El running como fenómeno social

             Con gran satisfacción he visto como ese gran atleta extremeño, Pablo Villalobos, al que tuve ocasión de conocer en una de sus siempre gratas conferencias en las que muestra el sacrificio que supone llegar a ser un deportista de élite, y la prudencia y minuciosa programación y preparación que deben seguir los que se aventuren en eso de ponerse a correr, ha conseguido protagonizar un nuevo éxito en su dilatada carrera en el atletismo. Se proclama campeón de España de la distancia en la que se ha especializado en los últimos tiempos, la maratón, en la prueba que se disputó el domingo 19 de febrero en la localidad de Castellón. Su éxito no es nuevo, pues ya había obtenido este galardón en el año 2011, y dos años antes en la media maratón. Ahora lo hace con 39 años y un tiempo de 2:21:42, algo sin duda memorable.

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Pablo Villalobos, un gran campeón

           Con la felicitación que precede me paro a recapacitar en esa moda tan extendida últimamente, cual es la práctica del running. Primero fue el jogging, después llegó el footing y ahora es el running, como palabras diferentes que han ido sustituyéndose pero que todas ellas se refieren a lo mismo: salir a correr. Según una encuesta del Consejo Superior de Deportes, el 75 por ciento de los españoles practica deporte, y un estudio del Centro de Estudios Sociológicos (CIS) determina que el 17,1 por ciento de ellos elige correr lo que le convierte, junto con el ciclismo, en uno de los dos deportes de mayor crecimiento en el país. running3Es normal por todo ello ver las calles, avenidas, paseos, polígonos y cercanías de las localidades donde hombres y mujeres, de cualquier edad, se empecinan en competir consigo mismo y batir sus propios records, con los minuciosos controles que siguen de esos sofisticados mecanismos que portan. Y lo que empieza por ser una distracción y un querer despejarse para que la mente elimine los efectos perturbadores de la rutina laboral diaria, continúa con prolongar las distancias del recorrido, hasta que, por fin, probamos una media maratón y eso ya impulsa nuestro cerebro a seguir en la brecha, bien rebajando los tiempos en futuros eventos, bien atreviéndose a algo más y probar con la maratón. Una especie de “amor propio” por superarnos cada día más.

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            El deporte se convierte en un tanto obsesivo y propiciamos dietas, controlamos las comidas, los horarios y ejercicios pues, a la postre, nuestro deseo no es solo mejorar físicamente sino también llegar a sentirnos campeones. Y como es una constante su popularización como actividad deportiva, se advierte un aumento considerable de carreras organizadas, maratones y medias maratones que se celebran en todos los sitios, la mar de las veces bajo llamadas a la solidaridad en luchas contra enfermedades o situaciones difíciles, porque no hay mejor forma de llamar al público que para estos menesteres.

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La perfecta combinación: deporte y solidaridad.

           Los campeones, y los que se sienten igualmente así por su propia aventura deportiva, merecen la felicitación de los que amamos el deporte y sentimos que esto es mejor que dedicar el tiempo a estar sentados y con el gin tonic por delante, aunque de vez en cuando también esto sea una gozada de la vida. Pero lo decisivo es que al mover las piernas, movemos el corazón y despejamos la cabeza, claros elementos de una calidad de vida por la que hay que luchar.

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            Además, como esto se sabe también por los que deben vender, hay todo un conjunto de negocio que fluye alrededor brindando las prendas, el calzado y todo lo necesario para que, desde luego, nuestro atuendo no pase desapercibido o esté a la altura de las circunstancias. En esto, el campeón de verdad y el de sentimiento interno se identifican, y advertir estos detalles en los que pasan velozmente a nuestro alrededor es también una forma de disfrutar del bello espectáculo. Eso de que para correr no hace falta más que una camiseta, un pantalón corto y unas zapatillas es una floritura dialéctica para atraer a los principiantes pues, si quieres competir, también en esto tienes un recorrido por delante.

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           Pero lo que escuchaba en su momento al gran Villalobos se me viene a la cabeza cada vez que veo a este numeroso pelotón de aficionados al running que, con diferencias considerables de edad, llegan a esta afición y parece que tienen una prisa tremenda en quemar etapas para cumplir retos que se perfilan muy a corto plazo. Tan es así que algunos no dudan en calificar este deporte de “droga saludable”, contraste palabrero que denota la persuasión que representa. Especialistas en medicina deportiva son claros al precisar que lo que debe ser un beneficio puede acabar siendo muy negativo cuando entramos en la fase de “marquitis aguda”, esto es, cuando el único objetivo es superar las marcas personales. Incluso puede llegarse a padecer el síndrome de abstinencia cuando no se puede realizar el permanente ejercicio que se necesita, mostrando una faceta del sujeto representativa de su malestar, mal humor o irritación que tiene. También puede llegar a incidir en la familia o los amigos si se convierte en el eje central de nuestro día a  día y nos hace vivir por y para él.

           Con todo, y aun siendo esta una cuestión que debería tenerse muy en cuenta para no sobrepasar límites, el problema se agudiza cuando la obsesión lleva a plantearnos unas exigencias que están muy por encima de nuestras posibilidades físicas, sean congénitas o debidas al estado actual que muestra nuestra preparación. Las prisas no son buenas consejeras, reza el sabio refranero, y sin duda aquí es especialmente importante. Lo saludable puede no serlo tanto si nos sometemos a la aventura de sobrepasar nuestros propios límites.

La práctica del deporte conlleva sacrificio y preparación controlada

             Llegados aquí, y convencidos de que practicar el deporte debe hacerse con una preparación adecuada y controlada conforme a nuestra situación, planteémonos lo positivo, el beneficio que supone para salud hacerlo con asiduidad. Los estudios nos dan pruebas de ello: aumento de la sensibilidad a la insulina mejorando la tolerancia a la glucosa, aumento de los niveles de colesterol HDL (colesterol “bueno”), disminución del riesgo de enfermedad coronaria, mejora en el control de la tensión arterial, aumento de la densidad de los huesos y prevención de la osteoporosis, mejora del control del peso y de la grasa corporal…Todo lo cual conduce a la mejora de todos los aspectos de la salud y prolonga la vida. En lo coloquial podríamos ser más simples para deducir que el running ayuda a adelgazar, mejorar la autoestima, provocar afán de superación, reducir la ansiedad y el estrés; permite la evasión, ayuda a la socialización… Mi hijo, fanático de esta práctica, seguro que le alegra escuchar todo esto de su padre, al que tiene como fans número uno.

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          Me parece conveniente insistir en las precauciones que deberían tomar los que se acerquen a practicar el running.  Tres consejos rápidos:

  • Por lo pronto creo sumamente importante la supervisión previa del médico, para deducir nuestro estado y posibilidades. Pocos son los corredores noveles que se aventuran a la práctica sin un chequeo que compruebe el estado de salud cardiovascular y la capacidad pulmonar. No voy a convertirme en el señor de la bata blanca que dictamine lo que puede suceder si nuestro organismo no está preparado para sobreesfuerzos, pero sí puedo ser un convencido que preconice el control de la salud para que el deporte sea el disfrute que merece.
  • El entrenamiento y la preparación debe igualmente controlarse. Todos no somos iguales y lo que para unos es adecuado para otros no. Supone que se tenga especial cuidado en el grupo de amigos y conocidos con los que nos situamos para vivir la experiencia conjuntamente. Hay factores diferentes como la edad, el sexo o algunas características metabólicas del paciente como el sobrepeso, los antecedentes médicos y deportivos, el nivel de preparación física previa que se tenga o las características anatómicas particulares de cada individuo, que merecen tenerse en cuenta a la hora de programar nuestros objetivos.
  • Parece igualmente oportuno que se dosifique el tiempo de entrenamiento sin prisas. El objetivo debe ser a largo plazo y no con la obsesión de llegar a la próxima carrera oficial. Andar primero y empezar luego a correr con tiempo programado es una mecánica adecuada para introducirse en este bello deporte.

        Son consejos que he escuchado a los eruditos de este deporte, como el reciente campeón de España con el que he comenzado este post, y que me permiten concluir con el deseo de animar a cuantos sienten la pasión por el running, pero con el modesto consejo de que utilicemos la cabeza para que el corazón y las piernas disfruten. Adelante pues.

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2 comentarios en “El running como fenómeno social

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