La reflexión de un día de cumpleaños

          La aventura de la vida conmueve especialmente el día en que cumples años. Parece como si en ese día se volviera nuevamente a nacer, o al menos caminar de forma un tanto diferente, sabiendo dónde se pisa, enmendando entuertos, marcando metas deseadas, y en definitiva propiciando un aluvión de cuestiones que vienen ocasionadas por la reflexión que, sin duda, se produce ese día. Como si el subconsciente pretendiera separarse todavía más de tus piernas para recapacitar sobre lo que se ha hecho y sobre el trayecto que debe seguirse.

           Todo tiene una explicación. Cuando se cumplen años se va madurando, la mente piensa de forma diferente y, por ello mismo, en los comienzos de la vida se quieren cumplir años rápidamente, para ser más de lo que se es, como si todo en la vida fuera por cuestión de tiempo; después, cuando te das cuenta que el tiempo corre más rápido de lo pretendido, se desearía ralentizar los dígitos de la vida, por aquello de que parece que no estamos aprovechando suficientemente lo que va pasando como para mostrarnos plenamente satisfechos.

          En la vida, además, se cumplen años compartiendo, viviéndolos junto a otras personas, seres queridos o simplemente compañeros de faena o de la sociedad que nos ha tocado vivir, pero juntos se echan muchas horas, días, meses y, al final, todo afecta, te encasilla en lo cotidiano que -a veces- es el camino entero. En unos casos de forma buscada, como cuando se comparte vida en pareja, o con tus hijos y seres queridos; en otros, por obligación, y eso crispa bastante cuando las personas que te han tocado en el camino son de las que podrían catalogarse en el grupo de gente tóxica.

            Sea como fuere, los días en que se cumplen años nunca son iguales. Cada edad tiene su propia peculiaridad y su esencia. Y hoy, que me toca cambiar de dígito, no pienso igual que el año pasado, o que los años anteriores. Es una sensación que merece mi propia reflexión.

pensamiento

            Lo vivido, pasado está. Siempre hay cosas que gustaría haber realizado y no se han hecho, o de otro modo a como se hizo, pero no me puedo quejar. Con lo positivo o negativo que haya tenido, creo haber cumplido el trayecto lo mejor que podía, y que no es otra cosa que mantener y llevar a la práctica los valores inculcados por unos padres que, sin estar ya a mi lado, no olvido en momento alguno. En una familia que me ha hecho sentirme feliz en los períodos claves de mi existencia. Con vocación y esfuerzo ímprobo para los proyectos en que me he involucrado. Con la esencia e ilusión para asentar raíces y concebir lo más importante de la vida: mi propia familia; con amor y orgullo por lo que ha venido: compañera única y adorable; hijos que son un claro exponente de cómo deseaba que fueran y que hace sentirme más que afortunado; nuera y yerno con grandes corazones, que me permite quererlos como si fueran auténticos hijos; nietos maravillosos que me hacen revivir cada día. Luchando todos juntos, venciendo adversidades, queriendo avanzar cada vez con mayor entusiasmo e ilusión. Todo lo demás, eso que discurre en la vida diaria, los esfuerzos académicos y de todo tipo que se han venido realizando, las relaciones con amigos, la profesionalidad, aun haciéndose con el esfuerzo y empeño propio de los momentos, son pasajes de una vida que –siendo singulares en mí- puede considerarse igual que cualquier experiencia tenida por otros seres humanos.

           Lo que deba vivir, está por venir. Con la extensión que deba serlo, sí me gustaría que el trayecto pueda ser más pacífico. Menos agresivo con la salud de los seres queridos. Y con ello penetro en la reflexión del momento, de la edad que cumplo, y que me hace ver las cosas de forma muy diferente a lo anteriormente vivido. Sin aspirar a grandilocuencias, quiero disfrutar del aire que respiro, de las calles que piso, del pequeño detalle que consiga descifrar en el paseo que ansío. De la felicidad de un mundo que cada día deseo reducir más, en su extensión geográfica y humana. Para con ello huir del mundanal ruido que surge de los perturbadores del silencio, de los destructores de la paz. Y de esta forma saborear lo que tengo cerca, lo que amo, lo que deseo que perdure y se mantenga para proseguir el trayecto con el entusiasmo del que juega el segundo tiempo del partido de la vida pero con la ilusión del que desea obtener el premio de la felicidad, y poder compartirla.

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           Quien transite por esta vereda, a buen seguro que recibirá mi cariño y mi cordial saludo.

          Un día con caras contrapuestas, para la melancolía y la ilusión. Con la importancia que tiene en mi vida, procuraré disfrutar el momento con el amor que con seguridad recibiré de una adorable familia.

6 comentarios en “La reflexión de un día de cumpleaños

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