Badajoz y sus jardines (I)

         El pasado de la ciudad de Badajoz ha venido marcado por la contraposición entre actuaciones positivas, de auténtica creación artística y progreso, y otras negativas ocasionadas por la destrucción y las desidias, auspiciadas estas últimas por sucesos derivados de las guerras o de los actos de quienes la gobernaban puntualmente y que bien parece que carecían del más mínimo rigor para preservar lo que constituía nuestro patrimonio e historia.

         Y en este devenir han surgido personas que luchaban -y aún hoy siguen otras haciendo ese papel- contra los desmanes, intentando reparar cuanto se pudiera hacer y que, por desgracia, no llega nunca a equilibrarse por aquello de que, cuando se rompe el jarrón, por mucho que se quiera reparar, será un tanto difícil si sus piezas no se encuentran ya en nuestro poder. Podremos hacer algo que se parezca, si compensa el esfuerzo y es posible disponer de la economía que lo soporte, pero nunca volver a lo originario.

         Un protagonismo especial merece el pacense Antonio Juez Nieto, nacido el 7 de marzo de 1893 en la calle Vicente Barrantes número 16. Un hombre adelantado a la época que le tocó vivir, como así se dice; rompedor, culto, refinado, asiduo visitante de pinacotecas importantes, contradictorio, elegante en el vestir, exquisito en el trato, bibliófilo, y sobre todo: gran autodidacta, formándose a sí mismo no solo en los pinceles, sino también en las letras.

Antonio Juez

           Este polifacético personaje fue nombrado por el Ayuntamiento de Badajoz,  en el año 1948, Jefe de Parques y Jardines. Su designación, propuesta por influyentes amigos de Badajoz, venía forzada porque tuvo que dejar la pintura a causa de la alergia que se producían los cobaltos. Mejor que nadie incidía en un momento de la historia de Badajoz, procurando recuperar aspectos deteriorados, para lo cual asignó al jardín un claro mecanismo reparador, al que lo definía como la sonrisa de la ciudad. Los proyectos que concibió comenzaron a materializarse en 1950, y bien merece reproducir sus propias palabras, para resaltar el espíritu que lo movía.

Por apatía, indiferencia, egoísmo e inconsciencia, hemos dejado destruir nuestras magníficas y bellísimas murallas, donde el romanticismo, con las armas de la historia, pudo haber hecho el itinerario más bonito e interesante que todos los turistas del mundo hubieran podido desear: bastaba con haberlas limpiado, ajardinado, utilizado los magníficos locales que nos ofrecían sus poternas bien acondicionadas de luz y accesos, a pequeños museos en los que podrían haberse acumulado objetos de las distintas batallas, hechos gloriosos o históricos momentos políticos que han venido desarrollándose en torno a estas piedras gloriosas de nuestras murallas sacrificadas. Los jardines, que se realicen en sus fosos, podrán ser el complemento de estos museos, con sus glorietas, fuentes, estatuas, obeliscos  monumentos conmemorativos“.

          El jardinero de Badajoz, como se le viene a recordar para resaltar la contribución que hizo a la ciudad, hay que agradecerle nada más y nada menos que diseñara la gran mayoría de los jardines más bellos que existen en su urbe, con un reconocimiento internacional que le supuso que fuera nombrado en 1959 miembro de la Federación Internacional de Arquitectos de Paisajes. Unos diseños llenos de sensibilidad y en el que fácilmente podía constatarse la admiración que sentía por los jardines portugueses y sevillanos, cuya impronta queda patente en los resultados producidos para cumplimentar sus proyectos.

        Me produce un gran placer recorrer este itinerario verde, acompasado de los elementos arquitectónicos que a su paso existan, y que además de recordar muchos momentos vividos en torno a ellos, me permitirá conocer algo más en profundidad cuanto envuelve a este recorrido y cómo se configuraron, al mismo tiempo que pueda compartir lo que debe ser patrimonio de todos, garantía de lo que es bello y merece saborearse.

El Parque de Castelar.

         Se encuentra ubicado en el centro de la ciudad y constituye, sin duda, uno de los parajes en el que cualquier ciudadano pacense se ve reflejado. Bien por recordar los momentos de infancia disfrutando de su contenido, producirse los primeros escarceos amorosos que surgían en los años sesenta y setenta a la luz de este bello paraje de flores, plantas y árboles con su genealogía; o bien por compartir con hijos y nietos el disfrute de patos, palomas, pavos reales, y lugar de encuentro para gozo de las criaturas. Un recóndito lugar que tiene, como todo, su propia historia.

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Estanque central, en fotografía de los primeros años del parque público

          Ocupa lo que fue el huerto del convento de Santo Domingo, fundado en 1556, por don Gome Hernández de Solís y su esposa doña Catalina de Silva y entregado para su custodia a los padres dominicos. Próxima a este espacio de 12.ooo metros cuadros, se encuentra la iglesia que fue del convento, cuya construcción, obra de los maestros Baltasar Sánchez y Juan García, concluyó en 1587. El antiguo claustro del convento de Santo Domingo, ocupado en la actualidad por dependencias de la Guardia Civil que lo han transformado en parte, se abre al patio con arcos de medio punto y contrafuertes. Los padres dominicos permanecieron en el convento hasta la desamortización del año 1822. Después de la exclaustración, a partir de 1830, mientras continuó practicándose el culto en la iglesia a cargo de los padres paúles, el convento se convirtió en presidio, lo que dio lugar al nombre de “Campo de Presidio” que se atribuía a los terrenos que ocupa en la actualidad el Parque de Castelar. Posteriormente estos terrenos constituyeron un gran espacio abierto utilizado para varias finalidades, ya conocido con el nombre de “Campo de San Vicente“, se cree que por hacer referencia al patrono de los padres que regentaban la iglesia.

          A comienzos del siglo XX (año 1901), el Campo de San Vicente se convirtió en parque público, como lugar de recreo,  y el nombre de Castelar se debía a la iniciativa del concejal Mario González Segovia, siendo entonces alcalde José Muñiz Rodríguez. La idea que subyacía era la de realizar unos jardines de estilo francés y, para impulsar el proyecto, se le encomendó al jardinero portugués de ascendencia francesa Juan Nogrés Rouch, que había sido jardinero del Duque de Palmela, y que ocupó el puesto de Jefe de Parques y Jardines del Ayuntamiento; y para tan encomiable labor fue ayudado por el jardinero municipal José de la Concepción, también portugués. Ambos introdujeron la novedad del parterre en la ciudad (zonas de jardines con anchos paseos y en las que se plantan césped, flores, generalmente formando una figura geométrica, y que queda diferenciada del resto). Desde estos momentos aparece la concepción de un lugar de vegetación exuberante en el que abundarían especies exóticas. La inauguración oficial del Parque público se produjo en el año 1903, con un concierto de la banda municipal.

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         En el interior del Parque podemos advertir elementos diversos sobre los que vamos a reparar. Así, en esos primeros años del siglo XX se ubicó en uno de sus espacios el poste meteorológico que anteriormente estaba instalado en la plaza de San Juan. Su situación está cerca de la popular rotonda del reloj, y hoy en día puede advertirse su deterioro, carente de un mantenimiento que permitiera recobrar la funcionalidad que tenía de antaño.

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Devenir del tiempo del poste meteorológico

          Posterior es la instalación de la pajarera que podía advertirse en fotografías realizadas en 1920. Luego, durante la guerra civil y los primeros años de la posguerra, dicen los estudiosos de la época que el Parque de Castelar sufrió un gran deterioro y abandono, aunque la mayoría de las especies arbóreas sobrevivieron incluso a los efectos devastadores de un vendaval que arrasó el parque en el año 1941. Y ya, en 1948, con el nombramiento por el Ayuntamiento de Badajoz de Antonio Juez como Jefe de Parques y Jardines, se introdujeron algunas novedades fruto de la imaginación que incorporaba el polifacético artista. En 1949 se creó un pequeño zoológico con cigüeñas, garzas, ciervas, una zorra y una loba.

           Pero la aportación sustanciosa de Juez es contundente en muchos aspectos. A él se debe el empleo de piedras comunes y de cantos de río en las glorietas que él mismo diseñó y en la delimitación de zonas verdes coquetas, íntimas, que rompen la continuidad del espacio que, aunque bello, empieza a ser monótono. Los bancos ondulantes de formas modernistas; algunas fuentes, también de cantos rodados, como la conocida como Boca del lobo; el recoleto estanque central donde viven multitud de patos y cisnes rodeado de una exuberante vegetación, en la que pueden advertirse pavos reales y anidamientos de palomas, mirlos, y más modernamente tórtolas turcas; la pérgola, situada en las proximidades del estanque, apoyada en pilares de obra de fábrica de ladrillos, sombreada por un dosel de vetustas glicinias de las que penden hermosos racimos de flores coloridas.

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Rincones del Parque donde puede apreciarse el uso de la piedra común y cantos de río 

        En el estanque central se sitúa la estatua de Carolina Coronado, escritora nacida en Almendralejo (Badajoz), y cuyo monumento es obra del escultor José Sánchez Silva, amigo de Antonio Juez. En el basamento aparece la inscripción: “La sensibilidad de la mujer en ti se hizo poesía“. Aun cuando esta bella escultura da luz y paz al estanque que se sitúa a sus pies, presenta un cierto deterioro producto de la amenaza que permanente pende sobre ella por parte de la infinidad de palomas que anidan en este parque y que encuentran acomodo en su figura. Se instaló en 1945.

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Estanque central del Parque de Castelar

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Carolina Coronado

          Un segundo monumento situado en el parque es la escultura de Adelardo Covarsí, afamado pintor nacido en Badajoz en 1885 y fallecido en 1951, y que para homenajearle se erigió esta escultura en 1952, obra de José Silva, que aparece rematada con una reproducción en azulejería de su obra: “El zagal de las mongías“. En un lateral, aunque difícil de ver, aparece el siguiente texto; “..y fundió en sus lienzos el cielo y la tierra de la Extremadura, con un afán partitivo y a veces en favor de los humildes, de que son testimonio las figuras populares de los monteros, señores nativos de las serranías; otras con hondas lejanías sin linderos...”.

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         Otro monumento que se sitúa en este espacio es la escultura de Luis Chamizo, en busto de bronce obra de Emilio Laíz, que fue instalado en 1966. La escultura fue erigida por decisión conjunta del Instituto de Cultura Hispánica y el Ayuntamiento de Badajoz. Luis Chamizo fue escritor y poeta, nacido en Guareña (Badajoz) en 1894 y fallecido en 1945, cuyas obras eran escritas tanto en castellano como en la variedad local de bajoextremeño de Guareña. Un merecido homenaje en un lugar de paz, en uno de sus rincones más sugestivos, ideal para la meditación y lectura sosegada.

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        Un aspecto de cierta curiosidad del parque merece resaltarlo. Las verjas de las entradas principales son las que cerraban Puerta de Palmas por la noche dejando la ciudad intramuros inaccesible tanto para la entrada como para la salida de la ciudad.

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          Al igual que esa fuente de mármol situada cerca al estanque central y que, en las remodelaciones experimentadas, desapareció quedando en el recuerdo de los ciudadanos que hoy la reviven mediante una suscripción que ha hecho posible reproducirla para entregarla al Ayuntamiento a fin de instalarla en el bonito parque.

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La fuente de mármol del parque, en su tiempo y la ahora realizada por la Asociación Cívica Ciudad de Badajoz.

          A lo largo de los años el Parque ha experimentado algunas remodelaciones. Se fueron saneando sus interiores, dejando unos espacios más visibles y eliminando vegetación que perjudicaba la supervivencia de plantaciones exóticas. Se eliminaban las trabas que impedían ver desde fuera su belleza interior, y en 2007 se  cambió el suelo y subsanaron los problemas de saneamiento; con esta intervención se mejoró el drenaje en época de lluvias y se incorporó el espacio de juegos infantiles.

         Más reciente, en 2014, se han colocado carteles que identifican las distintas plantas y vegetación que se asienta en el parque, y que hacen del mismo un jardín botánico en el mismo centro de Badajoz. Cada rótulo añade, además curiosidades, como por ejemplo que la madera del almez (árbol procedente del norte de África y el oeste de Asia) se usa para fabricar remos y horcas y que su fruto, la almacina, se vendía antiguamente como golosina para los niños. Junto a ello, también las luminarias han mejorado ostensiblemente, cambiando los antiguos bombos por faroles de forja y metracrilato. En fin, se han rehabilitado dos edificios del parque, a uno de los cuales se trasladó la oficina de Parques y Jardines, y el otro dio acogida a un Aula de Naturaleza.

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El Parque Infantil.

          En mi mente se cuela un lugar lleno de recuerdos de la infancia. El concebido como Parque Infantil se ubica en el foso de las murallas, en el espacio comprendido entre los baluartes de San José y de San Vicente, cercano al de Castelar, y su diseño se debe también a Antonio Juez, que lo hizo en 1950. Entre estos baluartes tuvo lugar, en la Guerra de la Independencia, y más concretamente en la noche del 6 de abril de 1812, un asalto improvisado de la 4ª y 5ª División de las Tropas Aliadas (irlandeses, portugueses y españoles) para recuperar la ciudad que se encontraba en manos de los franceses desde hacía un año exactamente. Gracias a este asalto fue posible la liberación de otras brechas por parte de los franceses y la entrada al castillo, y como consecuencia la victoria y recuperación de Badajoz.

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         En la actualidad, el acceso al Parque puede hacerse por tres sitios diferentes. La que podríamos decir más peculiar y con su especial simbología, a través de una rampa que comunica la calle Ramón y Cajal con la poterna que se conserva del recinto amurallado de la ciudad (de los pocos ejemplos de paso cubierto que sobreviven en la muralla de la ciudad), en cuyo pavimento se aprecian los dibujos angulares diseñados por el autor, realizados en cantos de río y, en su trayecto, en el que se interrumpe la escalinata por un descansillo, una fuente de cantos rodados con surtidor en forma de pez. Como indica la placa que se ubica a la entrada de la escalinata, la poterna era históricamente una puerta secundaria que permitía la comunicación rápida desde el interior de la plaza hacia el foso de la fortificación; debía servir para el paso de tropas de infantería, pero no de caballería ni carruajes. En el caso de la poterna de San Vicente comunica la cortina de la muralla con el foso en el flanco izquierdo del baluarte. La salida al foso está protegida además por el orejón construido en ese mismo flanco.

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          Originariamente la poterna era un portillo directo en la muralla, pero al recrecerse el baluarte de San Vicente hacia 1776 ese acceso directo quedó como entrada a la galería de fusileros, por lo que fue necesario realizar una entrada en recodo hacia el flanco del baluarte. En el interior de su portada se conservan los posibles sillares de granito de la antigua puerta medieval de Yelbes, reubicados en esta poterna cuando se desmontó la antigua cerca medieval y se construyó este sector de la muralla abaluartada, a finales del siglo XVII.

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         Otra entrada es por el Baluarte de San José, accediendo a la calle Tierra de Barros; y una tercera mediante las escalinatas existentes para conectarse con el paseo fluvial.

         El espacio comprende también el Auditorio Municipal, aprovechando una de las lunetas de la muralla, que lleva el nombre del alcalde Ricardo Carapeto Burgos en recuerdo al momento de su construcción, el año 1954. El escenario es de gran tamaño, dentro de un conjunto en el que se ve el aire modernista que Juez imprimía a sus jardines. Tiene un aforo de 1.000 espectadores y en su interior se celebran, especialmente, festivales culturales.

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 Perspectiva del Auditorio Municipal tomada desde las afueras del Parque, en la calle Tierra de Barros

        El diseño originario presentaba amplias zonas verdes y de frescor con abundante vegetación, rincones sombríos, calles de setos y grandes árboles, mostrando elementos comunes con los del Parque de la Legión o de Trinidad, como los bancos de mampostería adosados a las murallas. Pero la última rehabilitación ha menoscabado sus características y hoy, en pleno proceso de recuperación, presenta un aspecto más diáfano.

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Ayer y hoy de una zona del Parque infantil

        En el Parque se localiza, adosada a la muralla, la antigua portada de la Ermita de la Soledad. Esta portada, convertida hoy en horcina y templete, es de gran mérito, siendo la que se construyó para la primera ermita en el siglo XVII por orden del Duque de San Germán; es de mármol espléndidamente labrado y la acompaña una imagen de la Virgen de la Soledad de escaso mérito artístico. Fue instalada aquí en 1954 y muy recientemente fue objeto de vandalismo, de esos que tanto temía Antonio Juez como destructores de la ciudad, teniendo que ser restaurada y vuelta a colocar, eso sí, cubierta con un cierre de cristal y rejas de forja.

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Antes de la última modificación producida en 2015. Arriba, el pórtico que tenía la Ermita de la Virgen de la Soledad en la Plazuela del mismo nombre.

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Los recuerdos de mi infancia llenan mi mente. Con mi hermana Feli y mi cuñado Carlos; con mi querido y añorado padre

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Los últimos acontecimientos han llevado a este nuevo aspecto del pórtico y de la imagen de la Virgen de la Soledad

       Y no puedo omitir, sin duda ese estanque ovalado existente en su interior, concebido en un momento como piscina para niños y que tuve la satisfacción de disfrutar en mi infancia, que contribuía a darle un tono singular al parque, recordando típicos jardines de la España musulmana.

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Un antes y un después del estanque del Parque Infantil

        El parque es en la actualidad un lugar de esparcimiento, dotado de elementos singulares para disfrute de los niños, y con un esplendor digno de saborear, como particularmente hago cada vez que puedo.

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