Badajoz y sus Plazas de Minayo y San Atón

             Se dice que las plazas constituyen los pulmones de las ciudades, esos sitios que debido a su expansión permiten el disfrute de los ciudadanos y que, habitualmente, cada una de ellas acoge su propia historia y que resulta digna de resaltar. Sin duda me encuentro en uno de sus casos, asumido que hablar de la zona que ahora transito en mis paseos supone que lo haga sobre un espacio que tiene un pasado importante y por ello mismo, y por el encanto que envuelve, hace sopesar todo lo que ha podido vivirse en este entrañable lugar.

               Parto por señalar que ambas plazas se encuentran en pleno corazón de la ciudad, unidas desde el año 1990 por la transformación urbana que se hizo y que permitió generar la Plaza de San Atón en el lugar que anteriormente ocupaban dos edificios históricos. La Plaza de Minayo, sin embargo, goza de raigambre en la ciudad, situada junto al Paseo de San Francisco por la fragmentación que de antaño se produjo en el lugar. Y es que esta plaza era conocida como Campo de San Francisco hasta que en 1861 se la bautizó como de Minayo.

             Al llegar a la Plaza de Minayo se advierte que el lugar presenta un porte apropiado a su ubicación y su cercanía al centro histórico de la ciudad, comunicándose con la Plaza de España por la calle Obispo San Juan de Ribera, y encaminada hacia las zonas de expansión de la ciudad a través de las calles Pedro de Valdivia y Avenida de Europa, por un lado, y por el Paseo de San Francisco por el otro. En su mayor parte peatonal y con zona ajardinada, bien cuidada, con chorros de agua a ras de suelo y con la presencia de una escultura en su centro, que se corresponde con el político del siglo XIX, José Moreno Nieto. Se prolonga, sin solución de continuidad con la Plaza de San Atón, con lo que la imagen de expansión en esta explanada se hace patente y le dota de una gran belleza. Vinculando a ambas plazas, justo al momento de comenzar la calle Obispo San Juan de Ribera, otro monumento completa el entorno, ubicado en una rotonda. en este caso para homenajear a Manuel Godoy, ilustre militar oriundo de Badajoz. Justo en este trayecto se produce igualmente la entrada a la Avenida Juan Carlos I, en esa gran vía que tanto tardó en construirse para vincular la Plaza de Minayo con Puerta Palmas. Con todo este entramado es patente que esta plaza constituye el punto neurálgico de la ciudad, donde día a día pasan ciudadanos y visitantes por motivos laborales, de asueto o como turista. No podía por menos que dotarle del mejor aspecto posible para orgullo de la ciudad.

Un antes y un después de la Plaza de Minayo (de 1908 a los momentos actuales) 

       Pero vayamos por parte para conocer las entrañas de lo que acoge la plaza de Minayo, con nombres que hacen ver que hay mucho de homenaje a personajes ilustres. Por lo pronto, la plaza fue dedicada, en el siglo XVIII, a Manuel Pérez Minayo, que fue obispo de la ciudad entre 1755 y 1759. Y el homenaje se debía al impulso que había hecho para la construcción del hospicio Real de la Piedad, que después ocupó el Hospital de San Sebastián, y que hoy aparece en la plaza para visualización externa pero sin funcionalidad interna, al encontrarse pendiente de que la institución pública que tiene su propiedad, la Diputación Provincial, pueda  darle un destino apropiado a su porte y ubicación.

             El edificio que comentamos se encontraba adosado inicialmente a la Casa de Ordenandos y Seminario Diocesano, que fueron derribados para abrir en su lugar la aludida Plaza de San Atón. De esta forma, el edificio se alza hoy exento. Una construcción del año 1774 que durante mucho tiempo fue la mayor de la ciudad, y que se atribuye erróneamente a Diego de Vilanueva, cuando realmente la obra fue ejecutada por Nicolás de Morales Morgado, que es el gran desconocido de los arquitectos pacense del siglo XVIII.

Las edificaciones existentes antes de la apertura para generar la Plaza de San Atón (años 1920, 1983 y 1984), y la entrada al Hospital Provincial en 1910.

edificio antiguo hospital provincial

Actual edificio del antiguo Hospital Provincial y la Plaza de San Atón

            La fachada del edificio se caracterizaba en los inicios por un diseño sencillo de dos plantas únicamente y con inspiración claramente neoclásica. Sufrió posteriores transformaciones levantándose una nueva planta. Los materiales de construcción empleados son la mampostería y el tapial, que descansan sobre dos hiladas de sillería en la fachada, reservándose el mármol para zonas nobles como la portada.

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          Como elemento decorativo destacable está la portada, con formas tardobarrocas, que presenta dos cuerpos inspirados en dicho estilo. El primer cuerpo está presidido por un escudo del rey Fernando VI de Borbón, fundador del Hospicio. Por su parte, el segundo cuerpo presenta un diseño de retablo con hornacina de medio punto, en la cual se aloja una estatua de mármol de la Virgen de los Milagros. Bajo la cornisa de la fachada podía verse el escudo de armas del Obispo Pérez de Minayo, y que se conserva actualmente en el Museo Arqueológico Provincial.

              El interior del edificio mantiene parte de la estructura original destacando: la capilla, de una sola nave con bóveda y cúpula; dos patios, el trasero conserva dos brocales de mármol de finales del siglo XVIII y por último la magnífica escalera situada en el patio principal, de una gran relevancia arquitectónica, respondiendo a los estilos entre el rococó y el neoclásico de la época. Finalmente, cabe destacar la presencia de una escultura tallada en mármol, apeada de su pedestal, representando al capitán don Sebastián de rodillas con las manos unidas en actitud de oración.

Interior de este edificio emblemático

             En la plaza adquiere relevancia igualmente el Teatro López de Ayala, como un claro exponente de la vida cultural y social de la población pacense. El edificio originario fue inaugurado el día 30 de octubre de 1886, cuyo proyecto se debió al arquitecto Tomás Brioso. Su construcción se dilató desde 1861 hasta 1881, con cambios de proyectos y arquitectos. Se concibió con una capacidad para 1.650 personas. El teatro rinde homenaje a quien llegó a ser presidente del Congreso en 1878, Adelardo López de Ayala.

            Al llegar la Guerra Civil sufrió un desgraciado incendio el mismo día 14 de agosto de 1936, quedando totalmente destruido, por lo que se hizo necesario un plan de reconstrucción. La dirección y proyecto de restauración corrió a cargo del arquitecto Luis Morcillo (autor igualmente del antiguo Teatro Menacho de Badajoz), desde diciembre de 1937. Después de muchas vicisitudes finalizó el proyecto el arquitecto Martín Corral a partir de 1940. En 1988 fue objeto de una nueva actuación que lo transformó internamente por completo a costa de reducir de forma importante su aforo, pero que mantuvo la fachada tradicional, de composición sencilla.

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Evolución del Teatro en los años 1903, 1930 (auditorio), 1933, 1935 (escenario), 1960 y 2016.

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            Dando la espalda a este edificio se encuentra la ya indicada escultura de José Moreno Nieto, que tardó 15 años en estar terminada desde que nació la iniciativa en 1896. Se realizó por suscripción popular y es obra de Aniceto Marías. Moreno Nieto fue político, escritor, arabista e historiador. Nació en Siruela en 1825 y murió en Madrid en 1882. Se licenció en Derecho y obtuvo la cátedra de Árabe de la Universidad de Granada, así como la de Historia de los Tratados en la Facultad de Derecho. Llegó a ser rector de la Universidad Central. En política figuró en el partido progresista, pero después lo cambió por Unión Liberal. Fue diputado en las Cortes por la provincia de Badajoz y presidente del Ateneo de Madrid.

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Moreno Nieto

              La iglesia de San Juan Bautista es la única parte que hoy se conserva del convento de San Francisco, que a su vez dio nombre al paseo que en principio se usó como huerto de los religiosos. Algunos estudios datan la fundación del templo en 1337. Ocupaba prácticamente toda la manzana y los terrenos colindantes. Fue desamortizado en 1835 y convertido en cuartel. Ahí se alojaron, entre otros, el regimiento Castilla 16, donde permaneció desde 1883 hasta su traslado al de Menacho en 1931. A partir de entonces tuvo otros usos hasta que fue demolido para construir pisos. Sólo queda de ello la iglesia, restaurada en los años 70 del pasado siglo, si bien de su traza original solo perdura la estructura constructiva, formalizada al exterior como obra muy remodelada compuesta por fachada con dobles pilastras laterales y remate en frontón, gran portada granítica con hornacina encima, y una torre añadida de nueva planta, a la que se aneja un pequeño atrio de acceso. El interior, de una sola nave de enorme espacialidad y coro a los pies, se presenta desnudo de altares y elementos ornamentales, reduciéndose su imaginería a dos tallas colaterales y el gigantesco crucifijo que preside el altar mayor. Tan solo la capilla del Sagrario, aneja a la cabecera, ofrece decoración más vistosa.

Iglesia San Juan Bautista (1908, 1930, 2016)

Hoy, a las puertas de la Iglesia, se puede descansar en una de las butacas instaladas a modo de “salón urbano”, como lo definieron los arquitectos diseñadores, mientras observa cómo cae el agua de los chorros de la fuente que figura a ras de suelo.

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             En la plaza, puede recordarse que en tiempos existían unos urinarios subterráneos que estuvieron en servicio entre 1924 y 1980, así como un suministrador de gasolina. Y permanece, aunque con un lapso de tiempo considerable en que estuvo cerrada, la clásica Cafetería La Marina, que se ha quedado en la esquina del corredor peatonal que hoy forman el Paseo de San Francisco y la plaza.
Los antiguos urinarios y las obras de remodelación de 2011, con las zonas ajardinadas de 2016.
               En el último tramo de la plaza los transeúntes se encuentran con la estatua de Manuel Godoy. La efigie en bronce del primer ministro de Carlos IV es de las últimas inauguradas en la ciudad, concretamente del año 2008, tiene 2,70 metros de altura, y recoge la figura entera del personaje vestido de militar, en recuerdo del bicentenario de la contienda, y que está asentada sobre un pedestal de mármol portugués. La obra es de Luis Martínez Giraldo, y lleva en una mano el Tratado de Badajoz, por el que se dio fin a la Batalla de las Naranjas. Este hecho también se evoca con las frutas a sus pies. Además, la efigie de Godoy pisa un cañón, símbolo de paz. El recuerdo a Portugal aparece en el mármol de Borba. El conjunto se ubica además justo adonde estuvo el seminario de San Atón, donde estudió el Almirante.
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 La edificación de 1959 y la actual ubicación de la escultura a Manuel Godoy
Manuel Godoy

              La colindante Plaza de San Atón se abría paso tras el derribo del Seminario Diocesano que había cambiado a una nueva sede tras su desalojo de este sitio en 1927, y la aneja casa de Ordenandos, construida en 1810 como alojamiento de los seminaristas y luego centro cultural durante bastante tiempo. La plaza ostenta el apelativo San Atón en recuerdo del conocido santo del siglo XII, del que se sostiene por algunas fuentes su naturaleza de la ciudad de Badajoz (algunas fuentes italianas, en el siglo XVI, dicen que eran de origen hispánico y nacido en la ciudad de Badajoz, probablemente a partir de una lectura del adjetivo Pacensis aplicado a su nombre).

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         Constituye un ámbito plano con zonas ajardinadas, de diseño moderno, con el mismo diseño de luminarias que la plaza de Minayo, de farolas de estilo fernandino (en alusión a Fernando VII). El farol es acristalado, con forma cilíndrica y la parte superior tiene forma de cúpula con corona. En el subsuelo de la plaza se ubica un aparcamiento público subterráneo que facilita a los automovilistas el estacionamiento en el centro. Los edificios que rodean a la plaza son de diversas épocas y estilos, en los que se encuentra el lateral del edificio del antiguo Hospital de San Sebastián.

             Mención especial he de hacer al edificio que antiguamente conocimos algunos como Garaje Pla, y que hoy acoge al Colegio Oficial de Abogados de Badajoz. Se sitúa en una de las esquinas de la plaza dando igualmente a la calle Zurbarán, de subida a la Plaza de España.

Garaje Pla 1980

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      El edificio originario servía como corral, cuadra y graneros. La reforma para convertirlo en Garaje Pla tuvo lugar entre 1921 y 1925, siendo obra de Manuel Martínez y Adel Pinna, y mantuvo su actividad hasta la década de los 90 del siglo pasado, para pasar a uno de los edificios fantasmas (sin funcionalidad alguna) hasta que afortunadamente se rehabilitó para el Colegio de Abogados. Constituye un palpable ejemplo de arquitectura industrial modernista, con grandes vidrieras sobre la entrada principal, con óculos, pilastras y cornisas molduraras. Además de los esgrafiados florales, imitaciones de llagueados, molduras y paramentos coloreados y otros elementos ornamentales como las letras del rótulo de la fachada, claramente modernistas.

 

Un comentario en “Badajoz y sus Plazas de Minayo y San Atón

  1. Gregorio

    Honestamente, me entran ganas de llorar. Que hermosa y genuina ciudad se nos ha privado a las nuevas generaciones de pacenses por el enriquecimiento de muy pocos bolsillos a través de la especulación urbanística e inmobiliaria.

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