Aventura en Monesterio: Ruta circular por la Sierra de Aguafría

Una nueva aventura ha sido programada por el Grupo Universitario Multiaventura (GUM), del Safyde de la Universidad de Extremadura, en este caso para introducirnos en el término municipal de Monesterio, en la provincia de Badajoz, y alcanzar la cota de la Sierra de Aguafría y el mirador del Castillo, con casi trece kilómetros totales (12,61 marcó mi cronómetro), concebidos como de dificultad media.

Para llegar al punto de encuentro para emprender la ruta, los que fuimos desde la capital de Badajoz hicimos en vehículo un total de 118 kms que son los que media hasta la localidad de Monesterio, una preciosa población integrada en la comarca de Tentudía y que es sumamente famosa por la calidad de sus jamones. No en vano cuenta con una fiesta especial declarada de Interés Turístico, concebida como «Día del jamón», para que locales y visitantes degusten el preciado manjar. En el famoso Hotel Leo de la población tomamos un buen desayuno (¡impecable la tostada de tomate con jamón!) para coger fuerzas de cara a esa ruta que comenzamos sobre las diez de la mañana del primer sábado del mes de febrero, que presagiaba —y así fue— una buena temperatura con cielo despejado, aunque algunas nubes aparecieran para recordar que estamos en época de ello.

La ruta es circular, con inicio y llegada a la población de Monasterio. El relieve de este municipio está definido por las primeras estribaciones de Sierra Morena, destacando la sierra de Tentudía, que se divide en la sierra de Aguafría al suroeste (que será la que abordemos) y la sierra de San Roque al sureste.

En general, discurre por caminos rurales con algunas partes de suelo firme cementado, zonas forestales, veredas y caminos públicos, y el entorno es, en su mayor parte, boscoso en el que predominan los castaños, las encinas y pinares. En su tramo inicial se transita entre fincas agrícolas, huertas, y pequeñas explotaciones ganaderas, entre ellas —como no— de cerdos que proporcionarán esa materia prima que tanto caracteriza el lugar.

Comienza después la parte más exigente de la etapa, ese ascenso de aproximadamente kilómetro y medio que llega hasta alcanzar el alto de Aguafría, a 1.079 metros de altura, lugar en el que se levanta una torre de vigilancia de incendios. Una parada en este lugar resulta necesaria para recrearse con esas maravillas e impresionantes vistas de todos los alrededores.

Desde aquí iniciamos un pequeño descenso que nos llevó al otro punto relevante de la ruta, el Alto del Castillo (1.002 m), asentado sobre un levantamiento granítico (unas grandes bolas rocosas), en el que se encuentra una abandonada torre de vigilancia, construida en piedra, de dos plantas, con una azotea transitable a la que se accede desde una escalera de hierro colocada por el exterior, ahora ciertamente deteriorada en sus barandillas. Además de ello posee un saliente, en forma de balcón, con unas vistas extraordinarias y que nos permite fotografiarnos en grupo para perpetuar el recuerdo de este día. Está todo ello junto a una explanada que ahora, con las recientes lluvias, muestra un suelo de hierba corta, con lo que encontramos el lugar apropiado para hacer una parada y servirnos de avituallamiento y reponer energías. ¡Qué maravillosa imagen de esa extensa parte de las tierras de Extremadura!

Seguimos para volver sobre nuestros pasos y tomar el camino de descenso hasta el que aparece como un banco situado en la Era Empedrá, un llano en un cruce de camino donde queda el recuerdo de los dueños de la finca (Manuel y Fructuoso Ferreira Villalba) y se llama la atención de lo hermoso que supone estar aquí placenteramente para observar los pinos, y recordar en una loseta de mármol que aquí trabajaron antepasados que legaron estas tierras para uso y disfrute de las generaciones posteriores.

Caminando por tierras extremeñas

El trayecto final permite ver nuevamente esas explotaciones ganaderas que abundan en sus cercanías, con algún que otro escandaloso perro guardián que muestra su recelo por los que pasábamos en sus inmediaciones. Finalmente encontramos el mismo terreno que tuvimos al inicio para culminar en el lugar donde se daba por concluida esta bonita ruta tras tres horas y media de duración.

Los siempre prestos a la ayuda y guías del grupo, Eduardo e Iván, muestran su satisfacción y los ruteros agradecemos haber seguido sus directrices. Objetivo cumplido.

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