La corrupción nos delata

         En estos momentos en que vuelve a salpicar el mundo de la política con los casos de corrupción que se destapan en la comunidad valenciana, unido a todo el arsenal que llevamos ya desde que la crisis nos ha ido colocando en nuestro sitio, y desde que empezamos a explicarnos con esa mayor información que tenemos, cómo podía vivir todo españolito en esa órbita de despilfarro y suntuosidad que se dejaba ver, es patente que tenemos que reflexionar muy mucho.

        Máxime cuando creo que no pasa desapercibido que esto no parece haber terminado y, por desgracia para todos, saldrán a la luz otros casos que ahora aparecen como meras sospechas de no ser todo lo regular que se quisiera. Incluso muchos de los que aprovechando este momento alzan las voces para decirnos lo mal que hemos hecho las cosas y qué insensatez hemos tenido para colocar al frente de los gobiernos a todo un conjunto de corruptos o, cuanto menos, de coautores por omisión del deber que tenían de cortar a tiempo lo que se veía que no era normal, es posible que se vean inmersos en procesos turbios que, así de curioso es, nos hará sonrojar a los demás pero no a aquéllos que lo propician y que, a buen seguro, tendrán caminos para salir del infierno.

         Recientemente, Transparency International, organización no gubernamental que viene actuando desde el año 1993, promoviendo medidas contra la corrupción política en el ámbito internacional, ha hecho público el Índice anual de Percepción de Corrupción, esto es, una lista corporativa de corrupción a nivel mundial y que, como no podía ser de otra manera, refleja una situación lamentable de España, descendiendo año tras año para situarse ahora en el puesto 36 de los 168 países analizados, con una nota de 5,8.

MAPA MUNDIAL DE LA CORRUPCIÓN (SEGÚN IPC 2015)

 ipc2015

        Por la parte superior, se advierte que el ranking aparece encabezado por la honestidad de los países nórdicos: Dinamarca, Finlandia y Suecia. El oscuro fondo lo ocupan Sudán, Irak, Afganistán, Somalia, Siria, Libia, con un llamativo puesto 158 de la República Bolivariana de Venezuela que, como bien sabemos, constituye un ejemplo para muchos. Según la organización, España es junto con Australia, Libia, Brasil y Turquía, uno de los cinco países que ha experimentado el mayor descenso en el índice de corrupción en los últimos cuatro años.

       Los analistas destacan que España ha alcanzado las puntuaciones más bajas en los últimos quince años, y mientras que el año pasado ocupaba el puesto 37 con 60 puntos, consolidando la puntuación que recibió en 2013, tras descender diez puestos respecto al año 2012; suponen estas puntuaciones la continuación en el cambio de ciclo que se inició a partir de la crisis económica, que hizo que España pasase de puntuaciones de 7,1, en un declive paulatino a puntuaciones por debajo del 6. Nos encontramos, por tanto, en lo que Antonio Arias califica como “el lento descenso a los infiernos de la corrupción“, sobre todo porque, como apuntaba al comienzo, la torticera actuación no ha tocado fondo, y cuando vayamos a ver los resultados de 2016 ya podemos aventurar lo que sucederá.

ipc-2015-a-1

          Del estudio de 2015 se desprenden igualmente otras cuestiones a resaltar. Así, los países de las primeras posiciones presentan características comunes, como un alto nivel de libertad de prensa, acceso a información sobre presupuestos que permite que los ciudadanos sepan de dónde procede el dinero y cómo se gasta, altos niveles de integridad entre los cargos públicos y un poder judicial independiente. Por el contrario, Los factores que condicionan la mala puntuación son, según Transparencia Internacional, los conflictos, una gobernabilidad deficiente, falta de independencia en los medios de comunicación e instituciones públicas frágiles, como la policía y el poder judicial.

          Así pues, España obtiene el peor resultado de la historia y, como se advierte, sólo queda delante de tres países menores que aprueban raspado (Croacia, Hungría, Eslovenia) y los cuatro clásicos que suspenden siempre: Grecia, Rumania, Italia y Bulgaria.

          Podrían hacerse muchas conjeturas para extraer conclusiones sobre cómo puede ser que vayamos cayendo en este precipicio, y así puede advertirse una vertiente sociológica que ha sido expuesta por la profesora María del Mar Martínez Rosón, a cuyo artículo me remito: “Yo prefiero al corrupto: el perfil de los ciudadanos que eligen políticos deshonestos pero competentes”, pero lo cierto y verdad es que el camino que tenemos se encuentra tan lleno de obstáculos que bien merecería que nos paráramos a analizarlo por nosotros mismos, conscientes de nuestras propias decisiones que adoptemos, sin dejarnos llevar por quienes nada más que pretenden aprovecharse de la situación crítica que vivimos.

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