La importancia del desarrollo personal

             En poco tiempo, o al menos así nos lo parece a algunos, han ido mutando las exigencias que se imponen a la persona para integrarse en la vida laboral y, a decir verdad, puedo advertir que el momento presente vuelven a reconducirse situaciones para mejorar, sin duda, un entorno laboral que detecto un tanto viciado por las bases que nosotros mismos hemos ido estableciendo.

              Hagamos un recorrido en el tiempo:

1. Hace tiempo ya. Era una etapa donde eran muy pocos los que llegaban a la Universidad para formarse. La situación económica de las familias no permitía a todas por igual el enorme sacrificio de enviar a un descendiente a un distrito universitario que se encontraba lejos del lugar de residencia, o incluso estando en el mismo las carencias eran tantas que podía decirse se trataba de un lujo imposible de asumir. El mapa universitario no era tan prolífero como para acercar la universidad a todos los ciudadanos, y tampoco existían ayudas para que el que quisiera y pudiera emprendiera una carrera universitaria.

            El mundo laboral se resarcía, en su gran mayoría, por personal con experiencia en oficios, y los que gozaban de títulos universitarios acudían al mercado laboral con cierta posibilidad de cumplir de inmediato su deseo de trabajar en puestos adecuados a su formación académica.

             Pero había una enseñanza mínima, preuniversitaria, a la que acudía la gran mayoría y en la que predominaba la formación cívica. Se dispensaba una atención adecuada para que los valores humanos que atesoran las personas afloraran y fueran relevantes para conseguir un puesto de trabajo. Responsabilidad, compromiso, humildad, predisposición, entrega, respeto hacia la organización en el amplio sentido de comprender a compañeros, subordinados, superiores y clientes.

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              El entorno laboral que vivíamos era encomiable. Buen rollo, ayuda, comprensión, era el aire que se respiraba y lo de trabajo en equipo, sin técnicas modernas de aprendizaje, se practicaba con naturalidad, sin celo profesional y codazos para destacar.

2. En los últimos tiempos. El avance de una sociedad que empezaba a igualar derechos y poner al alcance de la mano todo lo apropiado y necesario para formarse y trabajar, lejos de conseguir un resultado provechoso para el mundo laboral, propició la hecatombe. Crecieron las universidades, las ayudas para acudir a las mismas, y nace el mundo de “la titulitis”. Hay que tener títulos universitarios como sea porque para trabajar no hay más remedio que disponer del cartoncito.

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        Pero como el apego a la formación igualaba efectivos, que aumentaban considerablemente, había que buscar mecanismos para la selección, y ello pasaba por tener más formación, tipo máster o de especialización, y el conocimiento de idiomas y nuevas tecnologías. Cuanto más mejor, y parecía que con ello se garantizaba una elección adecuada. Tan relevante era el título que incluso se podían advertir ofertas de trabajo que descaradamente ponían en entredicho a los expedidos por algunos entes universitarios (“Abstenerse los titulados por la Universidad de…”), claro exponente de que se pensaba que lo único importante y relevante era el papel y de dónde procedía. Luego aparecían sorpresas inesperadas pues un brillante expediente académico podía derivar en un deficiente trabajador, y viceversa. Porque faltaba algo.

           El paso del tiempo con este panorama y grado de exigencia ha llevado a entornos laborales donde pocos son los que levantan la cabeza para saludar, si ven que algún compañero precisa de ayuda vas lo más lejos de él que puedas, y el trabajo en equipo es como el que tiene un grupo deportivo de élite en el que hay que marcar goles, ganar partidos y si quedas oscurecido por el grupo corres el serio riesgo de ser eliminado para que entre otro con ahínco y pegar los codazos necesarios a sus compañeros como para hacerse notar. Se pierde la educación, que no se recibe en el mundo académico o si se imparte lo es relegado a un segundo plano. El currículum se media por formación académica y experiencia profesional. Punto.

3. Los nuevos tiempos. La sociedad es sabia y advierte enseguida sus fallos. Y las empresas seleccionan con otros criterios. Disponer de títulos académicos es absolutamente necesario, y en ocasiones imprescindible, pero lo que realmente va a marcar la diferencia va a ser los valores de las personas. El currículum académico es la antigua póliza que resultaba necesaria para presentar una solicitud, pero a partir de él, el empresario quiere saber si esa persona ha viajado, leído, realiza visitas a centros culturales, actividades en grupo que realice, en qué le gusta pasar el tiempo de ocio, cómo actuaría ante situaciones de necesidad social, hasta qué punto gustan las redes sociales, y todo un elenco de cuestiones que tienen que ver con el desarrollo de las potencialidades humanas que presentan los sujetos y sus debilidades.

             Se llega a un momento donde hay que dejar un tanto de lado esos múltiples cursos repetitivos de una enseñanza ya recibida y que por mucho que abulten sus títulos lo único que supondrán es mayor o menor peso. En nuestro tiempo, el elemento diferenciador va a ser encontrar a personas íntegras, y eso exige que se invierta en desarrollo personal. Como he escuchado decir a muchos expertos, cualquiera que sea nuestro sueño profesional, no debemos prepararnos exclusivamente para ser buenos de cabeza, pies y manos; además, hemos de serlo de corazón, “porque aunque parezca que no produce nada, es de donde parte la sangre que riega todo lo demás” (Pablo Arribas en “El Universo de lo sencillo“).

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            Formación académica y buen desarrollo personal son acciones complementarias para conseguir personas de calidad. Porque el mejor currículum es la personalidad.

2 comentarios en “La importancia del desarrollo personal

  1. Excelente post! Muy acertado todo lo que aquí se expone. Sin duda la bandera que deben llevar las empresas hoy día para estar más cerca del éxito es la de los valores. El desarrollo de la inteligencia emocional es incluso hasta más importante que la inteligencia intelectual para lograr triunfar. Saludos!

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