como el uso de la bicicleta, para lo que contribuye el Ayuntamiento poniendo a disposición de los ciudadanos un total de 1.500, que pueden ser utilizadas durante la temporada por un precio de unos 25 euros aproximadamente, dicho sea en la moneda europea que no en la oficial de Suecia que es la corona sueca.

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      Un lugar como este es un claro exponente de un pasado que debió nacer forzosamente a la defensiva, y así puedes comprobarlo cuando te interesas por su historia, como ciudad que nació en el siglo XIII (concretamente en el año 1255) cuando Birger Jarl, un militar al servicio de la corona de Erico XI Eriksson, levantó un fuerte en un islote situado entre el mar Báltico y el lago Mälar a fin de frenar las sucesivas tentativas por parte de las flotas extranjeras de invadir territorio sueco, y también la piratería. Desde su fundación y hasta nuestros días, Estocolmo ha conocido numerosas transformaciones, dando lugar a edificios y arquitecturas de diferentes períodos históricos, con jardines extensos y preciosos canales que han hecho reconocer igualmente a la ciudad como “la Venecia del Norte”, una de las ciudades más cosmopolitas de la Europa meriodional.

      La ciudad vieja se asienta sobre la isla de Gamla Stan, que constituye un lugar singular al englobar los edificios y callejuelas adoquinadas que constituyeron la cuna de la capital sueca, aunque de sus orígenes medievales ya no quede gran cosa.

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      En la plaza Stortoget se encuentran algunas de las casas más fotografiadas de la ciudad, de fachadas altas y estrechas, pintadas de color ocre o rojo, fiel testimonio de la presencia alemana en Estocolmo, donde el comercio hanseático (antigua confederación de ciudades alemanas para seguridad y fomento de su comercio) era particularmente floreciente desde el siglo XVI. En la edad media estaba formada por un pozo y un mercado, además de la picota donde se ajusticiaba a los reos (este fue el escenario del llamado “Baño de Sangre de Estocolmo”, una masacre que tuvo lugar después de que el rey danés Christian II ordenara en 1520 asesinar a la mayoría de los miembros de la nobleza sueca por oponerse a la unión con la corona de Dinamarca).

      Aquí también se encuentra el edificio de la Bolsa (1773), que alberga la Academia Sueca, y la Biblioteca Nobel, hoy convertida en el museo de los avances de la humanidad en el último siglo XX.

      En el entorno, dentro del casco antiguo, en Bollhustäppan,  detrás de la Finska Kyran (Iglesia de Finlandia) a pocos pasos del Palacio Real de Estocolmo, nos encontramos con una escultura pública que si no nos advierten de su existencia podemos tropezar y no verla. Es la más pequeña de Estocolmo y me atrevería a decir que de Europa (mide unos 14 centímetros de alta) y se llama Järnpojken (chico de hierro) o también Pojke som tittar på månen (chico mirando a la luna). No por su belleza sino por la fama que tiene se ha convertido en relevante, que fue esculpida por Liss Eriksson en 1954 aunque inaugurada en 1967. En su inmediación los turistas pasan y dejan monedas para rendirle culto; otros le obsequian una pequeña bufanda, un gorrito, flores, caramelos o cualquier cosa que el tiempo y la creatividad les permita ya que la leyenda cuenta que además de la suerte puede atraer a la fertilidad. Pero claro, hay una iglesia cercana que se encarga de retirar las monedas y evitar las malas tentaciones.

       También aquí se encuentra la Catedral (Storkyrkan), inaugurada en 1306, restaurada en el siglo XV, y ricamente decorada en el siglo XVII. Cuenta con un curioso púlpito de madera labrada, una talla original del siglo XV de san Jorge fulminando al dragón y, sobre todo, el lienzo de los Parhelios del siglo XVI, que muestra un fenómeno óptico observado en el cielo de Estocolmo el 22 de abril de 1535, y da una idea de cómo era la ciudad en aquella época.

     La Plaza de Gustavo Adolfo es una plaza pública en el centro de Estocolmo nombrado por el rey Gustavo Adolfo. Allí se encuentra la Ópera Real, el Departamento de Estado sueco, Arvfurstens Palats (vivienda del Ministerio de Relaciones Exteriores) y el Ministerio de Defensa.

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         Al sur de la plaza se encuentran el Parlamento, el único edificio que se sitúa en el islote denominado Helgeandsholmen (deriva de “Den helige andens holmen“, que significa el islote del Santo Espíritu), y el Palacio Real. En el centro de la plaza hay una estatua de Gustavo  Adolfo II, que fue erigida en 1796 por el escultor francés Pierre l’Archeveque.

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        La Ópera Real de Estocolmo es, como puede advertirse, un teatro de ópera. El antiguo edificio fue encargado por el rey Gustavo III, e inaugurado por éste en 1780, atribuyendose al arquitecto Carl Fredrik Adelcrantz. El rey en esta época era un mecenas, propio del despotismo ilustrado. Fue demolido en 1892 y sustituido por un nuevo edificio diseñado por Axel Johan Anderberg y inaugurado por el rey Óscar II de Suecia en 1899.

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       En esta parte de la ciudad podemos visitar el Palacio Real, en la cima de Slottsbacken, la residencia oficial de la familia real  (dado que desde 1981 la residencia privada está el Palacio de Drottningholm, a unos 15 kilómetros de la ciudad de Estocolmo, en la isla de Lovön, municipio de Ekerö). El primer edificio que estuvo en este lugar fue una fortaleza con una torre central construida en el siglo XIII por Birger Jarl. La fortaleza creció hasta convertirse en un palacio, llamado Tre Kronor (“Tres Coronas”) en honor a las agujas de la torre central. Edificado en el siglo XVIII, es uno de los palacios más grandes de Europa, con más de 600 estancias entre las que destacan las Salas de Banquetes, los Apartamentos de las Órdenes de la Caballería, el Salón del Estado, el Tesoro Real, el Museo de Antigüedades de Gustavo III y la Capilla Real. El palacio está protegido por la Högvakten, la guardia real formada por miembros de las fuerzas armadas suecas, una guardia que data de principios del siglo XVI.

        La isla de Kungsholmen está dominada por la torre del Ayuntamiento (Stadshuset), situada a orillas del agua donde comienza el lago Mälar. Se divide en elegantes barrios residenciales, con el gran parque de Ralambshov, bordeado por una microplaya.

         El Ayuntamiento es un edificio simbólico de la ciudad, construido entre 1911 y 1923, por el arquitecto Raganar Ötsberg, es un ejemplo palpable del estilo “nacional romántico”. Dispuesto alrededor de dos patios interiores, uno al aire libre, y cubierto el otro, el edificio y su torre campanario  son una muestra de la creatividad artística de la época, que requirió para su realización no menos de ocho millones de ladrillos, participando los mejores artesanos y artistas suecos.

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ayuntamiento

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    En el recorrido interno que merece la pena hacer destaca el famoso vestíbulo azul (color que solo tiene en el nombre) donde cada año se celebra la cena de los Premios Nobel. El aperitivo del banquete de los premios se realiza en la Sala dorada, decorada con frescos formados por millones de mosaicos cuadrados con láminas de oro incrustadas; en la pared del fondo, la “reina del Mälar”, es decir Estocolmo, recibe el homenaje de Oriente y Occidente. La Sala del Consejo es otro lugar de su interior, donde tienen lugar las reuniones del Ayuntamiento abiertas al público; el techo está formado por impresionantes vigas de madera que recuerdan el casco invertido de un barco vikingo. Finalmente, la Sala francesa, decorada con tapices de Beauvais del siglo XVII, es el lugar donde se celebran las bodas civiles.

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      Cerca del Ayuntamiento se encuentra el edificio que más contraste puede ofrecer con las estructuras de antaño, y de ahí la polémica que en su momento suscitó su construcción. Se trata de una edificación metálica construida para cumplir tres funciones: la llamada Building Waterfront (de oficinas), Radisson Blu Waterfront Estocolmo (para hotel) y Stockholm Waterfront (de congresos), obra que fue inaugurada a comienzos del año 2011.

palacio de congresos

        El islote más pequeño de Estocolmo es el denominado Strömsborg, situado entre el puente Centralbron y el puente Vasabron. Se accede caminando desde este último. Casi en su totalidad lo ocupa un edificio de cuatro plantas datado en 1897, que acogió diferentes clubs de baile durante el siglo XX y que ahora es la casa de un organismo de la Unión Europea llamado IDEA, encargado de promocionar el pensamiento democrático en el mundo.

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        La isla Södermanlm fue en su momento un barrio obrero, y en ella disponemos de la posibilidad de subir al Ascensor Katarina, de 38 metros de altura creado para facilitar el acceso a la parte alta de esta isla. Ofrece unas vistas espectaculares del puerto y del caso histórico de Estocolmo.

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      La isla concebida como del ocio es la de Djurgarden, un antiguo coto de caza real en cuyo ámbito se ofrecen infinidad de atracciones familiares, desde las culturales a las de puro ocio. Aquí también nos encontramos con el Museo Vasa y el Museo Nórdico.

isla del ocio

        El Museo Vasa se confiere al gran buque de guerra que zarpó desde el puerto de Estocolmo el 10 de agosto de 1628, que recibió su bautiza por la dinastía gobernante (los Vasa). El navío fue mandado construir por el rey Gustavo II Adolfo para combatir al enemigo danés, y se tardó tres años para ello, profusamente decorado como fuertemente armado. Pero su vida fue corta:  cuando el buque se deslizaba lentamente hacia la bocana del puerto, una repentina ráfaga de viento comenzó a soplar. El Vasa se escoró, pero logró corregir su rumbo. Una segunda ráfaga golpeó el costado del barco. El agua comenzó a entrar por las cañoneras y el Vasa se fue a pique. Al menos 30 miembros de un total de 200 que componían la tripulación se ahogaron. El Vasa tardaría 333 años en volver a ver la luz, en un estado de conservación excepcional. En este museo se conserva gracias a la penumbra y la humedad relativa al aire. Se puede visitar pero sin acceder a bordo.

        El Museo Nórdico fue construido a principios del siglo XX en el estilo Renacimiento sueco. Fundado por iniciativa de Artur Hazelius, estaba destinado a reunir testimonios de la vida sueca a través de la historia.

museo nórdico

      Para los amantes del conocido grupo Abba, se ha creado un Museo ubicado en este entorno, donde puede recrearse viendo la historia musical que tuvieron. Pasé por la puerta pero no disponía de tiempo suficiente como para ahora pararme en este lugar por lo que me limito a reflejar su existencia, por aquello de reflejar el orgullo que muestran los suecos a este grupo cuyos cuatro componentes campean hoy día cada uno por su lado, con vidas muy distintas.

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        Skeppsholmen es la isla de los museos, a la que se accede por el puente metálico de Skeppsholmsbron, que la comunica con la isla de Blasieholmen. Allí, enfrente del Palacio Real, se levantan a orillas del agua el Museo Nacional y el Grand Hötel, donde tradicionalmente se alojan los premios Nobel y sus familias.

        El Museo Nacional fue edificado en el siglo XIX, es el más grande de Suecia. Alberga una importante colección de arte gracias a los donativos tanto del Conde Carl Gustaf Tessin como del rey Gustavo III de Suecia. Fundado en el año 1792, abrió sus puertas como se lo conoce actualmente en el año 1866. Algunos de los artistas cuyas obras son expuestas en este museo son Edgar Degas, Paul Gauguin, Rembrandt, Goya y Rubens, entre otros.

        Ubicado en un edificio art nouveau en la calle de Nybroplan, cerca de Norrmalm, nos encontramos con una obra maestra de la arquitectura modernista de inspiración vienesa con sus dorados y techos pintados por Carl Larson, el Teatro real de arte dramático (“Kungliga Dramatiska Teatern”) de la ciudad, popularmente conocido por el “Templo blanco”, donde Greta Garbo e Ingrid Bergman, entre otros, empezaron a actuar. El famoso realizador Ingar Bergman ofrece dos obras al año. Hay ocho salas en el teatro, que pueden recibir entre 50 y 700 personas. Todas las obras son en sueco.

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         Es curiosa la escultura en bronce de una de las actrices que tuvo el Museo, que ha quedado inmortalizada no por otro aspecto especial que el de salir cada vez que concluía una actuación para fumar un cigarro en esa esquina donde ahora aparece. Muchos son los abrazos que permanentemente se le dan pero lo es, sobre todo, porque la escultura mantiene una temperatura que en estos lares se agradece. He podido comprobar cómo es cierta esta apreciación, y en mi abrazo pude comprobar cuan calentita estaba la figura, lo cual era de agradecer ante el fresco día que teníamos.

       Y muy cerca todo el entramado de calles comerciales, donde las famosas marcas aposentan su local como ocurre en todas las florecientes capitales europeas. Un lugar para hacer las compras necesarias, siempre que la cartera lo permita.

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        Es difícil culminar todo un relato que abarque cuanto puede ofrecer una ciudad como esta. Sí he conseguido percibir lo que transmite con su encanto singular, lo que me permite proyectar esta visión que, aunque incompleta, da las pinceladas necesarias para facilitar su perspectiva. Espero que sirva para conocerla o para el recuerdo siempre agradable de quienes ya la hayan visitado.

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