Salamanca, ciudad dorada

           Se dice que Salamanca tiene la mejor luz de España, que se refleja en sus edificios de arenisca, proyecta sombras en los espectaculares edificios platerescos y da vida a sus jardines. Un centro medieval del saber que lleva siglos inspirando a cuantas personas la saborean. Y ahora me toca escribir mi propia experiencia en una visita cargada de entusiasmo a esta ciudad dorada y cuna del saber. Un recorrido que, sin llegar a completar todo cuanto se puede decir y ver en ella, sí cubre una expectativa al aprovechar todo el tiempo que me ha permitido estar integrado en sus calles y con su gente. Para recrear mi vista, fotografiar cuanto me llama la atención, y analizar su historia.

          Sin duda, pocas son las ciudades que revisten, a la par, tanta singularidad digna de resaltar. Salamanca es una ciudad hermosa, con un legado monumental e histórico relevante, bien cuidada y brillante, sobre todo en sus horas mágicas: el atardecer y el amanecer, cuando el sol convierte la piedra de Villamayor en oro; Ciudad Patrimonio de la Humanidad desde 1988, Capital Europea de la Cultura en 2002 y Ciudad del Español para el estudiante extranjero. Pero también es una ciudad sabia, foco de saber y de conocimiento, con una de las universidades más antiguas de Europa y referencia para las americanas. Una ciudad con personajes reales y fantásticos que la recorrieron, la animaron, la soñaron y que todavía la habitan: Unamuno, Lope de Vega, Fray Luis, Francisco de Vitoria, la Celestina, Colón, Torrente Ballester, Martín Gaite, Villena, Torres Villarroel, Ignacio de Loyola o Santa Teresa de Jesús. Pero, y sobre todo, una ciudad viva, porque en sus calles siempre hay gente, a cualquier hora del día o de la noche, y está llena de historias para compartir. No está de más, por ello, empezar esta visita resaltando estas bellas palabras:

“Salamanca que enhechiza la voluntad de volver a ella
a todos los que de la apacibilidad de su vivienda han gustado”

“Advierte hija mía, que estás en Salamanca. Que es llamada en todo el mundo madre de las ciencias. Y que de ordinario cursan en ella y habitan diez o doce mil estudiantes. Gente moza, antojadiza, arrojada, libre aficionada, gastadora, discreta, diabólica y de buen humor”.

Miguel de Cervantes: El Licenciado Vidriera

Es una fiesta para los ojos y para el espíritu
Ver la ciudad como poso del cielo en la tierra de las aguas del Tormes.

Miguel de Unamuno.

        Esta visita, realizada con tiempo frio en el mes de febrero de 2016, comienza en el punto principal de encuentro y lugar de paso de los salmantinos y visitantes: la Plaza Mayor. Construida en estilo barroco durante el siglo XVIII, incluye como cierre en su lado norte el edificio del Ayuntamiento, con el mismo estilo constructivo. Una plaza que se hizo famosa por funcionar como plaza de toros, y que hoy en día irradia belleza por todos lados, con bonitas cafeterías, restaurantes, heladerías y tiendas para llevarse recuerdos de la ciudad.

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     En la Plaza, con esa perspectiva dorada que hace relucir el entorno, me llama poderosamente la atención ese conjunto de medallones que aparecen en todo su alrededor. Un atractivo porque en ellos (cuento 57) se representan personajes que han sido importantes para la historia salmantina. Entre ellos numerosos reyes y escritores (Churriguera, Alfonso XI, Antonio de Nebrija, Carlos V, Colón, El Cid, Felipe V, Francisco de Vitoria, Juan Carlos I y Sofía de Grecia, Cervantes, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Miguel de Unamuno, Santa Teresa de Ávila, son algunas de las efigies que comprende este conjunto artístico). Especialmente llamativo es que entre ellos se encuentra el de Francisco Franco, que ha arrastrado mucha polémica y controversia por cuanto que fue mandado esculpir por él mismo.

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        Saliendo por uno de sus arcos, te encuentras una escultura que igualmente me hace parar. Se trata de Churriguera, arquitecto que diseñara los primeros lienzos de construcción de la Plaza Mayor, y de Llanes, alcalde-corregidor de Salamanca. Puedo advertir que el monumento se erige al conmemorar el aniversario de la Plaza. Bella imagen donde el arquitecto explica al alcalde los planes de construcción.

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       Caminando por la Rua Mayor, llegas a un punto donde te resulta difícil decidir por dónde prosigues. Divisas al frente la enorme y preciosa edificación de la Catedral, y a la derecha otra belleza que es una enorme edificación de la Universidad Pontificia de Salamanca, que mira y se enfrenta a una fachada llena de conchas que la decoran. Da igual, hay que verlo todo, de modo que vamos a lo más cercano, la Casa de las Conchas, considerada como el más representativo monumento del arte civil de la época de los Reyes Católicos; fue edificada a finales del siglo XV, destacando su notabilísima rejería exterior. Como su propio nombre indica, la fachada de esta mansión convertida en biblioteca está cubierta por 300 figuras de piedra con forma de concha de vieira. La mansión perteneció a los Maldonado, una familia noble que hizo esconder una moneda de oro tras una de las conchas.

         No me limito a apreciar la belleza exterior y paso a su interior. Rápidamente te llevas una grata sorpresa cuando apareces en un precioso patio en que la mezcla  de estilos y la disposición de elementos medievales, mudéjares y renacentistas le dan un toque señorial. El tejado rematado por crestería de gárgolas y flores de lis, representaban su linaje. Llama la atención el antiguo pozo artesanal en el centro del patio típico de los Palacetes que surtían a la casa del agua necesaria para su funcionamiento. La subida al piso superior se realiza mediante una escalera de tres tramos, igualmente digna de ver.

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        Frente a la Casa de las Conchas se encuentra La Clerecía, que es el nombre que recibe el edificio del antiguo Real Colegio del Espíritu Santo (o Santo Espíritu) de la Compañía de Jesús, construido en Salamanca entre los s. XVII y s. XVIII. Es de estilo barroco. Se diferencia el colegio, con un interesante claustro, y la iglesia, con una impresionante fachada de tres cuerpos. El nombre de Clerecía se debe a una denominación abreviada de su pertenencia a la Real Clerecía de San Marcos tras la expulsión de los jesuitas de España.

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        En la fachada de la Clerecía en la parte superior vemos, en una hornacina, a San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, obra de  Juan Rodríguez. Sobre la espléndida puerta barroca  que da acceso a la Universidad Pontificia está labrado un escudo del obispo  de Salamanca Felipe Beltrán Casanova. Esta Universidad fue fundada por Pio XII en 1940 como filial de la universidad principal de la ciudad, y hoy en día mantienen su independencia, una como pública y esta como privada.

          Avanzando en este precioso recorrido pasamos por un palacio que llama la atención. El Palacio de Monterrey es uno de los máximos exponentes del estilo artístico plateresco. Edificado por el III Conde de Monterrey, actualmente es propiedad de la Casa de Alba, que es titular de dicho condado. Fue un edificio muy admirado e imitado en el siglo XIX, dando lugar al llamado estilo Monterrey o neoplateresco, recuperador de la estética del plateresco. Hoy conserva esa bella estampa que nos hace deleitar a cuando advertimos su presencia, cosa que por otra parte es difícil no hacerlo dado su esplendor.

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          En sus inmediaciones proseguimos descubriendo maravillas. La calle Bordadores hace que conozcamos, seguidas una de la otra, la Casa del Regidor Ovalle Prieto y la Casa de las Muertes. Ambas con su belleza externa pero con su respectiva historia. La primera es un caserón donde vivió los últimos años de su vida y murió el filósofo y escritor Miguel de Unamuno el 31 de diciembre de 1936. No es, y así hay que decirlo para evitar confusiones, la casa museo de Unamuno que se encuentra en la calle Libreros y que corresponde a la vivienda de la Universidad de Salamanca donde residió el escritor bilbaíno durante su mandato como Rector de la Universidad.

         La casa donde murió Unamuno es un edificio de estilo renacentista realizado en piedra de Villamayor, que consta de tres plantas. En la parte central de su fachada puede verse el blasón de Juan Antonio Ovalle Prieto, antiguo regidor de Salamanca.

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          La Casa de las Muertes fue construida en el siglo XVI y es de estilo plateresco. Debe su nombre a las calaveras situadas en las pilastras de las ventanas superiores, aunque hay leyendas que aseguran que la denominación procede de extrañas muertes ocurridas en su interior. Sobre la puerta, en el centro de la fachada, se puede ver un retrato del Arzobispo Fonseca. 

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          Justo en frente de esta casa se sitúa una estatua en bronce con base de granito de Miguel de Unamuno, obra de Pablo Serrano. Recuerda a un Unamuno envejecido y en actitud pensante.

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          En el entorno se encuentran otros edificios y lugares dignos de visitarse. Frente a las Casas aludidas se encuentra el Convento de la Anunciación, más conocido como Las Úrsulas, que alberga tras sus muros un pequeño museo y en cuya iglesia se encuentra el sepulcro de Alonso II de Fonseca, fundador del templo.

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         El paseo lleva a la búsqueda de los edificios históricos de la Universidad pública de Salamanca, fundada a comienzos del siglo XIII. El edificio emblemático, conocido como de las Escuelas Mayores, presenta una fachada plateresca, tallada en piedra como si de orfebrería se tratase, con el busto de los Reyes Católicos y el escudo imperial de Carlos V. Una Universidad que recuerda como alumnos notables al poeta Fray Luis de León y al dramaturgo Fernando de Rojas, ambos del siglo XV. Respirar su historia paseando entre los arcos, y como curiosidad se busca la minúscula rana esculpida en la fachada. Se dice que quienes la encuentran aprueban la carrera, aludiendo claramente al estudiante pero que se convierte en una atracción para todo visitante que acude a deleitarse con esta fachada.

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         En el interior del edificio, y alrededor de un patio se encuentran las aulas de los más ilustres maestros de esta Universidad y del pensamiento humanista. Destaca el Aula de Fray Luís de León, del siglo XVI; el Paraninfo con el estandarte del Príncipe Juan y la Capilla, siglo XVIII, con un sencillo pero elegante retablo y órgano del s. XVII. La escalera de acceso al piso alto, es una joya del renacimiento, destacando en el piso alto el artesonado mudéjar, la puerta gótica y una interesante reja gótica que dan acceso a la Biblioteca del s. XVIII con librería barroca, con unos 40.000 ejemplares anteriores al s. XIX.

BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA

          De frente, se encuentra el Patio de las Escuelas de Salamanca, en cuyo centro se erige una señorial estatua de Fray Luis de León, uno de los más destacados profesores que tuvo la Universidad salmantina. Obra de Nicasio Sevilla, erigida en 1869 por suscripción popular.

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           Nacido en Cuenca y fallecido en Ávila, el humanista Fray Luis de León ha pasado a los anales por su vinculación con Salamanca y, sobre todo, con su Universidad. Allí sigue intacta el aula en el que impartía clases y de la que le echaron por traducir El cantar de los cantares al castellano, tal y como denunciaron sus propios compañeros (y sobre todo el catedrático de Griego), con los que también se había enfrentado en los pasillos. A su vuelta de la cárcel tras cinco años, el poeta se limitó a comentar: «Como decíamos ayer…», frase que, junto a él, ha pasado a la Historia.

           En este patio cuadrangular se encuentran dependencias de la Universidad de Salamanca. Destaca, en un lateral, el que fuera en su momento el Hospital del Estudio, del siglo XV, y que hoy en día es la sede del Rectorado, y cuya fachada está coronada por una fantástica crestería renacentista. Y, al fondo, en una esquina, lo que en su momento se concebía como Escuelas Menores de Salamanca, un edificio que albergaba las enseñanzas menores (título de Bachiller) de los estudios universitarios. La construcción de este edificio empieza en 1428. La entrada está compuesta por dos arcos de medio punto que descansan sobre una columna de capitel corintio. En su parte superior, está el escudo imperial de Carlos I. El edificio se organiza en torno a un patio de una sola planta, cuyos arcos mixtilíneos recuerdan los de la Casa de las Conchas; sobre ellos hay hoy una balaustrada barroca. Un cuidado césped rodea un precioso pozo que entona con el patio y su historia.

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         La siguiente escala lo es para deleitarse con las Catedrales Vieja y Nueva de Salamanca. Pocas ciudades pueden tener el lujo de dos catedrales, unidas entre sí. Ambas se alzan una frente a la otra en la Plaza Anaya. La más antigua, de estilo románico, se construyó en el siglo XII y es conocida por sus detalles decorativos, como los bajos relieves, además de por su gran retablo diseñado por Delli; sin olvidar la Torre del Gallo. Atrae la mirada igualmente por los bellos sepulcros de obispos y de personajes nobiliarios que hay en su interior. La más nueva, en cambio, comenzó a construirse en el siglo XV y fue finalizada en el XVIII por Churriguera; es conocida por su peculiar fachada, donde puede encontrarse a un astronauta y a un dragón comiendo un helado en la entrada norte.

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        En este entorno puede advertirse la presencia del Palacio de Anaya, de estilo neoclásico, construido a finales del siglo XVIII y situado justo enfrente de la Catedral Nueva. Es conocido también como Colegio Mayor de San Bartolomé. Actualmente aloja la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca.

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           Entre la calle Libreros y la Plaza de Anaya se amplió, en su momento, las dependencias universitarias para situar a la Facultad de Derecho. Ahí conserva todavía esa referencia aun cuando ya no ocupa esta edificio por la necesidad de mayores espacios que aconsejaron una nueva ubicación en el campus situado en la periferia. Hoy está ocupado por otras enseñanzas universitarias, la Facultad de Traducción e Interpretación.

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          Un recuerdo de esta estancia en la ciudad salmantina y que no puede faltar en mi relato es el llamado Colegio del Arzobispo Fonseca, de los Irlandeses, o de Santiago el Cebedeo. Como el resto de los Colegios Mayores universitarios, en su origen se trató de una institución docente de carácter benéfico para becar los estudios universitarios de personas sin posibilidades, aunque pronto perdería este carácter para pasar a ser instrumento de formación de las burocracias del Estado y los altos cargos eclesiásticos. Es un edificio del siglo XVI declarado Bien de Interés Cultural desde 1931, valorado como una de las mejores obras del Renacimiento español. Destacables son su portada, su capilla con retablo de Alonso Berruguete y su patio, diseñado por Diego de Siloe, auténtica joya renacentista.

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   Soy consciente de que Salamanca alberga muchísimos más tesoros, que me pierdo ahora por la limitación del tiempo que estoy en ella. Distintos museos sirvan para ver la grandeza con la que cuenta esta ciudad. Solo un instante para divisar la Casa Lis, actual museo de Artes Decorativas (Art Nouveau y Art Decó), en un edificio modernista cuya breve fachada vuelca a las estrechas calles de la ciudad monumental y cuyas galerías y escaleras en hierro de la parte posterior se abren como una cascada hacia el río Tormes. En el interior de este impresionante palacete vestido con hermosas vidrieras, se guardan algunos de los tesos más preciados de esta ciudad. Un complemento perfecto para una Salamanca barroca, azul y dorada. Más que un capricho es un sueño de modernidad.

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         No pueden faltar calles dedicadas al comercio, pero lo que quizás no puedas imaginar es que existan tiendas de firmas conocidas o entidades bancarias en edificios históricos, reforzando esa idea de que Salamanca reviste mucha entidad.

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         Hay, por lo demás, una Salamanca nocturna para pasear entre sus monumentos iluminados o para salir de copas; otras maneras de adentrarse en la ciudad. Existe una gran variedad de zonas con bares, pubs y discotecas en los que disfrutar de la noche. La mayoría de ellas gozan de una cuidada decoración. La Gran Vía, los alrededores de la Calle Bordadores y San Justo, son las tres áreas más frecuentadas por jóvenes y adultos que buscan en la noche salmantina este tipo de ocio. El ambiente universitario, intercultural, hace que salir de marcha sea una actividad de carácter obligatorio. Y cuando te involucras en este ajetreo, comprendes a cuantos admiran esta ciudad y desean vivir sus experiencias en ella.

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