Marvao, burgo medieval en la frontera portuguesa

            Situada muy cerca de España, en la región de Alentejo portuguesa y en lo alto de una colina que forma parte de la Sierra de San Mamede, se encuentra la población fortificada de apenas 600 habitantes llamada Marvao (conocida con el sobrenombre de “El nido de águilas”), próxima a Valencia de Alcántara (España) y Portalegre (Portugal). marvao1Lugar bello para visitarlo y para descubrir la mucha historia que acumula si tenemos en cuenta que ya desde los tiempos romanos fue un punto estratégico militar. Aquí se propiciaba el movimiento rebelde que desafió al Al-Andaluz en el siglo IX para crear un reino independiente; el propio nombre, según parece, proviene del de un emir llamado Ibn Marwan, fundador en el año 875 de Badajoz (Extremadura, España). Aprovechando las características excepcionales del lugar, mandó construir este castillo, que se fue transformando y adaptando a lo largo de más de mil años.

           De esta manera puedo decir que fue una plaza fundamental durante la Reconquista, y después de haber sido tomada a los musulmanes en 1160 por el monarca portugués don Alfonso Henriques e integrada en el nuevo reino de Portugal, en la segunda mitad del s. XIII Marvao no perdió su importancia, convirtiéndose en bastión esencial para el control y repoblación de la línea fronteriza, recibiendo del rey don Sancho II en 1226 su primera Carta Foral.

         Acabada su reconquista cristiana, la defensa continuó formando parte siendo la pauta en lo cotidiano de la villa, sobre todo debido a las constantes amenazas castellanas. Para mejorar y garantizar la protección, el rey de Portugal don Dinis mando dotar al burgo de una muralla urbana a principios del siglo XIV y reforzar su castillo.

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          En diferentes ocasiones esta plaza destacó en la defensa de las fronteras de Portugal. Es importante recordar el papel decisivo que tuvo, entre otros conflictos, la Guerra de Restauración (1640-1668), en la guerra de Sucesión Española (1701-1715), en la Guerra Fantástica (1762-1763), en la Guerra de las Naranjas (1801), en la Guerra Civil (1832-1834) y después de la Revolución de María da Fonte e de Patuleia (1846-1847). Por la fidelidad que siempre mostró a los reyes portugueses, en el escudo de la localidad se adiciona con honor el lema de “Muy noble y siempre leal villa de Marvao”.

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         He visitado varias veces esta localidad y ahora hago este relato de una de mis recientes presencias en este precioso entorno, reliquia urbana de Portugal, donde el blanco de la cal de sus casas se mezcla con las calles empedradas y la mampostería de sus construcciones defensivas. Las fotografías que incorpore darán muestra más fehaciente de lo que trato de decir con mis palabras.

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        En el recorrido que me propongo lo hago primeramente caminando por la muralla para dejar el pueblo a los pies hasta llegar al castillo. Y después de ello, internarnos por las calles medievales para perderse por el laberinto de sus emblemáticos y sorprendentes rincones.

       El castillo es, sin duda, lo más impresionante de Marvao. Está declarado Monumento Nacional en el año 1922 y debido a su situación en lo alto de las escarpadas rocas  convirtieron esta plaza durante mucho tiempo en una de las más importantes al sur del Tajo y la “más inconquistable de todo el Reino”.

        El acceso al pueblo amurallado puede hacerse a través de las Portas da Vila, las Portas do Ródao o el Postigo do Torrejao.  Junto a la entrada principal del recinto se encuentra la cisterna, una de las mayores de los castillos portugueses, con cerca de 10 metros de altura y 46 de ancho. Esta estructura acumulaba agua para seis meses aproximadamente, lo que era esencial para que la villa pudiera resistir a un asedio prolongado.

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              Atravesando la entrada de muralla nos encontramos con un solar que se conoce como “el juego de la bola“, que sirve de cubierta a la cisterna y que antiguamente era un espacio de diversión y recreo. Subiendo a la muralla se divisa la villa desde lo alto.

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         Y dentro ya del primer recinto, la parte mas antigua, anterior al siglo XIV, entre los aseos, la cafetería y la tienda de artesanía, y avanzando por el antiguo Albacar o Patio de Armas se encuentra la Torre de la Bandera. Subir a ella supone divisar desde lo alto unas asombrosas vistas.

          El único lado del castillo que no tiene paredes verticales rocosas es el este, el que mira a la frontera española. Para frenar los posibles ataques, construyeron tres recintos. Bajando de nuevo al patio de armas, llegamos al siguiente recinto presidido por la Torre del Homenaje. La entrada se hace  en curva a través de dos puertas, que servía para ganar tiempo y confundir a los invasores. Este patio está rodeado de altas murallas y antiguos pabellones de armas. En el centro de la plaza, se encuentra otra cisterna, esta más pequeña que se asemeja a un pozo; existe, probablemente, desde la ocupación musulmana.

          La Torre del Homenaje, la más alta del castillo y la más difícil de ser tomada, fue reconstruida tras la Reconquista. Tiene una sala y no tiene ventanas, sólo unas estrechas saeteras verticales. La entrada a la torre se hace a través de un puente de madera, que antiguamente se podría haber levantado para defenderla mejor. La subida es difícil y exigente, pero en la cima la panorámica es deslumbrante: al Norte Castelo Branco y las estribaciones de la Serra da Estrela, al Este España y al Sur y al Oeste la Sierra de São Mamede hasta Castelo de Vide.

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          Por ello el poeta y escritor portugués José Saramago dijo: “Se comprende que en este lugar, desde lo alto de la torre del homenaje del castillo de Marvao, el viajero murmure respetuosamente: ¡Qué grande es el mundo!

        Se pasa después por la antigua Puerta de La Traición del Castillo a una zona abaluartada construida a partir del siglo XVII y que servía para el uso y maniobras de la artillería pesada.

         Entre el baluarte de la izquierda y el de la derecha existe otra puerta de la traición que permitía la evacuación del Castillo en caso de una improbable invasión.

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           Es momento de introducirnos en las interioridades de las calles de Marvao que claramente conservan su aspecto medieval. Calles empinadas, estrechas y tortuosas, con casas que disponen en su mayoría de típicas puertas y ventanas adinteladas, de granito y con arcos variados, además de curiosas chimeneas alentejanas. Las rejas de los balcones son de hierro forjado, algunos hasta con esferas armilares.

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           Siguiendo por la calle principal llegamos a la Praça do Pelourinho, donde se encuentra la famosa Picota de mármol labrado del siglo XVIII y en la que se leían edictos y se ajusticiaba a malhechores. En este lugar se encuentra también la antigua prisión en el edificio de los Paços do Concelho y la Torre del Reloj. Desde aquí parte un paseo por el pueblo donde hay que admirar las iglesias de que dispone la población y perderse por sus callejuelas de pasos abovedados y casas blancas con balcones floridos, rejas de hierro forjado, ventanas manuelinas y pequeñas capillas con portadas renacentistas.

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          Seguimos ascendiendo por Marvão y llegamos a un espacio más amplio formado por la Iglesia del Espíritu Santo, que se corresponde con el templo de la antigua institución de la Misericordia del que solamente queda la iglesia.

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        La portada principal es de estilo renacentista con dos pilastras que sujetan un arco de medio punto. Está terminada en una hornacina que venera a Nuestra Señora. Por encima dos ventanas con pilastras y la base de granito; los laterales están decorados con hojas de acanto.

         Llegamos a la parte más alta de la localidad donde se halla la iglesia de Santa María, que se encuentra desamortizada y es utilizada como Museo Municipal donde se expone una amplia colección de arte sacro, arqueología y etnográfica.

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        La orígenes de la iglesia se remontan a 1321 cuando llego a la localidad la Orden Hospitalaria, luego pasó a ser la sede del Priorato de la Orden de Malta. La construcción obedece a una arquitectura principalmente gótica.

          La portada principal es de granito fue reestructurada en el siglo XVI, cuenta con un frontón interrumpido renacentista, coronado con una ventana rectangular, en el lado derecho adosado esta la torre campanario abierta al exterior mediante cuatro arcos apuntados.

            Un bonito jardín con unas extraordinarias vistas nos conduce hasta el monumento más importante de Marvão es su Castelo, situado sobre una enorme roca en la parte más alta del promontorio, esta orientado hacia el norte, siendo uno de los mejor diseñados por sus dificultades de acceso.

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Nos queda por ver la iglesia de Santiago, del siglo XV, con puerta gótica y situada en el extremo opuesto al castillo.

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         Mirando hacia la villa se puede ver extramuros y, situado en la carretera de ascenso, el Convento de Nuestra Señora de la Estrella. Me paro a visitarlo cuando abandono la localidad, después de haber comido en uno de los muchos y recogidos lugares de que dispone para saborear la extraordinaria cocina portuguesa.

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            Cuenta una leyenda que ante la invasión de  los musulmanes, los habitantes huyeron a la montañas de Asturias, habiendo escondido antes las imágenes sagradas. Después de cuatro siglos y guiado por una estrella, un pastor encontró la imagen de la Virgen entre unas rocas. En señal de devoción erigió en el lugar un convento franciscano, el Convento de Nuestra Señora de la Estrella, haciéndola protectora del castillo. Tanto es así , que una noche en que los castellanos iban a atacar el castillo ayudados por unos traidores, se oyó una voz de mujer que gritaba “A las armas”. Los centinelas avisaron a la guarnición y ocupando sus puestos pudieron ver como huían los asaltantes.

         En realidad, fue fundado en 1448 bajo la autorización del Papa Nicolau V, en el lugar donde existía ya una capilla con el mismo nombre. Otra leyenda dice que fue el último rey visigodo, Don Rodrigo, el que la enterró en el año 711 cuando fue invadido por los árabes y redescubierta posteriormente.

       Fin de una estancia en un precioso lugar, propicio para mantenerse alejado del mundanal ruido y dejarse llevar para sentirse personaje de un tiempo pasado.

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2 comentarios en “Marvao, burgo medieval en la frontera portuguesa

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