Lo que no puedo callar

             En los sucesivos relatos que hago de la ciudad que me vio nacer trato de advertir los aspectos positivos que la envuelven, obviando las nebulosas que han acaecido en el tiempo, por aquello de que bastantes destrozos se han venido realizando por dirigentes y gobernantes carentes de escrúpulos culturales como para que, ese precisamente, se convierta en el legado que todos nosotros recordemos. Hay más de bueno que de malo y por eso mismo, advirtamos de lo primero pues, a buen seguro, será con lo que ahora mismo se encuentre el visitante. Lo segundo –lo malo- debe mantenerse en el recuerdo exclusivamente para que se nos quiten las ganas de repetirlo.

           Pero de vez en cuando hay que alzar la voz para que quienes actúan sembrados de inteligencia vean que los ciudadanos somos muy conscientes de los atropellos que se producen o puedan producir, y del hecho de no estar dispuestos a favorecerlo.

Me refiero ahora a dos circunstancias concretas:

         Una, la patética imagen que muy pronto vamos a ver para ver cumplido un pronunciamiento judicial que considera necesario rebajar en dos plantas el concebido como cubo del edificio situado en plena Alcazaba de Badajoz, que ocupa la hoy denominada Facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación, centro universitario de la Universidad de Extremadura. El próximo 14 de junio veremos lo fácil que es destruir.

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          Y las voces nuevamente se alzarán para decir que la culpa ha sido de los intrépidos gobernantes que no respetaron la legalidad vigente al momento del pleito. No voy a discutirlo ni tan siquiera entrar en esta polémica que tanto gusta a algunos, sobre todo a políticos o a aprendices de políticos. Simplemente advierto que sin contravenir legislación de patrimonio alguno, y obedecer a la infracción de normas administrativas, entre el Ayuntamiento de Badajoz, la Universidad de Extremadura, y la Junta de Extremadura, se va a desembolsar la friolera cantidad de un millón de euros para esta operación que, por otra parte, no se identifica con la parte dispositiva de la sentencia dictada en su momento por el TSJ de Extremadura, que obligaba a derruir todo lo construido para que se volviera al estado originario, en un elocuente, claro y manifiesto pronunciamiento que era de imposible cumplimiento. Ahora, por auto judicial, se modifica la actuación a realizar para convenir algo que nunca fue pedido por las partes. Así son las cosas. Incluso algunos dirán que es la primera parte de la ejecución del total sentenciado.

          Con un millón de euros estoy seguro que podrían haberse adecentado muchas cosas en el todavía maltrecho casco antiguo de Badajoz, necesitado de bastante inversión para que pueda convertirse en el lugar que todos los pacenses queremos. Pero en este recóndito lugar en el que poco se piensa desde otras instancias nacionales, todavía nos cuesta caminar juntos. ¡Qué tiempos aquellos en los que el pueblo hacía suscripciones populares para convenir algo que embelleciera a la ciudad o recordara a sus personajes ilustres! Espero que para algunos, tras la rebaja del edificio, vean más luz en la Plaza Alta. En mi caso, no olvidaré el millón de euros que sale para estos fines del bolsillo de todos nosotros.

         Otra, la reivindicación que los lumbreras culturales hacen ahora para el concebido como Edificio Metálico que, en su momento fue Mercado de Abastos en la Plaza Alta y ahora se ubica en el Campus universitario en Badajoz. Como advierten que el edificio sufre un palpable deterioro, la solución pasa para los amantes de la cultura con trasladarlo al centro de Badajoz y hacerlo a estilo del Mercado de San Miguel en Madrid, un maravilloso sitio para poder tomar copas y comer a la vista de unos productos suculentos que se exponen al público deseoso de contar con nuevos lugares para el deporte nacional de tener más y más bares y restaurantes.

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         Me van a perdonar pero soy tan amante de mi Badajoz como de mi querida Universidad de Extremadura como para alzar la voz y decir algunas cosas. La primera es que, como conviene recordar, y el que quiera más información que acuda a las hemerotecas, este edificio iba camino de venderse como chatarra cuando el pueblo de Badajoz pedía que se le diera un fin cultural apropiado, y de ahí que se ubicara en la Universidad de Extremadura, en pleno campus universitario, sirviendo de ubicación inicial para Biblioteca, centro universitario y servicios administrativos, para después habilitarse para Edificio para Actos solemnes universitarios. Ocurre que todo edificio necesita mantenimiento y la Universidad de Extremadura, con su escasa financiación, no puede afrontar la reforma que precisa. Desde hace años, se acude al Ministerio, a la Junta de Extremadura, y a todas las instancias posibles para pedir ayuda.

           Fue en un momento cuando la entonces Ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, salida de las entrañas de Extremadura, la que se volcó en ello. Se introdujo la partida presupuestaria oportuna y se emprendió el proyecto, pero lamentablemente, cuando cesó, los gobernantes nacionales pensaron que lo mejor para Extremadura era olvidarla de nuevo. Se cerró el presupuesto para destinar los fondos a otros proyectos que, a buen seguro, estarían en esos territorios que continuamente dejan ver que son maltratados por el gobierno central.

             Luego, la Junta de Extremadura ha hecho nuevos intentos. Primero declarándolo Bien de Interés Cultural, que permitiera una mayor protección y, al mismo tiempo, unas mejores posibilidades para pedir financiación, y el más reciente, pretendiendo destinar una partida económica que favoreciera ejecutar una primera fase de la restauración. Pero nuevamente cambian los destinos, por aquello de que, aquí y en Extremadura, hay otras necesidades prioritarias.

          Curioso es, por tanto, que algunos pacenses pidan ahora una inversión para trasladar el edificio y privarle de su carácter académico, y nadie (Asociaciones, gobernantes y ciudadanos) mueva un solo dedo para que la Universidad de Extremadura cuente con un edificio restaurado y con fines enteramente culturales, lo que sin duda daría prestigio a una Universidad que, recuerdo también, costó mucho esfuerzo y trabajo que estuviera en Extremadura para favorecer a los extremeños. No caigamos en la tentación de crear y olvidar, sino crear y mantener vivo pues solo así se crece.

            Podemos seguir haciendo méritos para los despropósitos pues, al fin y al cabo, ha sido una constante en nuestra querida Extremadura. Pero en ese AVE no me monto.

 

 

2 comentarios en “Lo que no puedo callar

  1. Ángel Luis Perez

    “No caigamos en la tentación de crear y olvidar, sino crear y mantener vivo pues solo así se crece.”
    ¡Bien dicho Luciano!, pero mi experiencia me dice q a los políticos no les atrae dedicar dinero para mantenimiento de las obras realizadas por otros gobiernos anteriores (y si las hizo un partido político diferente al suyo mucho menos todavía), prefieren dedicar el dinero del q disponen a llevar a cabo cosas nuevas para pasar a la historia como los “con seguidores” de las mismas. Además, si las obras realizadas x otro partido se deterioran tanto q desaparecen, mejor q mejor 😁.

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